Pasión por los Altos de Ezcurra: los vecinos que luchan por rescatar la histórica casona

Julio Orione, José Sellés Martínez y Carmen Verlichak, frente a la casa de Ezcurra
Julio Orione, José Sellés Martínez y Carmen Verlichak, frente a la casa de Ezcurra Crédito: Silvana Colombo
Situada en Montserrat, es una de las más antiguas de la ciudad y fue habitada por la cuñada de Rosas; un historiador, una escritora y un geólogo buscan que sea restaurada e integrada a un circuito cultural
Valeria Musse
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16 de septiembre de 2019  

La historia los apasiona. Se nota en sus diálogos. La conversación vuelve al pasado a cada rato, con imágenes, personajes. Y en cada alusión, sin importar la época, está presente la casa Altos de Ezcurra. Es tal el interés que sienten por la legendaria propiedad que parecen haber vivido allí, que hubieran disfrutado de su aljibe y su estructura original. "Forma parte de nuestro patrimonio como ciudad", reflexionan la mujer y los dos hombres, a escasos metros de aquel lugar por cuya restauración definitiva se movilizan.

Ellos son Carmen Verlichak, José Sellés Martínez y Julio Orione. Cada uno tiene su propia actividad profesional, pero los unió la atracción por este antiguo inmueble situado en la calle Alsina al 453/463, uno de los más antiguos de Buenos Aires. "Llamo a este grupo 'Vivienda digna para María Josefa'", dice, jocoso, Sellés Martínez, a quien sus allegados nombran simplemente como Pepe. Es que en esa casona del barrio de Montserrat vivió María Josefa Ezcurra, quien fuera cuñada de Juan Manuel de Rosas y, a la vez, amante de Manuel Belgrano.

"Fue amor a primera vista", recuerda Verlichak de aquel primer contacto con la vivienda, construida alrededor de 1830. Fue a fines de la década de 1990. La escritora volvía de una reunión en una editorial; era una mañana "de otoño divina", rememora, cuando se encontró con la casa abierta, durante las primeras obras de refacción. "Me colé porque era un lugar encantador. Me fascinaba", explica. El inmueble la conquistó inmediatamente y le dio pie para escribir una novela que luego, tras indagar respecto de la propiedad, se llamaría María Josefa Ezcurra, el amor prohibido de Belgrano. Verlichak tiene algo en claro: "Si una casa antigua te puede inspirar para hacer una novela... te imaginás que valoro todo aquello que sea arte, y a esta casa el tiempo le ha dado arte", dice.

Sellés Martínez oye con atención y, cuando puede, agrega algún otro dato. Aunque es geólogo, la esencia de esta vivienda se transformó en una pasión más en su vida. En realidad, reconoce el hombre, todo aquello que le permita conocer más sobre la historia de la ciudad donde vive le genera mucho interés. "Me encantaría que fuera el Museo Argentino del Romanticismo, con los personajes de época. Me parece injusto que la gente no pueda disfrutar del espacio. Casas como la de Ezcurra me parecen indispensables para nuestra historia", reflexiona. Tanto él como sus compañeros de aventura añoran tener alguna participación como consultores si el proyecto del museo llegara a prosperar.

María Josefa fue hermana de Encarnación Ezcurra, la esposa de Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires. Según crónicas de la época, Josefa habría sido amante de Manuel Belgrano y tenido un hijo con él. En su casona, antes pintada de rojo, el color federal, se realizaban reuniones del régimen rosista; las habitaciones cobijaron a Rosas cuando redactaba órdenes contra opositores. La mujer vivió allí hasta su muerte, en 1856. La construcción es la segunda entre las más antiguas de Buenos Aires; la del virrey Liniers es su antecesora.

La Ciudad adquirió el inmueble en 1971. Antes de que comenzara el nuevo milenio se inició un proyecto de recuperación y puesta en valor de la vivienda. Como primer paso, se encaró un relevamiento completo del estado de la estructura. Cuando Fernando de la Rúa asumió como jefe de gobierno porteño empezó un proceso de restauración interna, contaron las fuentes consultadas. Se apuntaló donde era necesario y un equipo de arqueología urbana trabajó en algunos sectores internos. Se realizaron, además, labores de consolidación de la mampostería, reparación de paredes, desmonte de pisos y techos, y consolidación estructural. Ya con Horacio Rodríguez Larreta al frente del gobierno local, se restauró el frente de la casona.

Pero los trabajos fueron suspendidos por aparentes problemas con las constructoras, y los vecinos denuncian que la propiedad se deteriora cada vez más. La fachada, que había sido repintada, se volvió un blanco fácil para los grafitis. Sellés Martínez se lamenta cada vez que alguien, por un acto vandálico, prende fuego al pie del histórico portón de madera de doble hoja de acceso a la casona. "No tienen idea de que esa puerta debe ser una de las pocas de ese estilo que se conservan de manera original", se apena.

Los integrantes de esta comisión, como se autodefinen, se presentan con sus tarjetas, en las que se puede leer: "Grupo Pro Altos de Ezcurra". Casi todos señalan a Orione como la cabeza del equipo, que también integra Miguel Ávila, dueño de la tradicional librería que lleva su nombre, frente al Colegio Nacional de Buenos Aires. "Julio es el que más se mueve por la causa", afirma Verlichak. Desde el balcón de su vivienda, Orione, que es historiador y jubilado, puede "custodiar" la centenaria casona. Fue así como una vez, cansado de ver que algunas personas entraban y salían del inmueble los domingos, ingresó a la casa a ver qué ocurría. Pese a que el lugar está cerrado desde hace varios años, feriantes de la calle Defensa dejaban sus pertenencias en el interior.

Orione tiene una vista privilegiada de una cuadra, la de Alsina entre Defensa y Bolívar, donde la historia se mezcla con el vertiginoso presente de la ciudad. Dice el hombre, de 78 años: "Estaría bueno que este tramo de la calle se convirtiera en una especie de punto cultural que involucrara a la casa de Ezcurra". En los alrededores, en lo que es el corazón de Montserrat, están emplazadas la iglesia San Ignacio Loyola, la casa Altos de Elorriaga y la antigua Farmacia de la Estrella, entre otras construcciones patrimoniales.

"¿Qué me motivó a involucrarme tanto con esta casa?", repite Orione mientras piensa la respuesta. "Se trata de un monumento histórico", reflexiona. En general, es él quien se comunica con los funcionarios porteños para concertar entrevistas y busca el apoyo de otras personas.

Consultadas por LA NACION, fuentes de la Dirección de Patrimonio, Museos y Casco Histórico de la ciudad, de la que depende la casa Ezcurra, dijeron que la recuperación total "está analizándose para el plan de obras del período 2020-2023".

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