Las dos Argentinas
Hay libros que deslumbran por su vuelo literario; otros, por lo provocativo de sus hipótesis; otros, por lo profundo de su reflexión. La otra argentina - La ciencia y la técnica desde 1600 hasta 1966 , de Nicolás Babini (editado en un número especial de la revista Saber y Tiempo , que publica el Centro de Estudios de Historia de la Ciencia José Babini, de la Universidad Nacional de San Martín), lo hace por lo preciso y minucioso de una investigación que reúne, ordenada y sistemáticamente, un sinnúmero de hechos que frecuentemente apenas si figuran en los "subsuelos" de la historia oficial.
La obra recorre cuatro siglos de intentos de instaurar una ciencia y una tecnología locales -desde que, en 1607, se inició el noviciado jesuítico en Córdoba y que el cronista español Ruy Díaz de Guzmán trazó el mapa del Río de la Plata, alrededor de 1610, hasta el cierre del Instituto de Cálculo, fundado por Manuel Sadosky en 1962- y registra cronológica y temáticamente publicaciones, cátedras, instituciones, exploraciones, congresos y sesiones realizados en el territorio de lo que es hoy la Argentina.
Aunque Babini, hijo del pionero de los estudios de historia de la ciencia en el país y encargado durante muchos años de la biblioteca y el acervo documental de su padre, subrayaba ayer del otro lado del teléfono que su Síntesis no "fue tan complicada", porque había echado mano de la bibliografía familiar (tres decenas de volúmenes) y de Internet -que "cuando la fuente es seria puede utilizarse"-, la compilación es, a los ojos de un profano, una tarea monumental por la dificultad que representa rastrear acontecimientos tan diversos.
Si éste fuera todo su aporte, sería mucho. Su importancia, sin embargo, excede el mero registro. Como advierte en su prólogo Diego Hurtado de Mendoza, actual director de la revista, la obra establece además un eje de referencia, un "fondo historiográfico compartido" para el debate y la producción colectiva que permite dar cohesión y sentido a una comunidad de historiadores de la ciencia y la tecnología en el país.
Además, la cronología de Babini no es "inocente" ni neutra, sino que expresa una hipótesis personal sobre el devenir de estas actividades. Su visión se trasluce con cierta amargura en la introducción, donde el ex arquitecto y hoy historiador escribe que la ciencia en la Argentina rara vez encontró un ambiente propicio y "corrió pareja con las dificultades que enfrentaron los intentos de implantar un régimen político que no fuera autoritario". Más adelante agrega: "Cabría hablar de la existencia de dos países: la Argentina insular ajena al mundo y la otra Argentina, abierta a las ideas que impulsaban y siguen impulsando el desarrollo de las naciones avanzadas (...) Dada la desproporción entre la perduración de ambas mentalidades (...), cabría más hablar de la ciencia como de una especie exótica, de difícil aclimatación en un suelo y un clima poco favorables".
Para Babini, estas dos Argentinas se reiteraron obcecadamente a lo largo de 400 años. Sólo resta esperar que en la cronología del futuro ese lastre haya desaparecido...




