Brian Landriel: "Me discriminan por mi ropa deportiva y por el barrio del que vengo"

En lo que va de su vida adulta, Brian Landriel conoció la discriminación y el hostigamiento por razones socioeconómicas
En lo que va de su vida adulta, Brian Landriel conoció la discriminación y el hostigamiento por razones socioeconómicas Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Hafford
Lorena Oliva
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14 de julio de 2020  • 00:01

"Como te ven te tratan. Y si te ven mal, te maltratan." Brian Landriel parafrasea a la mismísma Mirtha Legrand cuando trata de buscarle un posible por qué al hostigamiento de la policía, al rechazo en algún trabajo, a la mirada desconfiada que le devuelven algunas personas.

Pero ¿qué ven cuando lo ven? "Ven mi ropa deportiva, la visera, el corte de pelo, la forma en que camino, el barrio de donde vengo. y me discriminan por todo eso", se lamenta este joven de 27 años, que nació en un conventillo en Dock Sud pero vivió la mayor parte de su vida en Bernal Oeste.

Hincha ferviente de Vélez Sarsfield, Brian no recuerda situaciones de rechazo durante su infancia y su adolescencia. "Siempre fui bien recibido a donde iba", asegura. La cosa cambió con la mayoría de edad. Casi diez años más tarde, tiene todavía fresco en la memoria un episodio que lo marcó.

"Una vez llevé el curriculum cerca del Obelisco para un trabajo de bachero. Era una agencia de trabajo. Me preguntaron qué hacía y de donde era. Le conté todo a la persona que me entrevistó: que quería progresar para poder irme del barrio. 'Vos tenés que quedarte en tu barrio', me respondió, haciéndome sentir que yo no pertenecía, que no podía aspirar a tener un trabajo de bachero por el Centro. Me sentí muy mal esa vez", rememora en diálogo con LA NACION.

En aquella oportunidad no entendió por qué motivo le cerraban las puertas a su búsqueda de progreso y superación por la vía del trabajo. Hoy sabe que esa es una de las maneras en que opera el racismo en la Argentina. La viene padeciendo en carne propia. No tanto por "portación de cara", según dice, sino por lo que él llama "portación de ropa deportiva y visera".

"Una vez conocí a un policía que fue bueno conmigo, pero en general me sentí muy discriminado por la Policía. Sé que si voy caminando por una calle y pasa un patrullero, lo más seguro es que pare a pedirme documentos aunque yo no esté haciendo nada malo. Me pasa en la estación de Lanús todo el tiempo. Los mismos policías me paran todas las veces. Y cuando te paran, te tratan mal, suponen que sos drogadicto y tal vez estás volviendo de un comedor en el que ayudás o de jugar al futbol con tus amigos. Es re feo, te da una re bronca porque es injusto", sostiene el joven.

Brian Landriel: "Si pasa un patrullero, lo más seguro es que pare a pedirme documentos aunque yo no esté haciendo nada malo"
Brian Landriel: "Si pasa un patrullero, lo más seguro es que pare a pedirme documentos aunque yo no esté haciendo nada malo" Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Hafford

Antes de la pandemia, Brian era empleado de un lavadero de autos. Previamente, trabajó en pizzerías, cafeterías, en una curtiembre y en una fábrica de bolsas plásticas, según enumera. Además, colabora en Socialba, una asociación civil que realiza diferentes tareas sociales en barrios vulnerables de la Ciudad. Más de chico, agrega, juntó cartones y botellas para solventar sus propios gastos. "Trabajo desde los doce o trece años. Terminé la primaria de más grande y la secundaria la empecé, pero no la terminé. Es algo pendiente que tengo", reconoce.

Entre las diferentes ocupaciones que ha tenido, tuvo una época como vendedor de medias y repasadores junto a un amigo. Iban casa por casa, ofreciendo la mercadería. "Una vez, estábamos en Florencio Varela. Hacía un re calor. Habíamos vendido re bien, así que compramos en un kiosco unos sanguches y una Manaos y nos sentamos a comer. Paró un patrullero y los policías se nos acercaron. Nos preguntaron qué hacíamos y les explicamos. Nos dijeron que nos teníamos que ir, nos patearon los sánguches, nos sacaron la plata y hasta se llevaron la gaseosa. Me acuerdo que me tomé el tren con unas ganas de llorar.", recuerda.

Pero la larga lista de situaciones discriminatorias que le han tocado vivir no solo involucran a las fuerzas policiales. "Me ha pasado de trabajar en un lavadero y que me dijeran 'negro' con desprecio. Porque uno sabe cuándo te lo dicen con mala intención. O que no me dejaran entrar a un baile por mi ropa o por mi corte de pelo. También recuerdo haber ido a pasear con una chica por Puerto Madero -ella re linda y yo con ropa deportiva- y que nos miraran como no pudiendo creer que esa chica estuviera conmigo. Yo sé que, de haber estado paseando solo, algunas personas hubieran evitado cruzarse conmigo", asegura.

En su documento "Racismo y Xenofobia. Hacia una Argentina intercultural", el Inadi echa luz sobre esta forma de discriminación, ampliamente naturalizada en nuestra sociedad: "(.) Desde el discurso, la relación entre racismo y pobreza es notable cuando se oyen expresiones asociadas al racismo biologicista clásico ("son unos negros") (.). A su vez, el proceso ideológico de criminalización de la pobreza tiene una matriz racista y en Argentina se expresa en el estereotipo del "pibe chorro": un varón joven con gorra visera y zapatillas deportivas, con un tono de pelo y piel morochos. (.)"

Brian Landriel en el patio de su casa
Brian Landriel en el patio de su casa Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Hafford

Convencido de que la delincuencia va más allá de cualquier estereotipo -"Hay chorros que se visten re bien y siguen siendo chorros", ejemplifica-, Brian reconoce, de todas maneras, que la inseguridad genera miedos difíciles de racionalizar. "Todo el tiempo te están bombardeando en la televisión con imágenes de pibes chorros que se visten deportivos. Entiendo que, si ves a alguien vestido así, te puedas sentir perseguido. Yo trato de ponerme tanto en el lugar del que discrimina como del discriminado. Pero es feo que te juzguen por algo que no sos. No todos somos iguales", agrega.

Hoy en día, Brian reconoce que, a la hora de buscar trabajo o ante determinadas situaciones formales, evita las gorras y los conjuntos deportivos. Claro que, entonces, le toca vérselas con el prejuicio de sus amigos y vecinos: "Me cargan. Me dicen que me hago el cheto", concluye.

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