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El método de una fundación para que 300 jóvenes vulnerables consigan trabajo

En el Bajo Boulogne, una ONG detectó una paradoja: en el barrio no había empleo pero varias empresas no lograban cubrir puestos vacantes; con grupos de apoyo, mensajes diarios y referentes cercanos, lograron cambiar ese desencuentro

Sebastián aprendió a manejar su ira en la Fundación Esquinas y pudo conseguir un mejor trabajo. Ignacio y Verónica, quien actúa como operadora barrial, trabajan en el Bajo Boulogne rescatando a chicos en consumo o asistiendo a familiares. 

14/08/2026.

En el Bajo Boulogne, una ONG detectó una paradoja: en el barrio no había empleo pero varias empresas no lograban cubrir puestos vacantes; con grupos de apoyo, mensajes diarios y referentes cercanos, lograron cambiar ese desencuentro

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La Casa del Joven es una construcción que sobresale en el barrio, donde la mayoría de las casas son bajas, a veces a medio terminar, casi siempre de ladrillo hueco a la vista. Cae la tarde y empieza a haber movimiento en este espacio que depende de la parroquia Santa María del Camino. Son chicos que buscan cursos, terapia. También trabajo.

Esta casa construida en los años 80 en el Bajo Boulogne, un barrio humilde de San Isidro, es la sede de la Fundación Esquinas, un espacio de inserción laboral para los jóvenes de la zona. En sus 15 años de historia, ya conectó a 300 chicos con el mundo del trabajo.

“Al principio, le mendigábamos trabajo a las empresas. Después entendimos que lo que hacíamos les servía a ellas también”, dice Ignacio Servino, coordinador de la Casa y principal referente de la organización.

Ignacio es economista. Cuando esta historia empezó, era profesor de un bachillerato nocturno del barrio y, además, asesor de pymes. En esa época, empezó a notar una paradoja: los chicos le decían que no conseguían trabajo y los empresarios le juraban que no encontraban gente para cubrir puestos vacantes.

Habló con el cura de la parroquia y confirmó algo que sospechaba: a la Casa del Joven llegaban chicos que no sabían cómo buscar trabajo. Así que empezó a ayudarlos a armar sus currículums y a conectarlos con fábricas que buscaban personal.

Con las primeras inserciones laborales, comenzó a recibir llamados de los empleadores: “Insultó al supervisor”, “falta todos los lunes”, “se agarró a piñas en el vestuario”. “Ahí entendimos que había que generar un proceso para que estos chicos pudieran sostener un trabajo”, recuerda.

Ese proceso hoy es un programa de inserción laboral y tiene un nombre elocuente: “De la esquina al trabajo digno”. La explicación es simple: muchos de esos jóvenes que van al espacio se juntan en las esquinas del barrio cuando no tienen mucho que hacer.

Verónica Iribarne junto a Sebastián, uno de los jóvenes que asiste a los grupos de inserción laboral
Verónica Iribarne junto a Sebastián, uno de los jóvenes que asiste a los grupos de inserción laboralHernan Zenteno - La Nacion

La propuesta se estructura sobre reuniones mensuales con operadores barriales, es decir, vecinos que fueron capacitados en trabajo social para poder acompañarlos mejor. “También se ayudan entre ellos. El que lleva bastante tiempo en un trabajo aconseja al que recién empieza o al que está buscando”, cuenta Verónica Iribarne, una de las operadoras.

El proyecto de la Fundación Esquinas se suma a la oferta de cursos y talleres de la Casa, que por mes convoca, en promedio, a unas 100 personas del barrio a partir de los 16 años. Actualmente hay clases de ploteo, panadería, manicuría y bijouterie, entre otros.

“No saben cómo buscar trabajo”

Las reuniones para el programa de inserción laboral son mensuales. Ignacio cuenta que, para asistir, hay que tener 18 años cumplidos y que el número de asistentes es variable, pero que actualmente a las reuniones van unos 10 jóvenes de entre 18 y 30 años.

“No todos son chicos que tienen o tuvieron problemas de consumo. A veces deben una materia o acaban de terminar la escuela, pero no saben cómo buscar trabajo y empiezan a deprimirse. Y ahí está el riesgo de otro consumo: el celular”, agrega Verónica.

Una vez que alguien se suma, hay criterios que son clave: no tener conductas de riesgo (por ejemplo, si está en recuperación por un consumo problemático, que esté cumpliendo con el tratamiento), ser capaz de sostener una rutina y tener un referente positivo cerca.

Cuando un joven cumple con todo eso, recién ahí puede aspirar a postularse a las propuestas de trabajo que llegan al grupo.

La mayoría son jóvenes que tienen un doble desafío para conseguir un empleo. En un contexto en el que la tasa de desempleo juvenil duplica las cifras generales (15% contra 7,8%, según cifras del Indec para el primer trimestre de este año), solo el 3% de los jóvenes que crecen en hogares pobres accede a un trabajo formal, según un estudio del Observatorio de la Deuda Social de la UCA generado en exclusiva para LA NACION.

“Ellos saben que no podemos garantizarle un empleo a todos porque no tenemos tantos pedidos. Solemos articular con pymes de zona norte, entre Vicente López y Pilar, sobre todo con metalúrgicas de Florida, Munro y San Martín”, dice Ignacio.

