El angel de las prisiones
Alivio y presencia para quienes están privados de libertad
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Afirma que tiene 86 años, pero la sangre fluye por sus venas como un oasis de vida inagotable. Desde su juventud trabaja atendiendo las almas de las personas privadas de su libertad y se alimenta de sus sueños.
Consagrada a los 17 años, sostiene que la Virgen la sostuvo de la mano al nacer y todavía no la suelta."Tengo hijos adoptivos desparramados por todo el mundo", asegura María de la Concepción. Es conocida como el ángel de las prisiones, título que le fue otorgado en la prisión de Stateville, de Chicago.
Su vida cambió cuando un chico que había cuidado en un asilo le escribió a los 16 años desde la cárcel de Caseros y ella empezó a visitarlo. Héctor se rehabilitó, estudió periodismo, se fue a España y actualmente vive y trabaja en Roma. Esta es una de las tantas personas que "Conce", como le dicen sus amigos, hizo florecer.
Comenzó su peregrinar por la cárcel de Caseros y hoy todavía sigue dejando su huella. En la actualidad concurre tres veces por semana a las instalaciones carcelarias de Ezeiza, donde ofrece su cariño a 350 chicos de 18 a 21 años. En cada pabellón funciona un grupo de oración donde alrededor de 20 jóvenes rezan, charlan sobre sus problemas y se ocupan de acompañar a los presos abandonados.
Su obra
Hace seis años que trabaja en conjunto con Caritas Buenos Aires, institución que colabora con las urgencias de los presos, brindándoles ropa, alimentos y artículos de higiene. "La carencia de los elementos básicos para la higiene personal, ropa de abrigo y zapatillas, los hace considerarse menos personas y los sumerge en un sentimiento de amargura que se acerca al resentimiento y al desprecio para la sociedad", afirma Villa.
Nacida en España, y criada en la Argentina, esta mujer asesoró a grupos de jóvenes de varios países de América en la lucha contra el uso indebido de drogas y fundó la primer cooperadora en las cárceles argentinas.
Estuvo veinte años trabajando en los Estados Unidos con las minorías hispanas y colaboró con varias revistas de España y México.
Su vocación de servicio que la empuja a cumplir su tarea con fervor y pasión por lo que hace, la impulsa a formar jóvenes para que puedan tener la posibilidad de estudiar y trabajar. Se compromete con las causas judiciales de los presos, realiza un seguimiento cuando salen para que no reincidan y les brinda una profunda contención emocional y religiosa.
"Son muchos los casos de individuos que han purgado condena siendo inocentes. Por eso no conviene juzgar a los que entran en ese mundo tan desconocido. Son personas como uno que necesitan cariño y buscan ser escuchados", explica mostrando la filosofía que la mueve a ofrecer su vida a los demás.
En Caseros le decían Hermana, y hoy en Ezeiza la llaman Tía. Su bondad la llevó a seguir manteniendo una estrecha relación con todos los jóvenes que salen y se recuperan.
Sueña con fundar algún día una colonia agrícola en la provincia de Buenos Aires donde se les pueda enseñar a los presos a trabajar la tierra y producir frutos. Seguramente llegue a lograrlo. Para esta luchadora, nada parece imposible..
Así como esta mujer llena de vitalidad se ocupa de quienes están detrás de las rejas, también existe una asociación dedicada a llevar adelante una aparente utopía similar. Sin embargo, para los miembros de la Asociación Civil María de las Cárceles es algo posible y real: llevar la palabra de Dios a los encarcelados.
Todo surgió cuando Adriana von Kraull, catequista en una parroquia de Floresta, visitó el Instituto Manuel Rocca, la cárcel para varones menores de edad. Conoció la realidad del hombre que vive entre rejas y puso manos a la obra. Hoy asisten semanalmente a ocho penales, entre los que está la cárcel de Olmos, con más de 3000 internos.
A su vez, apuntan a la atención integral de los presos y de su familia por medio de diversos talleres.


