
Desigualdad: faltan estrategias para revertir la exclusión social
Los programas asistencialistas permiten superar el hambre y las urgencias, pero no ayudan al desarrollo del potencial humano
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Algunos están a la vista. Se los puede ver en la calle, en las plazas, en las estaciones de subterráneo. Muchos hacen malabares en los semáforos intentando despertar en los automovilistas la sonrisa que ellos perdieron y conseguir una moneda a cambio. Otros tienen menos suerte y permanecen invisibles, víctimas de la explotación.
Unos y otros viven el día a día, porque no hay un futuro que los espere o, lo que es peor, es preferible no imaginarlo. Sus miradas son tristes; les robaron los sueños.
"Dar cuenta de las desigualdades en los distintos estratos de la sociedad es el primer paso para construir un proyecto que nos ayude a tener una sociedad más equitativa, donde todos tengan la oportunidad de desarrollarse", explica Agustín Salvia, doctor en Ciencias Sociales y jefe de investigadores del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina. Con un equipo de diez profesionales, crearon las herramientas para medir las privaciones y necesidades de distintos grupos sociales, tanto en el nivel de vida como en las posibilidades de realizaciones personales.
"Profundizando en el aspecto de la niñez, encontramos que los problemas no son homogéneos. Nosotros analizamos tres áreas bien definidas: la crianza, la educación y la socialización. Es cierto que hay cuestiones que atraviesan todos los estratos, pero la violencia que pueden sufrir los sectores más altos es mayoritariamente contra la propiedad, mientras que entre los más desprotegidos la violencia atenta contra la integridad física. Por eso, un mismo aspecto afecta de manera disímil en los distintos sectores."
Las conclusiones de la investigación fueron publicadas en el Barómetro de la Deuda Social. Muchos de los datos procesados en 2005 son alarmantes.
Los resultados obtenidos de familias con niños menores de 13 años mostraron que más de un 10 por ciento de los hogares de clase baja y muy baja informó haber sufrido episodios de hambre de manera frecuente; en más de la mitad de esos hogares no cuentan con un seguro de salud y los problemas económicos hicieron que muchos no recibieran asistencia sanitaria o medicamentos; uno de cada dos hogares de estratos bajo y medio bajo carecía de un hábitat adecuado; en uno de cada tres hogares con niños menores de 13 años, al menos uno de ellos fue víctima de un delito; en la mitad de los hogares con niños de 12 años o menos, el clima educativo es medio o bajo, con diferencias muy marcadas según la ubicación residencial, y la mayoría de los hogares, tanto de estratos más vulnerables como de clase media, debieron cancelar sus paseos y salidas recreativas.
No todo es dinero
Salvia advierte que es importante no caer en la suposición de que una gran transferencia de divisas corrige estos problemas.
"El dinero es importante, puede solucionar aspectos nutricionales, pero hay otros factores que se corrigen con políticas integrales. Creemos que los dispensarios deben estar en los barrios, con profesionales bien remunerados; que los sectores más humildes deben tener colegios bien construidos, con docentes experimentados y no con pasantes como suele suceder; que los chicos vayan allí a aprender y no sólo a comer; que los barrios tengan una planificación urbana que favorezca la socialización positiva, como una plaza, o espacios abiertos comunitarios, ya que los pobres tienden a encerrase, aumentando su situación de marginación", afirma el investigador.
El trabajo de campo arrojó otros datos valiosos, como las diferencias entre las grandes urbes y las pequeñas ciudades.
"Obviamente que el problema en el Gran Buenos Aires es muy grave por la magnitud; sin embargo, hay más recursos disponibles. Sin embargo, en el NEA y el NOA la gravedad es mucho más profunda, porque allí muchas veces ni siquiera llega el asistencialismo", dice Salvia.
¿Puede haber cambiado la situación en el último año? "En estos momentos estamos trabajando para ver las variaciones, pero aunque algunos indicadores pueden haber mejorado, la radiografía estructural es la misma, porque las desigualdades se mantienen."
Finalmente, el jefe de investigadores del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina expresa que se necesitan políticas integrales que permitan superar los problemas de jurisdicción (municipal, provincial y nacional), y las superposiciones de ministerios y secretarias. Un paso intermedio sería la creación de un organismo que centralice las acciones, como una agencia nacional de políticas sociales y desarrollo humano.
"El asistencialismo puede paliar el hambre, llevar los chicos a la escuela o dar medicamentos en los estratos más humildes, pero no es suficiente para revertir generacionalmente la situación de exclusión. Es deber del Estado brindarles asistencia. Pero también es necesaria la inversión social que les permita superarse, integrarse. No sólo llevar una vida digna con las necesidades satisfechas, sino que tengan igualdad de oportunidades para desarrollar todo su potencial humano", concluye Salvia.
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