Alcohol y adolescencia: consejos para padres

Los especialistas hacen hincapié en la necesidad de que los adultos hablen con los chicos sobre los riesgos de consumir alcohol a edades tempranas.
Los especialistas hacen hincapié en la necesidad de que los adultos hablen con los chicos sobre los riesgos de consumir alcohol a edades tempranas.
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23 de abril de 2020  • 19:42

Entre las distintas causas del consumo de alcohol en adolescentes, la escasa o deficiente intervención de los padres es decisiva. Por eso, los especialistas subrayan la necesidad de que los adultos hablen del tema con sus hijos, incluso desde que son más chicos, con una mirada realista, evitando los "sermones", pero sosteniendo límites.

María Pía Del Castillo, psicopedagoga y directora ejecutiva de Fundación Padres, hace hincapié en que una de las aristas más alarmantes acerca del tema es la naturalización que se da no solo entre los mismos adolescentes, sino fundamentalmente por parte de los adultos. "Todo el tiempo escuchamos a los padres decir cosas como: 'y qué voy a hacer, si aunque le diga algo igual va a salir y a tomar'; o lo que es peor, subestiman la gravedad del asunto afirmando aquello de que 'si toman en mi casa, bajo mi supervisión, es mejor a que tomen afuera', cuando el tema central es cuán nocivo es, para la salud de un menor de 18 años, beber alcohol", detalla Del Castillo.

Por eso, para la psicóloga especialista en crianza y familia Abigail Rapaport, el primer paso como adultos a cargo es "evitar poner el problema sobre el adolescente, para registrar qué nos pasa a nosotros cuando enfrentamos la posibilidad de que nuestra hija o hijo esté involucrado en situaciones de consumo" y propone algunas premisas para abordar el tema con los chicos:

  • Hacer acuerdos explícitos: comunicarnos de forma calma y simple, sin retarlos ni sermonear: "Podés salir si me mandás tu ubicación y acordamos una hora en la que te voy a buscar". Si los acuerdos no se cumplen no habrá una próxima salida, porque el adolescente debe entender que cumplirlos es cuidar la relación y los valores compartidos.
  • Prever situaciones y cómo se podrían afrontar: escucharlos sin juzgar. Si nos cuentan que les duele el estómago porque tomaron durante una previa, primero los ayudamos a recuperase y luego iremos viendo, juntos, qué fue lo que pasó. Cada evento necesita varias conversaciones acotadas, no se puede agotar un tema de una sola vez; hay que retomar, preguntar, mostrar interés por amigos, anécdotas, etc. Eso aumenta la confianza.
  • Salir de las preguntas habituales: nos permite acercamos. La idea no es complacer a los hijos, sino que puedan confiar para abrirse. Podemos utilizar preguntas abiertas, que dan lugar a diferentes tipos de respuestas, por ejemplo: ¿cómo te fue en la salida de anoche?; o preguntas cerradas, que deriven en "sí" o "no "y nos permitan focalizar: ¿te gusto ir a ese boliche? Las preguntas empáticas los habilitan a ampliar sus registros y, a nosotros, a acompañarlos en ese proceso. Por ejemplo: ¿vos qué harías si tu amigo se emborracha?; ¿Cómo creés que reaccionaría tu amigo si llamás a sus papás? Por último, en las preguntas por feedback los chicos perciben que nos importa lo que sienten: por ejemplo, ¿eso que me decís significa que tenés miedo de que se burlen de vos si nos tomás?

Del Castillo, agrega que es necesario que la prevención arranque en la escuela primaria: "En nuestras charlas son los mismos adolescentes los que nos dicen que 'ya es tarde' y nos mandan a hablar con 'los más chicos'". Además, recalca que la situación es transversal a todas las clases sociales: "Las anécdotas son iguales en un barrio de bajos recursos como en otros de zonas acomodadas".

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