Depresión infantil: ¿cómo afecta a los chicos y cómo detectarla?

María Ayuso
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12 de agosto de 2019  • 18:52

Es una problemática más común de lo que se cree, pero sobre la que se conoce y se habla poco. Aunque en el país no hay estadísticas oficiales, pediatras, psicólogos y psiquiatras infantojuveniles afirman que la depresión es un trastorno del estado de ánimo que afecta a una cantidad considerable de niños, niñas y adolescentes de cualquier condición socioeconómica. Si bien la detección temprana y el tratamiento adecuado son fundamentales para garantizar su adecuado desarrollo y evitar que la problemática escale, lo que hoy prevalece es el subdiagnóstico.

¿Los motivos? La dificultad de los padres para identificar conductas que muchas veces se naturalizan o minimizan, así como de los pediatras para leer los síntomas, que en una gran cantidad de casos no son los que suelen asociarse a esa condición, "disfrazándola".

Eduardo Silvestre, médico pediatra, explica qué es la depresión y cómo detectarla en los chicos

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De hecho, los síntomas suelen ser polares y variar según la edad: desde chicos que no tienden a agarrar los juguetes o que demandan poca atención, hasta los que lloran de forma constante sin nada que los calme; desde los que no puede conciliar el sueño, hasta los que duermen todo el día; desde los que están desvitalizados a aquellos que presentan hiperactividad.

Eduardo Silvestre, pediatra, jefe del Área Ambulatoria del Hospital Garrahan y divulgador científico de Grupo Medihome, sostiene que la mayoría de los chicos dan vueltas por un montón de profesionales, como gastroenterólogos o neurólogos (ya que los dolores de panza o cabeza frecuentes son algunas de las manifestaciones), sin que se tenga conciencia de que en realidad tienen una depresión, que en algunos casos recién se detecta cuando son adultos.

Si bien los especialistas subrayan que los niños y adolescentes no pueden ser diagnosticados solo por un listado de síntomas, estos sí funcionan como alarmas para hacer una consulta, donde se realizará un psicodiagnóstico de su estado emocional y del desarrollo, que en los más pequeños es mediante el juego, reconstruyendo su historia y la de su familia.

Algunos de los síntomas son:

En menores de 2 años

  1. Sonríen poco o nada
  2. Llanto permanente o demanda constante
  3. Desinterés por las personas
  4. Poco o breve contacto ocular
  5. Pasividad, poco interés en objetos, falta o disminución del juego esperable para la edad
  6. Alteraciones o retraso del lenguaje
  7. Alteraciones del sueño

De 2 a 6 años

  1. Irritabilidad o tristeza
  2. Problemas de conducta
  3. Aburrimiento (menos juego) o hiperactividad
  4. Dificultades con pares, aislamiento o peleas frecuentes
  5. Alteraciones del sueño, pesadillas, dificultades para ir a la cama
  6. Alteraciones en la comunicación
  7. Dificultades con la alimentación, aumento de peso brusco, hiperselectividad o restricción
  8. Autoagresiones en la cabeza, arañazos, tragarse objetos

De 6 a 12 años

  1. Tristeza
  2. Aislamiento o problemas de conducta
  3. Quejas somáticas
  4. Problemas en la atención, en el aprendizaje y afectación del rendimiento escolar
  5. Baja autoestima, sentimientos de inadecuación
  6. Cambios en la forma de relacionarse con pares (por ejemplo, cambios de grupos de amistades)
  7. Trastornos alimentarios restrictivos o por incremento de peso
  8. Ideación suicida

Consejos para padres

Adriana Ingratta, jefa de Servicio de Salud Mental del hospital Elizalde, da una serie de consejos para alentar a los chicos frente a ciertas dificultades:

Sentimientos de culpabilidad

Ayudar a los chicos a distinguir entre los acontecimientos que pueden controlar y los que están fuera de su alcance, ayudándolos a que comiencen a hablar positivamente de sí mismos

Baja autoestima

Si son niños con tendencia a criticarse a sí mismos, elogiarlos frecuentemente con sinceridad; acentuando lo positivo y estimulando las próximas acciones que llevarán adelante

Conductas agresivas

Siempre rechazar el comportamiento destructivo de una manera amable, pero firme; estimular a los hijos a expresar sus sentimientos de enojo apropiadamente, sin ira ni violencia

Si les cuesta comer y dormir

Ante pérdida de apetito, no obligarlos a comer y ofrecerles sus platos favoritos. Si tiene problemas para dormir, mantener un horario constante y generar actividades relajantes, como leer

Falta de interés

Preparar una actividad interesante al día; planificar acontecimientos especiales; comentar temas agradables y pedirle al niño que anote sus pensamientos placenteros varias veces al día

Interconsulta preventiva

Es muy importante contar con un pediatra que conozca al niño y lo acompañe en el cuidado físico, pero también en lo emocional; así, ante una sospecha podrá aconsejar una interconsulta preventiva

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