¿Cómo es el balance social de 2012?

Marta Bekerman
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5 de enero de 2013  

A partir de mediados de los años 70 y hasta los inicios del siglo actual, la distribución de ingresos en la Argentina sufrió un profundo efecto regresivo. Si bien este proceso se inicia durante la última etapa dictatorial (1976-1983), los gobiernos constitucionales que se sucedieron desde el inicio de la democracia hasta la crisis de 2002 no lograron revertir esta situación, la que se vio profundamente agravada en el momento de dicha crisis.

A partir de 2003 se comienza a generar una recomposición de la distribución del ingreso como resultado de un conjunto de políticas públicas. En especial la actualización periódica del salario mínimo, la ampliación de la cobertura del sistema de seguridad social y un conjunto de transferencias estatales como la Asignación Universal por Hijo (AUH) ayudaron a mejorar los ingresos de los sectores más vulnerables de la sociedad.

Pero los avances de la década no deben hacer olvidar que la desigualdad de los ingresos de los hogares continúa siendo muy elevada: hacia fines de 2010, el 20% de los hogares más pobres recibía sólo el 5% del ingreso total, mientras que el quinto quintil capturaba el 46%. Por otro lado, si bien se produjo una reducción de los escandalosos niveles de pobreza existentes durante el período de la crisis (que llegó al 59%) todavía se mantienen niveles algo mayores al 20%. Y los niveles de reducción se hicieron menores a partir de 2007, lo que plantea un llamado de atención sobre la capacidad de la economía para permitir a los hogares pobres superar esta situación o prevenir que hogares no pobres transiten hacia ella.

Por otro lado surge aquí la necesidad de que el subsidio a la demanda a través de las transferencias de ingresos sea acompañado por una fuerte mejora en la oferta de servicios públicos que garantice el acceso a un sistema educativo y sanitario de calidad, así como a una infraestructura de vivienda adecuada.

En ese sentido cabe recordar que sólo en la ciudad de Buenos Aires, la población residente en villas y asentamientos aumentó un 52,3% entre 2001 y 2010 (Indec, censo 2010). Se trata de una población con pocas oportunidades laborales, especialmente entre la población joven. Es que su perfil laboral presenta una escasa calificación, por lo que la mayoría de los habitantes presenta condiciones precarias de empleo o niveles de desocupación muy superiores a los de otras áreas geográficas.

Esta situación ha generado entre la población de las villas el desarrollo de microemprendimientos como salida laboral. La realidad nos muestra que estos proyectos les permiten llevar adelante una estrategia de supervivencia frente a la dura realidad que les toca vivir. Este es el caso, en especial, de mujeres jefas de hogar. Pero estos proyectos son llevados adelante en condiciones muy duras: falta de acceso al crédito, pocos conocimientos de gestión y costos, fuerte competencia en los lugares de venta.

Por eso, para que estos microemprendimientos no estén sujetos al fracaso es necesario brindarles nuevas herramientas que permitan su fortalecimiento. Esto puede lograrse a través de programas que faciliten el crédito,promuevan la capacitación y generen nuevas posibilidades para colocar sus productos. De esta forma no sólo pueden mejorar la calidad de los microemprendimientos, sino también de su propia vida.

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