Civilización o barbarie
Las imágenes que llegan desde Medio Oriente reavivan en nosotros fantasmas y terrores ancestrales. La posibilidad de que se reanude la cadena de la violencia, que con total inconsciencia individuos civilizados vuelvan a un estado de brutalidad y que la lógica irracional de las bombas no distinga entre culpables e inocentes es, simplemente, abrumadora.
Como claman los innumerables mensajes que circulan por Internet: la guerra no es la respuesta.
"Nada más opuesto a la justicia que la violencia." (Cicerón.) "En cuanto se rasca al hombre civilizado, aparece el salvaje." (Rousseau.) "Las tácticas del hombre en su vida son las de una espléndida, atrevida, astuta y cruel bestia predatoria. Vive atacando, matando y destruyendo." (Spengler.)
Decenas de autores buscaron una luz de esperanza, que nos acerque a la vida y nos aleje de la muerte, pero las reflexiones son coincidentes. Hace tres o cuatro décadas un profesor de secundaria solía repetir: "¡Qué hermoso es tener la fuerza de un gigante y no usar nunca de ella!"
Regreso a un libro que me inquieta desde hace años. Es "La señal de Caín" (Siglo XXI, 1971), de Fredric Wertham. Subrayo algunas frases: "Un antiguo adagio dice que hace falta un loco para desatar la violencia. Esta afirmación es válida, exceptuando el hecho de que, antes de que alguien pueda comenzar la violencia, muchos otros ya han preparado el terreno."
"La violencia, la aniquilación y los sufrimientos físicos no sólo condenan a sus víctimas, sino que corrompen a toda la sociedad. Si tuviera que compararla con alguna enfermedad, la compararía con el cáncer. El cáncer puede empezar en cualquier parte. Nos damos cuenta de él a través de su manifestación local, pero puede extenderse a todo el cuerpo."
Los análisis están, cada uno con su cuota de sabiduría y sentido humanitario, pero falta la solución. ¿El género humano está condenado al "ojo por ojo, diente por diente"?
Escribo estas líneas durante el largo camino a Kyoto, donde miles de científicos, funcionarios y secretarios de Estado se encuentran en el Foro Mundial del Agua, gigantesca reunión de esfuerzos para preservar el acceso al agua dulce, savia de la vida. Muchos piensan, precisamente, que la falta de agua provocará nuevas y dramáticas guerras en el futuro.
Ya en el siglo XVIII, Edward Gibbon afirmaba: "La historia es poco más que el registro de los delitos, locuras y calamidades de la humanidad".
¿Acaso algún día podremos comenzar a escribir la historia de la vida y no de la muerte sobre este minúsculo planeta que gira en torno de una estrella de segunda categoría del sistema solar?
Sí. Hay que poder.




