Adicciones: ¿Cuál es el perfil de los jugadores compulsivos?

Según los especialistas, uno de los denominadores más comunes entre quienes tienen una adicción al juego es el sentimiento de soledad y el haber atravesado una pérdida que no pudo procesarse.
Según los especialistas, uno de los denominadores más comunes entre quienes tienen una adicción al juego es el sentimiento de soledad y el haber atravesado una pérdida que no pudo procesarse. Crédito: Rodrigo Néspolo
María Ayuso
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23 de abril de 2020  • 20:20

Casinos, bingos e hipódromos cautivan en la Argentina y el mundo a millones de hombres y mujeres, que encuentran en las luces de colores y el tintineo incesante de las maquinitas, su válvula de escape, su desenchufe a las preocupaciones cotidianas. Pero, ¿en qué momento ese tiempo de ocio puede convertirse en un problema? ¿Cómo saber si una personas tiene una adicción al juego?

Susana Calero, psiquiatra y reconocida especialista en adicciones, explica que el juego compulsivo o patológico es una enfermedad progresiva. " Muchas veces, la persona empieza como jugador social, yendo cada tanto en grupo al bingo o al casino a pasar el rato. Después, eso empieza a ser más frecuente e incluso a ir sola, hasta que llega a una etapa que es la del 'jugador problema'", describe. En ese punto, continúa Calero, "la persona está al borde del precipicio, y si se resbala, pasa a ser un jugador patológico, que tiene problemas de deudas, miente en su casa, puede abandonar su trabajo o estudio y va rompiendo sus vínculos sociales".

La psiquiatra enfatiza que, como ocurre con otras adicciones, no todas las personas están en riesgo de convertirse en jugadoras abusivas. Para que eso ocurra, interviene una variedad de factores que las vuelven más vulnerables, entre ellos, la predisposición genética, patologías de base y su situación familiar.

"En general, tuvieron una pérdida importante en la vida y no pudieron elaborarla. Cuando en una primera entrevista les preguntás en qué año empezaron a jugar compulsivamente, coincide con la muerte de alguien muy querido, un divorcio, hijos que crecieron y se fueron de la casa, una jubilación o la pérdida de un trabajo", señala Débora Blanca, psicóloga, especialista en juego compulsivo (su página web tiene información sobre esta problemática) y directora de Lazos en Juego.

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