El amigo, un ser rico por lo que da, indispensable en nuestras vidas
Por Miguel Angel Paz Para LA NACION
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Por lo mucho que se dice, debe ser cierto que los amigos se cuentan con los dedos de una mano. La amistad, pues, parece ser un bien escaso.
Esto no impide que, al mismo tiempo, podamos tener muchas y de las más diversas amistades. Sin embargo, para el amigo parece guardarse algo especial que lo define como tal. ¿Cuáles son esos rasgos tan particulares que definen al amigo? ¿Qué lo diferencia de los conocidos con quienes nos podemos apreciar o hasta querer, pero que uno mismo no colocaría nunca en la categoría de amigo?
¿Se trata de alguien con quien hablaríamos o viviríamos incondicionalmente alguna cosa? ¿Se podrá ser amigo sin hablarse todo, sin contarse todo, sin decirse todo? ¿O, justamente, el carácter de amigo hace indiferente o no necesarios algunos de estos requisitos?
¿Será un amigo el que se nos va, con su muerte por ejemplo, y no hemos sabido todo de él? ¿O, en caso de ser así, se nos habrá ido solamente un conocido, una amistad de mucho tiempo, tal vez, y nada más? ¿Un amigo no debe aportar un carácter crítico hacia su par complementario? ¿Debería siempre consentirlo pues y esto caracterizaría per se el ser un buen amigo?
Uno parece tentado a recurrir al tratado de Cicerón sobre la amistad. Sin embargo, apelando a nuestro sentido común podemos intentar comprender esta particularidad de la condición humana: la soledad, esto es, contar con tan pocos amigos a la hora de la verdad. Tal vez esto no se note o no se sepa en la niñez o la juventud, pero el adulto y los mayores sabemos de la presencia o ausencia de ellos (los amigos) cuando los tenemos cerca o cuando ya no están.
El amigo suele ser un iluminado o alguien naturalmente inspirado para poder colocarse en el lugar del otro. Suele ser un experto en empatía aunque no lo sepa. Suele tener esa disposición diaria y "natural" puesta al servicio del encuentro con sus semejantes, a algunos de los cuales (pocos tal vez) llega con tremenda, aunque sencilla lucidez. Suele no esperar nada. Su disposición le es natural y desinteresada. La mayoría de las veces ni se da cuenta de "lo amigo" que está siendo aun callado la boca, acompañando o escuchando con una natural disposición o aun hasta con interés acerca de algo que él ignora, pero que el otro expone.
Seres queridos
No se trata de que el amigo siempre esté de acuerdo o quede definido por el favoritismo. En absoluto. Un buen amigo muchas veces discrepa aunque con rapidez rehace la relación con toda naturalidad.
Desde la psicología diríamos que a Eros, la pulsión de vida, la coloca naturalmente sobre aquellos que "elige" como amigos. Hay una sublimación, una desexualización en los actos del amigo. ¿Quién no ha debatido, alguna vez en la vida, sobre la amistad entre el hombre y la mujer? Pues se debe saber que hay mujeres que tienen amigos y hombres que tenemos amigas. Lo que sucede es que la escasez de tal producto confunde mucho haciendo pensar... que no existe.
En realidad, el amigo no se da cuenta de en qué proporción lo está siendo cuando todo parece transcurrir normalmente. Debe saberse que la amistad del amigo no es un sentimiento amoroso o un afecto específico que se deposita en algunos, sino fundamentalmente un acto inconsciente de credibilidad espontánea que está más allá (no más acá) de nuestra elección consciente. Esto no quiere decir que al amigo no se lo quiera. Sólo quiere decir que no es el amor lo que determina la condición de amigo. Esta situación afectiva es en general secundaria a la espontánea vinculación que sólo nos surge con unos pocos en toda nuestra vida.
Ojalá pueda con estas líneas despertar el elevado recuerdo a algún amigo que hemos tenido y explicar modestamente por qué resulta tan difícil reemplazarlo. Puede haber o hay muchos otros seres queridos o muy queridos (entre madres o padres e hijos u otros entrañables familiares o conocidos, o reconocidos hombres públicos a quienes admiramos y guían u orientan nuestras vidas) sin los cuales se nos haría difícil vivir, pero no por ello son nuestros amigos.
El amigo suele ser rico en el elevado sentido de la palabra, ya que rico no es el que más tiene sino el que más da. Y, por último, sepamos que su presencia en nuestras vidas puede ser la manera con la que Dios cuida de nosotros.
El autor es médico psicoanalista, profesor universitario de posgrado de la Universidad Caece y APA coautor de "Self en la teoría y en la práctica" (Paidós).



