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Cómo prevenir el bullying

Inés Pujana

Dar el ejemplo, fortalecer la autoestima desde una edad temprana, enseñarles a ponerse en el lugar de los otros, fomentar el diálogo y poner límites son algunas de las claves para enseñarles a los chicos y chicas a relacionarse de forma sana y sin violencia. Junto a María Zysman, psicopedagoga y creadora de Libres de Bullying, trabajamos en una guía para que padres, madres y familiares puedan evitar el acoso físico o psicológico en la escuela.

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Dar el ejemplo

Los chicos observan a los adultos para saber cómo actuar. Por eso es tan importante mirarnos a nosotros mismos.

Ofrecer un modelo. El ejemplo está no solo en cómo tratamos a nuestros amigos, sino también a la gente que nos cruzamos por la calle o a las personas que trabajan con nosotros. Si cotidianamente tenemos expresiones violentas, no podemos pretender que los chicos no las tengan.

Respetar y no humillar. Como adultos tenemos que ser muy cuidadosos con lo que decimos delante de los niños dado que podemos humillarlos y hacerlos sentir mal sin darnos cuenta, por ejemplo, cuando contamos cosas que los avergüenzan y pertenecen a su intimidad. Un buen ejemplo es lo que pasa cuando detectamos algo en un chat. Tenemos que cuidarnos de no reenviarlo a otras madres o padres, porque estaríamos haciendo exactamente lo que queremos combatir.

FORTALECER LA AUTOESTIMA

Los chicos que son más seguros de sí mismos establecen lazos saludables y se involucran con menos frecuencia en situaciones de violencia.

Ayudarlos a tolerar la frustración. La autoestima se construye fallando y con tolerancia al error. ¿Cómo? Dándoles confianza y enseñándoles que en algunas cosas somos buenos y en otras no, pero que eso no nos hace menos queribles. Tenemos que acompañarlos en sus caídas y mostrarles que si se equivocan o algo les sale mal, nosotros los vamos a abrazar.

No engrandecerlos. La autoestima no se fortalece repitiéndoles a nuestros hijos que son unos genios o diciéndoles "sos el mejor jugando al fútbol, sos Messi, sos un crack", cuando en realidad son “patadura”. En ese caso después van a terminar chocando con la realidad o desconfiando de ese halago. Mirar a nuestro hijo como al rey de la casa, merecedor de todo lo bueno y no de lo malo, no construye autoestima.

Evitar sobreprotegerlos. Muchas mamás y papás solemos preparar las mochilas de nuestros hijos e, incluso, les hacemos las tareas con la intención de ayudarlos, pero es importante que puedan ir resolviendo esas cuestiones por su cuenta. La autoestima se fortalece con el "regalo del no". El “NO” no es un castigo.

Mostrarnos vulnerables. Cuando los padres nos mostramos muy perfectos, los chicos se sienten poco valiosos. Es saludable mostrarles que nosotros también fallamos y tenemos debilidades, porque así ellos pueden animarse a contarnos si algo les cuesta. Por ejemplo, si nuestra hija o hijo no “engancha un novio o novia”, podemos contarles sobre las veces que a nosotros nos dejaron y cómo lo superamos.

CULTIVAR LA EMPATÍA

Enseñarles a los chicos a ponerse en el lugar de los demás los ayuda a ser mejores personas y a tener una mirada del mundo más amable e inclusiva.

Enseñar a ponerse en el lugar del otro. Es importante que los chicos aprendan que hay cosas que a ellos les pueden parecer pavadas, pero que lastiman a otros, como por ejemplo, los chistes. Si un compañero la está pasando mal, ese debería ser el límite, más allá de si nos da risa.

Validar y regular las emociones. Los chicos deberían aprender a poner en palabras las emociones negativas sin ir sobre el cuerpo del otro. La palabra ayuda a regular las emociones y permite encontrar soluciones a los conflictos.

No forzar. Ante un enojo o una situación violenta, tenemos que alentar a nuestros hijos a mirar hacia adentro, evaluar lo que hicieron y pedir perdón, buscando reparar el daño. A estos procesos tenemos que darles tiempo, tanto para pedir perdón como para perdonar.

FORMENTAR EL DIALOGO

Es importante que los adultos facilitemos espacios donde los chicos puedan hablar y contar lo que les pasa.

Compartir la propia experiencia. El diálogo se habilita poniéndonos a la altura de los chicos (aunque nunca como un par) y contándoles sobre los momentos difíciles que vivimos cuando teníamos su edad: "Yo cuando era chica me peleé con una amiga”, “La pasé mal, no tenía programas", por dar solo algunos ejemplos.

Mirar una película o video con ellos. Sirve cualquier excusa que permita abrir el escenario. En general a los chicos no les gusta que les hagan preguntas directas, sino más bien pensar en el problema poniéndolo afuera. “¿Qué harías si vieras una situación injusta? ¿Qué pensás sobre ciertas palabras? ¿Qué es para vos la confianza? ”. Podemos ir a situaciones muy concretas.