Ignacio Zervino: "Está tan naturalizado el consumo en las familias que cada vez menos se pide ayuda por eso"
Ignacio Zervino: "Está tan naturalizado el consumo en las familias que cada vez menos se pide ayuda por eso"Hernan Zenteno - La Nacion

En el grupo se comparte de todo: un problema con el supervisor, una quincena que llegó mal liquidada, el miedo a la primera entrevista o a preguntar cuánto van a cobrar.

“Trabajamos mucho la mecha corta, esa reacción o enojo impulsivo –explica Verónica–. Muchos pibes vienen de situaciones tan duras que sienten que el otro se va a aprovechar de él apenas pueda”.

Sebastián Costa resume su pasado con la siguiente frase: “Fui todo lo que estaba mal”. Por eso describe a este grupo como fundamental en su vida: “Me ayudó a trabajar la tolerancia”, reconoce.

Sebastián creció en el Bajo Boulogne. Sus padres se separaron cuando él tenía 8 años y los dos trabajaban todo el día. Se acostumbró a moverse solo.

Empezás a hacer lo que hacen los demás: un pucho, una cerveza, un faso. Después querés experimentar otras cosas y te vas manejando en un entorno cada vez más violento”, resume.

Sebastián Costa: "Fui todo lo que estaba mal. Estaba acostumbrado a reaccionar con violencia pero la Fundación me ayudó a manejar la tolerancia"
Sebastián Costa: "Fui todo lo que estaba mal. Estaba acostumbrado a reaccionar con violencia pero la Fundación me ayudó a manejar la tolerancia"Hernan Zenteno - La Nacion

Llegó al grupo hace siete años y, si bien hoy trabaja de noche en una fábrica de helados, sigue yendo. “Me sirve mucho para no reaccionar con violencia ante cualquier problema en el trabajo. A veces cuento hasta 200, recuerdo mis objetivos y bajo. Por suerte mi supervisor y mis compañeros son buena gente”, reconoce.

Justo cuando Sebastián se despide porque tiene que irse a trabajar, llega Maximiliano Franco. Este joven de 22 años nació y vive en el Bajo Boulogne, pero su historia con la esquina se escribió a 30 cuadras de su barrio, en la villa Hidalgo, partido de San Martín.

Maximiliano es el menor de 10 hermanos y cuenta que a los 16 empezó a llevar una doble vida. “Era un cachivache que se las mandaba por debajo de la mesa”, dice.

En su barrio era un pibe tranquilo que iba a la secundaria, pero en paralelo, en villa Hidalgo, transgredía todos los límites. “Empecé con un porrito. Los pibes con los que me juntaba estaban pillos en otras cosas, se mandaban a robar motos, pero eran re compañeros conmigo y yo no los juzgaba”, cuenta.

Con el tiempo, frecuentar la esquina se volvió más peligroso y algunos amigos cayeron presos. “Ya tenía 18 y no quería terminar así. Un día vi que en Casa del Joven había boxeo y me acerqué. Me empezó a gustar y decidí cortar con la doble vida. Me puse las pilas”, recuerda. Hace cuatro meses que trabaja en una fábrica de Villa Adelina y alquila un departamento junto a su pareja.

Maximiliano Franco, de 22 años: "Fui un cachivache pero a los 18 me puse las pilas"
Maximiliano Franco, de 22 años: "Fui un cachivache pero a los 18 me puse las pilas"Lorena Oliva

“No les soltamos la mano”

Cada vez que habla con los empresarios que toman mano de obra no calificada, Ignacio cuenta que escucha el mismo relato. “Te hablan de los mismos problemas: inasistencias, problemas de consumo dentro de la fábrica, dificultad para entender una consigna, alto ausentismo los lunes. No es que solo nuestros chicos pueden llegar a tener esos problemas sino que es generalizado”, dice.

Por eso, destaca que el trabajo de la fundación es muy útil para las empresas: “Acá les hacemos seguimiento cuando empiezan a trabajar. No les soltamos la mano ni a los chicos ni a sus empleadores”.

Cuando alguien consigue trabajo, se activa una nueva fase de acompañamiento. Los primeros tres meses hay mensajes diarios, recordatorios de horarios, ayuda para organizar el sueldo, indicaciones tan concretas como llevar un parche de bicicleta por si se pincha una rueda camino al trabajo. “Es una especie de marcación cuerpo a cuerpo”, dice, bromeando, Ignacio.

Verónica Iribarne recorre las calles del Bajo Boulogne acompañada por jóvenes de la zona
Verónica Iribarne recorre las calles del Bajo Boulogne acompañada por jóvenes de la zonaLorena Oliva

Verónica e Ignacio coinciden en algo que repiten de distintas formas: la esquina no desaparece señalándola con el dedo ni encerrándola con un candado. Se transforma cuando alguien se acerca sin juzgar y le ofrece a los chicos que la habitan otro espacio posible.

“Ahora nos pasa que algunos de los que se fueron vuelven porque se quedaron sin trabajo”, dice Ignacio con cara de preocupación. “La mano está muy dura. Pero acá siempre son bienvenidos”.

Más información

Esquinas es una fundación que nació hace 15 años y acompaña a jóvenes en situación de vulnerabilidad en su inclusión laboral.

  • Si querés conectarte con la Fundación Esquinas para ofrecer trabajo o recursos, podés hacer clic acá.
  • También podés escribirles a: coopcasadeljovenboulogne@gmail.com o bien por Whatsapp al: +54 9 11 5042-8324

Vidas Desiguales

Esta nota forma parte de Vidas Desiguales, una iniciativa de Fundación LA NACION que busca promover oportunidades reales para adolescentes y jóvenes que crecen en contextos vulnerables