Cuando lagenerosidad nos llevaa ayudar a extraños
Las personas que desarrollan la empatía –capacidad dereconocer al otro y su necesidad para poder ser unomismo– llegan incluso a comprometerse con losproblemas de personas que no conocen
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Apadrinar a un niño para que termine sus estudios, preparar una cena para personas en situación de calle, brindar asesoramiento jurídico gratis, donar tiempo. Simples acciones que muchas personas realizan en nuestro país desde el anonimato.
Anonimato que es recíproco en principio –ya que ayudan a desconocidos–, pero que, con el paso del tiempo, muchas veces logra formalizarse en un vínculo de amistad, compañerismo y generosidad.
Existe a nivel internacional un estudio que mide el índice de generosidad mundial (World Giving Index 2013 en inglés). Realizado por la ONG Charities Aid Foundation of América (CAF) el informe –que abarca a 135 países donde está la Argentina, durante el período 2008-2012– se basó en tres tipos de ayuda para evaluar el comportamiento de donaciones: financiera, a un extraño y en forma de voluntariado.
Por medio del estudio se llegó a varias conclusiones. Por un lado, la cultura de dar es una tendencia que se incrementó en 2012, donde el ayudar a extraños es la clave de dicha evolución, y por otro, el crecimiento más sustancial se da en cuanto a la cantidad de personas que ayudan a desconocidos.
¿Qué lleva a una persona a ayudar a otra que no conoce? ¿Por qué lo hace? "Toda persona por el hecho de ser persona nace con dos grandes fuerzas, Eros y Tánatos. La primera encierra todas las formas de positividad de construcción y la segunda, todas las de destrucción. Ambas son parte de la condición humana, no es que unos nacen más favorecidos en ayudar al que conoce o al que no conoce. En general el deseo se activa cuando uno experimenta que sin el otro no es", explica la filósofa Josefina Semillán Dartiguelongue.
En este sentido, Dartiguelongue dice que la empatía juega un rol fundamental. "Es la capacidad de reconocer al otro y la dimensión de la necesidad del otro para ser uno mismo. Hay que entender que sin el otro no hay construcción de la propia identidad y creo que debe profundizarse desde el nacimiento de la persona", destaca la filósofa.
A nivel nacional, un claro ejemplo es el Día del Pequeño Gran Gesto. La campaña solidaria –que hace nueve años se realiza todos los 19 de julio– reúne a miles de personas en nuestro país que se toman un día libre para frenar con la vorágine cotidiana y salir a dibujar sonrisas.
"Por la naturaleza de la campaña, que busca que cada uno desde su lugar ayude a quien quiera, es muy difícil conocer el alcance final de la cruzada. Todavía nos siguen llegando mails de los pequeños grandes gestos que se realizaron: empresas que armaron jornadas solidarias de manera corporativa con sus empleados, instituciones que realizaron ferias y actividades para recaudar fondos, grupos de amigos que se pusieron de acuerdo para ayudar a quienes más lo necesitan en grupo y otros pequeños gestos solidarios de manera individual. Todos ayudaron a que el mundo sea hoy un lugar al menos un poquito mejor que ayer", cuenta Mara Subotovsky, una de las organizadoras de la cruzada.
Mientras algunas acciones se potencian en una jornada, otras tratan de generar un vínculo que se sostenga en el tiempo. Como es el caso de un grupo de jóvenes abogados que brinda apoyo jurídico gratuito en Ciudad Oculta.
"Había que tener ganas y por sobre todo compromiso porque no era la idea dejar pagando a la gente –cuenta Gabriela Serrentino, abogada del grupo–. Me ofrecieron formar parte cuando estaba haciendo la práctica profesional, en el último año de la carrera; probé y hace tres años que estoy, y no me arrepiento, me encanta."
Gabriela integra el grupo de diez abogados que todos los sábados asesoran a los vecinos.
"Nos encontramos con todo tipo de casos, perola idea tiene que ver con acercar un poco más de información, que por ahí no está clara o ellos no entienden, filtrar dudas y darles la posibilidad de ver cómo resolver determinado conflicto", explica la abogada. Y agrega: "Esto la verdad no te genera ningún gasto, ningún esfuerzo. La satisfacción pasa por tratar de darle una solución al problema que aqueja a la persona que viene a verte".
Por su parte, Alejandra Herren nunca olvidará la primera vez que preparó comida para salir a repartir viandas en vísperas de Nochebuena. Aquel verano de 2011 la temperatura marcaba 42°C, el menú a preparar era pollo con ensalada rusa y era inevitable encender el horno.