Prestar atención a sus intereses. Es clave hacerlo con los adolescentes. Una opción es prestar atención a las letras de las canciones que los chicos escuchan, para saber qué están encontrando en ellas. Lo mismo con los videojuegos o cualquier otro interés que tengan.

Dedicarles tiempo. Hay que generar espacios para conversar y no hacerlo a las apuradas. A veces los padres nos transformamos en organizadores o administradores de la vida y no le dedicamos tiempo a hablar de cosas más generales con una actitud receptiva. La idea es plantear las situaciones para que nuestro hijo o hija nos cuente lo que quiera.

PROMOVER VALORES

Valores como el respeto, la honestidad y la solidaridad se aprenden en casa y son fundamentales para una crianza libre de violencia.

Valorar la diversidad. Los chicos siempre preguntan por la diferencia y hay que responder. La realidad es que ellos suelen valorar la diversidad e incluir al otro si vienen de familias que lo hacen. La frase "está bien ser diferente" tiene que ser sostenida con todo: con el cuerpo, con la mirada, con la apertura de puertas, con el “no prejuicio” y con el "no estereotipo". Nuestro ejemplo es clave.

Tener en cuenta los posibles “no”. Tenemos que enseñarles a nuestros hijos que muchas veces no serán elegidos. Nadie es siempre elegido para todo. Podemos ayudarlos a comprender los motivos que puede tener un compañero para invitarlo, o no, a algún evento, de la misma manera que ellos pueden tener ganas de convocar a un amigo y no a otro. Lo que siempre tiene que estar claro es que organizarse entre todos para dejar a alguien afuera no es una opción posible.

Enseñarles a cultivar relaciones saludables. Una relación saludable implica la posibilidad de pensar y sentir diferente que el otro, sabiendo que podemos plantear nuestros malestares y necesidades sin temor a que se rompa el vínculo por eso. Cuando los chicos se relacionan de forma saludable, no se sienten entre la espada y la pared cuando los invitan a jugar sin su mejor amigo, porque entienden que se pueden tener varios mejores amigos. Distinto es cuando nos dicen, por ejemplo, “no invitaron a mi amigo, pero yo quiero ir”, porque piensan que para ser amigo de alguien tienen que hacer todo juntos.

TOMAR RESPONSABILIDAD

Los adultos tenemos que hacernos cargo de las situaciones violentas que surjan, brindando orientación y dándoles a los chicos alternativas posibles.

Mantenerse presentes. Frente a un comentario hostil no tenemos que dejar que se arreglen solos. Aunque no se trate de nuestro hijo, tenemos que cuestionar: ¿Qué quisiste decir? ¿Pensaste si a él o ella le dolió lo que dijiste? ¿Por qué creés que podés hacer/decir eso? Si la respuesta es que el otro “no puede"o “no sabe", podemos repreguntar si lo hace sentir más poderoso que alguien no pueda responder de la misma manera.

Cuestionarse. Algunas preguntas que nos podemos hacer: ¿dónde o por qué aprendió esto mi hijo? ¿Se lo estoy transmitiendo yo de alguna manera? ¿Esto es un valor en su grupo de pares? Si es así, ¿de qué manera podemos acompañar a los chicos para que construyan otras maneras de estar juntos?

Poner límites. Si nuestro hijo nos pide invitar a todos los compañeros de su curso menos a uno, y lo dejamos pasar, lo más probable es que cuando a él lo dejen afuera, también tengamos que dejarlo pasar. Si en cambio le enseñamos que tiene que invitar a todos, lo ayudamos a dar el ejemplo y lo protegemos de que lo excluyan en un futuro.

Proponer alternativas. Si entre todas las nenas dejan afuera a una porque no le gustan las mismas cosas, o porque el grupo construye el vínculo en función de un "nosotras" y "ella", los adultos podemos mostrarles otros espacios en los que esa nena tiene un montón para ofrecer. Se pueden hacer "encuentros de originalidades". ¿Qué cosa diferente tenés vos y podés mostrar? ¿Qué resolvés de otro modo? ¿Qué cosa te gusta hacer que a las demás no les gusta? Hay mucho que puede ser propuesto por las mamás, papás y cuidadores de niños.

No presionar. Muchos adolescentes no se involucran con el grupo porque no comparten los mismos intereses que la mayoría. Hay muchos modos de ser amigos en la adolescencia, y no necesariamente hay que tener un grupo numeroso de referencia. A veces esa necesidad es más bien de los padres.

Si querés o necesitás saber más sobre bullying, podés navegar nuestra guía. Vas a encontrar información sobre cómo darte cuenta si alguien sufre acoso y qué hacer, cómo hablar de las emociones con los chicos, de qué forma colaborar para que la escuela trabaje el tema, y dónde pedir ayuda.

foto AML

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