
El orgullo de haber llegado a la vejez
Por Miguel Espeche Para LA NACION
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Viejo es una palabra noble. Da cuenta de lo que un ser humano llega a ser tras años de vivir, de tallar la madera de su destino y sortear innumerables vicisitudes. Como tantas otras, la palabra viejo ha sido robada y su significado se ha contaminado con un solapado sesgo peyorativo que se intenta disimular con eufemismos, como si la vejez fuera algo que merece ocultamiento o pena.
Abuelitos, jubilados, entre otras, son expresiones que dejan en el olvido el título de señor o señora, que nunca debe dejarse de lado a la hora de señalar el rango de una persona.
En todo caso, si hay que señalar el aspecto etario de alguien, vale lo de viejo o de anciano, siempre que se rescaten dichas palabras y se las honre en su esencial significado.
En nuestra cultura, la idea de vida plena sólo es asociada a la pulsión juvenil, sea ejercida por los jóvenes propiamente dichos o por ancianos llenos de ímpetu.
"Tanto me esforcé en la vida por llegar a viejo, y ahora me dicen que no debo parecerlo, que debo disimular mis años, incluso me elogian porque dicen que parezco joven. Yo soy viejo ¡y a mucha honra!" Quien esto decía, un hombre mayor, se indignaba cuando elogiaban el hecho de que su edad no se notara.
Decir usted no parece tener la edad que tiene es un comentario válido. Pero, más que valorar y respetar el paso de los años y lo que éstos traen aparejados, crea un clima en el que lo elogiable es el disimulo que una persona logra respecto de su edad. De no lograrse o no desearse ese disimulo, ¿qué ocurre con la real valoración y respeto por este momento de la vida?
Andar en bicicleta, trabajar, hacer proyectos, leer sin anteojos, tener relaciones sexuales, bailar, todas son formas de la vitalidad que nos pueden acompañar desde la juventud hasta el final de nuestros días. Cuando son desarrolladas desde el goce por la vida y no desde el ansioso miedo a morir, son la maravilla misma.
Sin embargo, en la vejez se suman nuevos aspectos de la vitalidad. Son aspectos de un orden menos visibles para el ojo del que acostumbra a ver sólo la superficie de las cosas.
El coraje ante el dolor físico y anímico, la serenidad para ver lo esencial de las cosas en lo sencillo, la conciencia plena acerca de la importancia del amor, dejando de lado lo secundario, son algunos de esos aspectos que hacen a la condición humana y que en la vejez están más cerca de la conciencia.
La vejez no es una vacuna infalible que garantiza sabiduría, pero es un territorio en el que esa sabiduría cuenta con más oportunidades de manifestarse como corolario de la vida.
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