"Terminamos hechas sopa y todavía faltaba salir a la calle a repartir las cenas –recuerda Alejandra–. ¿Cómo surgió la idea? Se le ocurrió a mi hija Dulcinea. Nosotras no somos católicas, consideramos que la Navidad es una fecha con valor religioso y decidimos darle un sentido a ese día."
Así, hace tres años que a través de Facebook realizan la convocatoria para que la gente se una a la iniciativa, ya sea donando dinero –desde 5 pesos en adelante– o su tiempo.
"Después se compran los materiales, publicamos todos los tickets de compra en la red social y sacamos fotos del recorrido. La idea es que nos copien otros grupos en diferentes barrios y generar una reacción en cadena", dice Alejandra, desde la localidad de San Telmo, lugar donde reparte las viandas navideñas a más de 40 personas.
Por qué ayudar
"No me gusta hablar de efecto contagio
cuando la gente ayuda a otros, porque pareciera algo mecánico. Cuando uno es persistente y mantiene ese proyecto o gestos solidarios a lo largo de la vida, puedo asegurar que no es por impulso, es una opción y un modo de conocerse a sí mismo", afirma Dartiguelongue. Francisco Maletti ya conocía la realidad de los chicos de las comunidades rurales de Chaco. "Había ido a misionar cuando estaba en el colegio Champagnat y desde allí siempre me quedó claro que si uno logra llegar al menos a una persona, puede cambiar su mundo. Lo mismo pensé cuando me presentaron la propuesta de apadrinar a una niña de Tres Isletas, en Chaco. No lo dudé", cuenta Francisco.
Hace más de cinco años que Francisco acompaña a su ahijada Pabla, a través de una beca –que implica un pago mensual para cubrir la residencia, los útiles, uniformes, las tutoras y los materiales técnicos–, para que ella pueda terminar la escuela secundaria técnica. No se conocen cara a cara, pero sí se cartean.
"Le escribí varias veces, siempre con la intención de conocer más acerca de sus inquietudes. Obviamente que a la distancia cuesta un poco más, pero estoy al tanto de su rendimiento escolar a través de los informes que me manda la fundación –dice el padrino de Pabla–. Sé que sólo destinar plata no me deja muy contento, por eso quiero ir a visitarla y poder involucrarme más en su desarrollo." Por su parte, el grupo de familias catequistas de la comunidad de San Patricio en el barrio de Belgrano quería que sus hijos se involucrasen en una actividad solidaria, pero que se sostuviera en el tiempo.
"Queríamos que no fuera simplemente dar una cosa a otra persona y listo, que fuera algo más profundo, donde se generara un vínculo de amistad. Y quisimos que fuesen personas que no conociéramos para ver otra realidad y salir un poco de esto de ayudar al que tengo cerca", relata María Eugenia Santamaría, integrante del grupo y mamá de Manuel, de 11 años.
Así, por recomendación del padre Pepe Di Paola, se pusieron en contacto con Juan Aranda, director de la escuela rural que está en El Corrido, zona del Chaco santiagueño y se realizó el primer intercambio de cartas entre los niños de ambas localidades, junto con cajas con donaciones de ropa, útiles, entre otras cosas. "Luego varias familias viajamos en 2013 y fue una experiencia increíble. Puedo asegurar que es mucho más lo que recibimos que lo que damos, porque es muy conmovedor el vínculo que se generó con los chicos. Mi hijo ya me dijo que quiere volver y quedarse más tiempo con ellos", dice María Eugenia, quien a su vez cuenta que este año terminaron de recaudar el dinero que se destinó para construir un comedor que necesitaba la escuela y van por la instalación de Internet.
Devolver lo que uno aprendió
Desde Ciudad Oculta, Gabriela también rescata el vínculo que se generó con los vecinos del barrio. "Hay muchos que vienen simplemente a chalar con vos, a tomar unos mates y de paso te consultan algo; otros que nos traen cosas hechas por ellos en agradecimiento. ¿Por qué lo hago? Porque me gusta, es realmente gratificante. Uno estudia toda su vida,a veces tenés la suerte de que sea algo que en particular te gusta y es una forma de devolver lo que uno aprendió", recalca la abogada.
"En mi caso –dice Alejandra– tiene que ver con mis creencias: todos somos uno y para mí el dolor de los demás es también el mío. En el año además colaboro con Red Solidaria y Fundación Sí, y la gente te retribuye con amor, alegría y abrazos. Ver cómo cambia la cara de un nene que vive con su familia en la calle cuando le das una gaseosa, algo tan simple como eso, no tiene precio." Y concluye: "Sin duda que me gustaría hacer más, pero me parece que si cada uno aportara su grano de arena lograríamos un mundo más confortable para todos, esto de empezar por casa, con lo que puedo"


