
“Acá estoy bien cuidada y no me ocupo de nada”
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Una pareja de tango deleita a numerosos ancianos que, sentados en una ronda, aplauden entusiasmados. La música se detiene y sonriendo la bailadora afirma: "Nosotros no nos cansamos nunca, porque ustedes nos dan energía". Por su parte, Mirta Pérez, una de las residentes del Instituto Privado San Fernando, donde vive hace más de un año junto con 69 adultos mayores, los elogia: "No es fácil bailar tango, pero esta gente es de primera".
Tiene 76 años, ojos serenos y un gran sentido del humor que deja al descubierto al presentarse: "Yo soy Mirta, Mirta Legrand", bromea. A su vez, cuenta que se siente a gusto de estar donde está. "Este lugar es excelente, me tocaron buenas compañeras y me adapté muy bien. Comemos de todo, yo llegué delgadita y ahora engordé algunos kilos", se ríe. Lo que ella no sabe es que en la heladera hay dos tortas esperándola para festejar al día siguiente, entre todos, el Día de la Madre.
Antes de conocer este geriátrico y luego de haber perdido a su marido, Mirta vivía sola con dos cuidadoras que la ayudaban con las diferentes tareas de la casa. "No me gustó la experiencia de vivir sola, me entraron a robar dos veces", dice. Tampoco le agradaba que las cuidadoras le indicaran lo que debía hacer. "Acá me siento cuidada y no me tengo que ocupar de nada", explica esta mujer que padece un deterioro cognitivo moderado.
Ella es mamá de dos hijos que adora: Iván, que la visita seguido, y Enrique, que vive en Dubai, pero se mantiene comunicado con su madre por teléfono y siempre que está en el país la visita. "Salieron inteligentes como su padre, que era ingeniero químico", se enorgullece, y agrega: "Con mi marido fuimos novios desde chiquitos, yo lo amaba con locura y él también a mí; su muerte fue algo muy difícil de sobrellevar".
A pesar de tener por momentos cierta dificultad para ordenar el pensamiento, Mirta se hace entender perfectamente y brinda consejos para alcanzar una vida plena. "Hay que tratar de ser felices con lo que tenemos, aprovechar los dones lindos que Dios nos da para vivir bien y estar bien. Obviamente que extraño a mi marido, pero soy feliz porque tengo a mis hijos que me aman y me cuidan mucho. Son buenos chicos y mis nietos también, armé una linda familia."
Una de las cosas que la hacen feliz a Mirta es bailar, por eso se regocija no sólo con el tango, sino con cada show que organiza el Instituto Privado San Fernando. "Nos ofrecen espectáculos de todo tipo. Yo bailo tango, cumbia, de todo. A veces viene un chico que arma el carnaval carioca con luces y colores, como si estuviéramos en una fiesta, y nosotros nos ponemos a bailar, aunque no sepamos mucho, igual nos divertimos."
Las propuestas que ofrece el geriátrico son variadas y las hay para todos los gustos y de acuerdo con las necesidades de cada quien: musicoterapia, reiki, kinesiología, terapia ocupacional, tai chi chuan (arte marcial de movimientos lentos y fluidos), atención psicológica y psiquiátrica, entre otras. Una de las más concurridas por el público femenino es la peluquería y la manicura. Las mujeres coquetas hasta hacen fila con sus carteras –que llevan, aunque no tengan que pagar nada– y esperan a ser atendidas para ponerse lindas.
Otro de los pasatiempos preferidos está conformado por el club de las tejedoras, quienes se encargan de tejer cuadraditos para luego confeccionar mantas y donarlas a hospitales de niños y hogares. "Tenemos actividad permanente. Voy a la peluquería, me hago el color y las manos", dice Mirta, al mismo tiempo que muestra contenta sus uñas recién esmaltadas. "Lo pasamos bien, esto es como un club y, a su vez, me siento protegida y acompañada."
Mirta PÉrez
Edad: 76 años
Vive en el Instituto Privado San Fernando
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