El país tendrá una "fábrica de células"
Es una planta única en América latina; esta semana culmina la aislación para empezar a producir
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Una solución viscosa, blanquecina... En su interior, células producidas "a nuevo" para reemplazar tejidos humanos dañados...
Desde esta semana, el país tendrá a su disposición una instalación de 700 metros cuadrados, única en América latina, capaz de elaborar estos sustitutos biológicos que restauran o mejoran las funciones de un determinado tejido del organismo, y parecen más cerca de la fantasía que de la realidad.
Está en el barrio de Caballito, más precisamente en la planta del laboratorio Craveri, cuya División de Bioingeniería acaba de culminar una larga y complicada puesta en funcionamiento. "Comenzamos hace alrededor de tres años. La obra sufrió dos construcciones y sólo ahora pudimos terminarla", explica la bióloga y coordinadora del emprendimiento, Laura Correa, investigadora especializada en el ciclo celular.
Es que esta verdadera "fábrica de células", construida para desarrollar en el laboratorio tejidos personalizados a la medida del paciente, debió someterse a las más estrictas normas existentes internacionalmente en materia de bioseguridad. Desde los sistemas de refrigeración y ventilación independientes (con filtros especiales que garantizan el 99,9% de pureza del aire), hasta los cuartos con presiones diferenciadas, las cabinas de seguridad biológica o las puertas controladas magnéticamente para que sólo personal capacitado pueda ingresar, los sensores de movimiento, revestimientos sin poros o zócalos sin ángulos rectos para preservar la asepsia.
"Para entrar en esta planta no sólo habrá que sacarse la ropa de calle, sino también el maquillaje, la pintura de uñas, los anillos, las cadenitas, el reloj -ilustra Correa-. El maquillaje libera partículas, en las partículas viajan microorganismos, y en los anillos hay restos de piel que pueden albergar microbios. Como nuestros ambientes son clasificados, tenemos que evitar todo eso."
Para mantener el aislamiento, por ejemplo, todas las puertas poseen un sistema llamado "de enclavamiento" (no se puede abrir una sin cerrar la otra) y los cuartos tienen presión positiva o negativa de acuerdo con su función. "El cuarto de producción es el que tiene la presión más alta -explica la investigadora-. Esto permite impedir que ingresen contaminantes, ya que las nuestras son áreas 10.000; es decir, no pueden tener más de 10.000 partículas de cinco micrones."
Gracias a convenios con el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de la Fundación Leloir y con el Conicet, la gente de Craveri espera poder abordar una tecnología de vanguardia, que comenzó a desarrollarse hace poco más de una década y merced a la cual ya existen decenas de tejidos en vía de desarrollo o directamente en la rampa de lanzamiento.
"En el mundo ya se están haciendo ensayos con muy buenos resultados, por ejemplo, en implante de mioblastos en pacientes con insuficiencia cardíaca -explica Correa-. Son personas en las que una parte del corazón deja de contraerse. Entonces, se extraen unas 60.000 células madre del músculo esquelético de la pierna, se las disgrega, se cultivan a 37 grados y con alta concentración de dióxido de carbono, y aproximadamente un mes más tarde se obtienen unos 300 millones de células que pueden inyectarse en el corazón. Estas unidades creadas en el laboratorio se preservan en tanques de nitrógeno líquido, a una temperatura de menos 176 grados, hasta su reimplantación. Ya se trataron más de 300 pacientes con esta técnica y con muy buenos resultados. En la actualidad, se está realizando un estudio multicéntrico en más de mil quinientos pacientes."
Otros tejidos que pronto podrían estar disponibles son el epitelio anterior de la córnea (producto de un ensayo con la Universidad Austral), piel de reemplazo y cartílago. Según algunas estimaciones, la cifra de negocios de este tipo de desarrollos en el mundo podría rondar, en un futuro no demasiado lejano, los 80.000 millones de dólares. Pero si el rédito económico es insoslayable, hay otros aspectos igualmente importantes. "Acá podemos hacer ciencia -afirma Correa, que se inició en la Fundación Leloir-. Para un investigador que trabaja en la Argentina, eso es fundamental."



