Tecnología "made in Argentina"
Integrar la investigación en la producción, una nueva cultura
1 minuto de lectura'
Tanto Techint como Biosidus tienen numerosos contratos de colaboración con universidades y centros de investigación del sistema científico nacional. Cualquiera podría preguntarse para qué desarrollar tecnología localmente, si puede comprarse llave en mano .
"Nosotros estaríamos perfectamente en condiciones de contratar equipos de investigación en Japón, en los Estados Unidos... -contesta Eduardo Dvorkin, director del Centro de Investigaciones Industriales de Techint-. Pero, primero, el trabajo claramente se facilita si los científicos están a una hora de coche y uno no se tiene que tomar un avión para verlos. En segundo lugar, tenemos la capacidad para hacerlo. Y por último, la investigación va unida al desarrollo de recursos humanos: nos favorece que ese recurso se forme acá y eventualmente podamos recurrir a él o tomarlo para que forme parte de nuestro equipo. Esto no se hace por motivos altruistas -aclara-, yo no puedo hacer altruismo con dinero que no es mío. Conviene hacerlo -subraya- porque aquí tenemos gente con la que compartimos una gimnasia de trabajo y a la que siempre vamos a poder recurrir."
Colonialismo cultural
Curiosamente, ser líderes en tecnología es algo que puede asombrar hasta a los propios investigadores que la desarrollan. "Sí -dice Dvorkin-, cuando fuimos absorbiendo empresas, nos dimos cuenta de que sufríamos cierto colonialismo cultural, porque nosotros mismos nos sorprendíamos de estar exportando tecnología a países como Japón, nada menos..."
Sin embargo, todo indica que para estas empresas no hay vuelta atrás. Marcelo Argüelles, presidente del grupo de empresas farmacéuticas Sidus, opina que "la investigación y el desarrollo tecnológico son recursos insoslayables. Las hemos definido como nuestro paradigma estratégico".
Y Guillermo Noriega, director general de Tenaris Group, de Siderca, sostiene que la efectiva integración entre la planta y el centro de investigaciones enriqueció enormemente los procesos de producción.
"Incluyendo a los investigadores en la planta, permitiendo que convivan con los procesos operativos, obtenemos respuestas mucho más eficientes y concretas. Antes, a veces existía una brecha. La gente decía ¡uy! Le voy a pedir algo a Dvorkin y me va a contestar dentro de dos años . Hoy no. Confían plenamente en que, para resolver su problema, en la cadena de solución está el CINI. Es un proceso que está cada vez más aceitado. La gente lo compró , de los dos lados, y eso hace que la línea de producción pregunte al centro de investigación y éste responda. Eso creo que es un valor que hemos logrado y que permite que las decisiones al final sean más ricas. Porque, claro, cuando uno decide con más tiempo, con más gente capacitada, los beneficios aumentan. Es difícil cuantificar la incidencia del CINI en las ganancias de la empresa, pero es importante subrayar que, de ser tomadores de tecnología, pasamos a ser generadores de procesos y productos. Y lo importante es que esto ya es parte de nuestra cultura. Es una cultura nueva, de alguna forma."



