Es ejecutiva en una multinacional y lucha por un mundo laboral más inclusivo: “Cuando decía que era sorda no me querían contratar”
Carolina Schmid lleva 18 años en Manpower, empresa dedicada al reclutamiento de personal; sueña con que los CV de las personas solo informen la trayectoria académica y laboral
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Carolina Schmid había llegado a esa entrevista de trabajo preparada para darlo todo. Sabía que era un paso decisivo para cumplir su sueño de trabajar en una multinacional. Quería dejar en claro que tenía grandes capacidades para el puesto, aunque no olvidaba la cantidad de veces que había llegado a esa instancia con otras multinacionales que no pudieron ver más allá de su discapacidad auditiva y no la tomaron. Pero esa vez todo fue distinto. Cuando la recibió, el gerente solo se limitó a decirle: “Nos encanta tu CV, ¿cuándo empezás?“.
De aquel episodio ya pasaron casi 18 años y Carolina aún trabaja en el área de Finanzas de Manpower Group Argentina, la compañía en cuestión, que se dedica al reclutamiento de personal para empresas. Además integra el Comité de Diversidad, Equidad e Inclusión de la organización con un norte claro: que cada vez más empresas puedan conectar con el talento y las habilidades de las personas con discapacidad independientemente de su diagnóstico.
“Ante todo somos personas”, dice sobre el colectivo de personas con discapacidad y agrega: “Queremos ser autónomos y podemos ser felices, pero necesitamos buscar nuestra independencia como cualquiera. Y para eso es fundamental conseguir trabajo”.

Carolina tiene 42 años. Está casada y tiene dos hijos, de 10 y 11 años. Cuando era una beba de 9 meses, sus padres consultaron con un especialista porque no respondía a estímulos sonoros. El diagnóstico fue Hipoacusia Bilateral profunda.
Enseguida la llevaron al Instituto Oral Modelo, que trabaja con los niños sordos para que puedan comunicarse mediante el lenguaje hablado y la lectura de labios. “Una vez que adquirí esa habilidad, mi fonoaudióloga recomendó que me pasaran a un colegio de modalidad común cuando yo estaba en preescolar. Primer grado lo hice en un colegio 100% oyente”, explica.
Su tránsito por el sistema escolar tuvo sus sinsabores. “Durante la primaria, el colegio ponía en duda todos los años renovarme la matrícula. En ese momento no había inclusión, estaba muy arraigada la idea de que las personas con discapacidad iban a una escuela especial. La escuela no sabía cómo acompañarme”, dice.
Había dos cosas que Carolina necesitaba para ir a la par de los demás chicos: que no le hablaran rápido y que, por sobre todas las cosas, le hablaran de frente. Si los docentes hablaban de espaldas, por ejemplo, cuando borraban el pizarrón, ella no podía leerles los labios. “No todo el mundo tenía la misma empatía con estos detalles, así que me tuve que esforzar el doble, siempre. Pero esa chica que era sorda terminó siendo la abanderada en la secundaria”, dice con orgullo.
Lo que siguió fue la carrera de Administración de Empresas en la UCA. “Yo no quería explicarle a media universidad que no escuchaba. Eso hacía compleja la cursada, pero cuando necesité ayuda extra de la universidad, la pedí y siempre la tuve”, dice. En algunos casos, le pedía a los profesores que hablaran más lento. En otros, los docentes le anticipaban las clases para que pudiera leerlas y si habían videos, pedía los subtítulos.
“En el medio de la carrera perdí mi resto auditivo sin explicación. Eso complicó las cosas”, recuerda. La única solución para su caso fue un implante coclear. “El tema es que lleva un tiempo hasta que empieza a funcionar. Así que algunas materias las cursé sin escuchar absolutamente nada”, dice. A pesar de tener estos inconvenientes, Carolina cursó toda la carrera en cinco años y medio.

