Cárceles. ¿Se puede rehabilitar a alguien que nunca estuvo habilitado a tener una vida digna?

Daniel Cerezo
Daniel Cerezo MEDIO:

Daniel Cerezo hablando de prejuicios

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8 de septiembre de 2019  • 00:33

Para la gran mayoría la cárcel es el lugar donde se paga una o más condenas por infringir la ley, un lugar donde se aísla y controla a los delincuentes, para proteger al mismo tiempo los derechos y seguridad de aquellos que si cumplen la ley. Como bien lo dice Michel Foucault, se trata de controlar y castigar. Pero, ¿se trata de un castigo que rehabilita?

Pongamos un ejemplo: si mi hijo comete una falta y yo intento corregirla con un castigo violento, ¿se produce un proceso de aprendizaje? Seguramente forjaré un límite frente a la falta pero también generaré un resentimiento en relación al castigo.

En cambio, si soy capaz de poner un límite y al mismo tiempo generar conciencia sobre la falta, estaré provocando una situación de aprendizaje para los dos, sin resentimientos. Pareciera ser que hablar de cárceles y de este ejemplo no tiene demasiado que ver, pero estamos hablando de lo mismo: la cárcel ¿además de castigar, rehabilita? Lamentablemente la respuesta es no. Las estadísticas y de cara a la continua creación de nuevas cárceles, nos encontramos con una realidad ineludible: cada vez hay más delito, más reincidencia y más delincuentes.

Pese a que nunca estuve preso, desde mi experiencia de trabajo en cárceles y por compartir distintos espacios con personas que trabajan en cárceles, me di cuenta de que lo primero que se derriba al relacionarse y generar vínculos con este mundo que sucede del otro lado de los muros, es que todos los presos y presas son iguales. Se derrumba el imaginario de "El Marginal" y aparece la persona. Uno comprende que todos somos personas, y que todos tenemos el mismo poder de transformarnos.

Es necesario entender que un alto porcentaje de presos provienen de contextos donde las posibilidades y oportunidades no existieron, encontrándose únicamente con un sistema binario, donde las opciones son "ser gil o chorro", "agarrar un fierro o un libro", "vender droga o consumirla".

¿Qué hubiese pasado con cada uno de ellos si las opciones hubiesen sido otras? ¿Qué estarían haciendo hoy si para ellos estudiar una carrera fuera una opción real, alcanzable y normal? En mi experiencia, al llevar nuevas y más formas de elaborar proyecto de vida a personas presas, encontré que frente a un problema hay muchas soluciones: el arte, la educación, el deporte. Son medios que ayudan a los presos a canalizar lo que algunas personas tienen y muchas veces ellos no, como el amor, la empatía, la contención y la esperanza.

Por supuesto que hay personas presas que no pueden o no quieren transformarse, y están identificados con la violencia, la idiosincrasia de la delincuencia, del "pibe malo". Pero la gran mayoría frente a la oportunidad de conocer nuevas posibilidades, de reconstruir su identidad frente a la posibilidad de ser mejor, si esa posibilidad es real la toma.

En general, en nuestro país, la mayoría de las cárceles están habitadas por personas de muy bajos recursos económicos y culturales. ¿Por qué? ¿Sabemos cuánto cuesta contratar a un abogado penalista? Si bien el Estado brinda el derecho de tener un abogado, es sabido que la vulnerabilidad de ese servicio es muy alta y no está exenta de la precariedad de otros servicios del Estado. En las cárceles encontré personas presas por no estar asesorados jurídicamente, como también me encontré en la calle personas en libertad que tendrían que estar presas, pero contaron con abogados hábiles y caros. La precariedad de la defensa es de público conocimiento, sin embargo, no hay una agenda sobre cómo mejorar nuestro sistema judicial ni nuestros principios de justicia.

Nuestra sociedad necesita leyes y normas que preserven el esfuerzo de quienes trabajan y cumplen la ley y que, por otro lado, quienes las incumplen se hagan responsables de las consecuencias de las faltas que comenten. La pregunta que falta responde es: ¿El control y castigo nos asegura que esa persona no va a volver a hacer lo mismo? La realidad muestra que sucede todo lo contrario. Hoy el sistema carcelario asegura la reincidencia y tiende a agravar la metodología delictiva. Porque construye una dependencia, una lealtad frente a la violencia además de generar un perverso empoderamiento del oficio de ser preso, lejos de la rehabilitación. Esto no pasa sólo en la cárcel, uno ve lealtades perversas en muchas otras pobrezas sociales y humanas.

La mayoría de las personas presas desconoce que son las oportunidades. Entonces, ¿Se puede rehabilitar a alguien que nunca estuvo habilitado a acceder a una vivienda digna, educación de calidad, a diversidad cultural? Creo que no se puede resocializar a alguien que nunca se sintió parte orgánica de la sociedad. Sembrar oportunidades rompe con el sistema binario de opresión y de respuesta violenta. Es indispensable generar redes de contención y procesos de transformación social. Se trata de invertir la carga de la prueba y no solo hablar de "El Marginal", sino de la sociedad que estructuralmente excluye.

El trabajo del arte, el deporte y las varias disciplinas académicas resultan indispensables para salir del castigo y evitar el círculo vicioso de la reincidencia. Esto lo demuestran los bajos índices de reincidencia de las personas que cursan estudios universitarios mientras cumplen su condena en relación a las que no. La experiencia en Argentina del Centro Universitario en la unidad de Devoto o del Centro Universitario San Martín en la Unidad Nª 48 en José León Suárez, resultan absolutamente claras y contundentes.

Creo que debemos comprender como sociedad que controlar y castigar no solo es un reaseguro de sufrimiento para quien es castigado, sino para la mayoría de la sociedad que es víctima de estos crímenes. Quienes sufren delitos reclaman justicia, pero los que no tuvieron oportunidades también están en su derecho a reclamar por justicia. Debemos hablar de justicia jurídica y de justicia ciudadana, humana y social.

La educación y apostar por la transformación de las personas es posible, obviamente no va a impactar de la misma forma en todos, pero sí en la mayoría. Vale la pena el esfuerzo. Es necesario hacer algo distinto, como sumar nuevos veedores de lo que pasa en la cárcel, despertar el interés social a través de organizaciones sociales y otras instituciones que rompan con la "puerta giratoria" y logren que una condena no sea el tiempo que transcurre entre dos delitos, sino la posibilidad de transformación personal desde la generación de nuevas oportunidades.

Daniel Cerezo hablando de los prejuicios que tenemos como sociedad

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