Cómo hablar de sexo con los adolescentes

Está comprobado que conversar con padres y adultos responsables demora la edad de inicio de las relaciones sexuales
Valeria Shapira
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16 de diciembre de 2001  

Desde 1997, la biblioteca de las Naciones Unidas guarda un documento que revisa exhaustivamente 68 informes. El trabajo, titulado "Impacto del HIV y de la educación sexual en el comportamiento sexual de los jóvenes", indica que dejar de proveer información sobre sexualidad a los adolescentes por miedo a que ésta promueva el inicio temprano de las relaciones sexuales no es el camino más adecuado.

Señala, además, que la influencia de los adultos sobre la sexualidad de los adolescentes no se restringe a mensajes explícitos sobre sexo; se debe promover un medio efectivo de comportamiento sexual saludable.

¿Importa este dato para la Argentina? "Sí, y mucho -asegura la doctora Diana Bertolino, ginecóloga de Halitus Instituto Médico, institución afiliada a la Universidad de Buenos Aires (UBA)-. Porque aquí, al igual que en otros sitios del mundo, los adolescentes se inician cada vez a edades más tempranas (la edad promedio en nuestro país son los 16 años), aunque ese momento no siempre se acompaña de información y educación para la salud reproductiva. Los chicos charlan con amigos o buscan en Internet, y no hablan demasiado con adultos."

Una investigación sobre 264 adolescentes escolarizados de 14 a 18 años, realizada por médicos del Servicio de Adolescencia del hospital de niños Ricardo Gutiérrez (Jacobzon, Miklaski, Lamy, Pasqualini, 1991), corrobora, de algún modo, las afirmaciones de las Naciones Unidas: demostró que el 47,3% de los encuestados había iniciado su vida sexual antes de los 17 años; dentro del grupo de los ya iniciados, el 64% había dialogado con sus padres sobre el tema, pero entre los que no tenían relaciones sexuales el diálogo subía al 79 por ciento.

Otro estudio reciente (Arditti, Zorrilla, Lamy, Pasqualini, 2001) sobre 71 adolescentes mujeres atendidas en ese mismo hospital indicó, entre otras conclusiones, que de las que ya se habían iniciado, el 38% había recibido información de sus madres; entre las que no habían debutado, el diálogo ascendía al 67 por ciento.

Un diálogo posible

"Con mi mamá siempre hablé de todo y no me dio vergüenza. Me siento contenida; ella no me juzga y, además, siento que me entiende", dice Alejandra, de 20 años. Sin embargo, la mayoría de las voces adolescentes manifiesta, como Marisol, de 18, que "siempre fue difícil conversar con mis padres sobre estos temas. Yo prefiero hablar con amigas".

Julián, de 19, confiesa: "A los 15, como algunos de mis compañeros ya habían debutado, yo mentía y decía que también, porque si no lo hacía sentía que era un tonto".

Uno de los trabajos internacionales más importantes sobre con quiénes hablan los adolescentes de su sexualidad fue realizado por la Research Unit in Health and Behavioural Change, de la Universidad de Edimburgo, Escocia, en combinación con la Organización Mundial de la Salud.

La población estudiada abarcó 63.000 adolescentes de 15 años. De ellos, el 72% manifestó que discute el tema con sus amigos. El 74% de los varones y el 77% de las chicas pensaron que resulta cómodo hablar con sus pares, y sólo el 11% y el 8,8%, respectivamente, opinaron que es fácil hacerlo con sus progenitores.

¿Será, simplemente, que los adolescentes no desean hablar? "No siempre. A veces no saben cómo hacerlo", advierte el doctor José Méndez Ribas, director del Servicio de Adolescencia del Hospital de Clínicas y profesor asociado de ginecología de la UBA. Además, "hoy estamos mejor que hace 20 o 30 años: una encuesta sobre sexualidad en 1200 adolescentes escolarizadas de Capital Federal, que realizamos hace tres años, demostró que el 50% de las chicas de cuarto y quinto grado ya habían consultado a un ginecólogo. Esto es un progreso".

Sin embargo, las dificultades intergeneracionales persisten. Muchas veces, porque los padres creen que deberían hablar explícitamente de sexualidad. Y hacerlo todo el tiempo.

"No se trata de eso. La sexualidad no sólo implica genitalidad. Hablar de ternura, hacer mimos y caricias, o responder a la pregunta de Mami, por qué esa señora tiene un bebe en la panza son formas de diálogo que no requieren necesariamente sentarse frente a ellos en un momento particular; se van dando en forma cotidiana", dice la licenciada Alicia Fryc, psicoanalista de niños y adolescentes, integrante del gabinete psicológico del Colegio Martín Buber.

La doctora Diana Pasqualini, médica del Servicio de Adolescencia del hospital Ricardo Gutiérrez, coincide: "Los chicos aprenden más de lo que ven que de lo que se les dice. Compartir una salida, observar cómo se vinculan sus padres, son algunos ejemplos. Las probabilidades de que ocurran cosas no deseadas se relacionan con el silencio afectivo".

"A pesar de que en la adolescencia las relaciones se perciben como duraderas, suelen ser cortas y con riesgo de infecciones transmisibles sexualmente que deben prevenirse -agrega Bertolino-. Además, los adolescentes que hablan con los adultos sobre la importancia de una sexualidad vinculada con el afecto tienen más elementos para defenderse de situaciones de abuso y violencia."

Según la doctora Ana Coll, coordinadora del area obstétrica del Servicio de Adolescencia del Hospital de Clínicas, "muchas veces, la información que manejan los adolescentes es distorsionada. Y, por otra parte, tienen la omnipotencia de pensar que aunque no se cuiden nada malo les va a pasar; esto se agrava con el consumo de alcohol y drogas. El adolescente está armando su escala de valores, tiene actitudes omnipotentes, prueba y se expone demasiado. Es responsabilidad de los adultos hablar del tema, sin pensar que tienen que hacerlo como expertos".

Claro que "es dificultoso para los chicos hablar con ellos de cosas muy íntimas, y eso hay que respetarlo. Lo ideal es la orientación, y darles la posibilidad de consultar con un profesional", afirma Méndez Ribas.

Además, no todos los adolescentes son iguales. "Caer en generalizaciones, como No quiere hablar porque son todos rebeldes, no ayuda y es peligroso", coinciden los expertos.

Para la licenciada Fryc, "el rol de la escuela es trascendente. Los chicos preguntan desde pequeños y es bueno promover la comunicación en el aula". Sin embargo, en nuestro país, "hay deficiencias en el nivel educativo -dice Méndez Ribas-. El trípode de la prevención de infecciones, embarazos no deseados y abortos, y el desarrollo saludable de la sexualidad, implica un diálogo fluido entre la familia, los profesionales de la salud especializados en adolescencia y el plan educativo oficial. En los países nórdicos, donde los ministerios de Salud y Educación trabajan en forma coordinada, y con apoyo de las familias, los índices de enfermedades de transmisión sexual y de abortos en la adolescencia están entre los más bajos del mundo".

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