“Enseguida hice una maestría en finanzas pero yo quería empezar a trabajar”, reconoce. Y sigue: “Cuando cumplí 18 empecé a buscar mi primer trabajo. Quería tener mi independencia, no depender de mis padres para todo”, dice. Su primer empleo fue como cadeta en el estudio jurídico y contable de una amiga de sus padres. También trabajó en la Municipalidad de Quilmes.
En 2008 leyó una nota en LA NACION en donde la directora de sustentabilidad de Manpower incitaba a que las personas con discapacidad mandaran su CV. Siguió el consejo y enseguida la llamaron. Algo que no le había ocurrido nunca antes.
“Que los CV solo informen la trayectoria”
“Mi objetivo siempre había sido trabajar en una multinacional. Cuando veía un aviso me presentaba. Pasaba las primeras entrevistas pero cuando contaba que tenía discapacidad, el proceso se cortaba. Ya no me querían contratar”, dice.
Una vez en Manpower, pasó por diferentes sectores hasta llegar a Finanzas. Además, integra el Comité de Diversidad, Equidad e Inclusión de la firma que funciona desde hace tres años y en el que tiene a cargo las acciones de aprendizaje y capacitación.
“Doy talleres en forma voluntaria para organizaciones como Junior Achievement y también para personas con discapacidad en el barrio Mugica en el marco de la articulación de la empresa con el gobierno porteño”, explica. Su objetivo, cuenta, es acompañarlas en su proceso de búsqueda laboral.
“Yo siempre digo: ¿qué perdés haciéndole una entrevista a una persona con discapacidad? No perdés nada conociendo el perfil”, sostiene convencida. “Ahora, si no tenés las condiciones para acompañarla, es otro tema. Pero, por ejemplo, si buscás una contadora, ¿por qué no vas a darle la oportunidad solo porque tiene una discapacidad?”, agrega.
Uno de los sueños de Carolina, cuenta, es que los CV de las personas únicamente informen la trayectoria académica y laboral de las personas. “Mirás el perfil y si te gusta, continuás. Sería un primer paso clave para construir un mundo laboral inclusivo”, explica.
Carolina cree que es cuestión de tiempo para que los entornos más abiertos a la diversidad en todas sus formas sean la norma y no la excepción. “Creo que en 10 años el panorama va a cambiar mucho. Las generaciones más jóvenes son más receptivas pero, por lo general, no ocupan cargos jerárquicos o con poder de decisión”, dice.
Hasta que eso ocurra, asegura, seguirá trabajando desde el Comité para promover ese cambio. “Mi desafío es brindarle a las personas toda la ayuda que necesiten para que puedan encontrar un empleo formal y, con él, su cobertura médica y su independencia económica. Con eso van a estar felices y sus familias, más tranquilas”, asegura.
Hace unos meses, saliendo de un evento, se topó con un equipo de Yo También, una asociación que cuenta con una escuela audiovisual y una productora inclusiva. Buscaban perfiles de personas con discapacidad para una muestra fotográfica y audiovisual.
“Entré en contacto con ellos porque me gustaría que fueran proveedores nuestros”, explica. Cuando, en esa conversación, contó que tiene una discapacidad, le propusieron ser parte de una muestra que organizaron para visibilizar las dificultades que tienen las personas con discapacidad para conseguir trabajo. Dijo que sí.

La muestra se llamó “Entre Retratos” y buscó generar conciencia sobre la importancia de la inclusión laboral de este colectivo. Estuvo abierta al público hasta el 20 de diciembre y Carolina fue una de las personas retratadas. Las imágenes volverán a exponerse entre el 28 de mayo y el 20 de junio próximos en la sede principal de la Alianza Francesa.
Más información
La asociación civil Yo También trabaja por la inclusión de las personas con discapacidad intelectual a través de una escuela audiovisual que organiza talleres anuales de video y fotografía. Además cuenta con una productora inclusiva que ofrece servicios fotográficos, audiovisuales y gráficos.
- Si querés contratarlos, donar o conocer más sobre lo que hacen, podés ingresar en su sitio web o escribirles a info@yotambien.com.ar
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