El Paraguas Club, un espacio para proyectos laborales
Propicia el trabajo asociativo
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Librero de toda la vida, en mitad de los años 90, obligado por los vaivenes económicos tuvo que cerrar su negocio, abandonar el entrañable oficio y enfrentar la desocupación. La historia de Leo Socolovsky es el reflejo elocuente de otras que se multiplican por miles, pero también el ejemplo de un hombre que, lejos de encerrarse a llorar por sus libros perdidos, decidió acercarse y reunirse debajo de un gran paraguas con quienes como él vieron hacerse añicos sus proyectos laborales y, al promediar la vida, buscan nuevos rumbos.
Así nació el Paraguas Club, en 1996, fundado por Socolovsky junto con un grupo de personas con las mismas inquietudes, cuya brújula se dirige hacia la extensa clase media empobrecida y golpeada por la crisis laboral.
"Allí están los profesionales, los comerciantes, los pequeños industriales, los artesanos, los cuentapropistas y los empleados despedidos tras 25 años de trabajo en una empresa buscan una salida digna", precisa.
Sin duda, sus perfiles no son los indicados para acceder a los programas asistenciales y tampoco cuentan con el respaldo adecuado de políticas que los amparen para generar su propio trabajo, según Socolovsky.
Actividades productivas
"La mayoría de los planes oficiales apunta sobre todo a los pobres y desamparados, lo cual no está mal –afirma Socolovsky–, pero deja de lado una gran parte de la población que es un motor importante para generar proyectos productivos sustentables en el tiempo. Si la clase media fuera ayudada, la maquinaria de creación de trabajo se multiplicaría muchísimo."
Dispuesta, entonces, a promover la creación de actividades productivas autogestionadas, la gente del Paraguas pone la lupa en el trabajo asociativo. Pues en la institución no se dictan cursos de capacitación laboral –aunque se esbozan unas pinceladas sobre aspectos técnicos y legales para comenzar una microempresa y se ofrecen algunas conferencias específicas– ni se otorgan subsidios, pero sí se propicia el encuentro de personas con distintos perfiles para que puedan crear un proyecto común.
"En general, al argentino le cuesta encontrar modos de trabajo asociativos. Y en una iniciativa productiva es muy difícil estar en misa, en la procesión y tocar la campana al mismo tiempo. Por eso tratamos de reunir gente con distintas habilidades para que puedan combinarlas en un proyecto donde logren trabajar juntos", explica.
Tras ocho años de fructífera vida, por el Paraguas Club pasaron alrededor de 18.000 personas y allí nacieron numerosas iniciativas. "Se han hecho emprendimientos interesantes: profesores de distintas materias que se reunieron para formar un instituto; arquitectos que diseñan y fabrican muebles de rattan, cuadros, muebles de cemento y madera y que organizan exposiciones juntos para venderlos", ejemplifica. Además, la institución, consciente de los problemas impositivos que deben enfrentar quienes no tienen un trabajo estable, impulsó la figura del contribuyente eventual instituida en la ley 25.865, aún no reglamentada.
Pero como suele suceder con las entidades que carecen de subsidios estatales o financiamiento privado, esta asociación sin fines de lucro tiene necesidades concretas difíciles de costear. A poco de que se venza el contrato de alquiler de la sede ubicada en Palermo (Thames 2460, 4773-2001), Socolovsky dice:
"Este lugar nos queda chico, necesitamos que el gobierno de la Nación o el de la Ciudad de Buenos Aires u otra institución nos ceda en comodato una casa para seguir con la tarea. Aspiramos a disponer de un espacio más amplio en el que los microemprendedores puedan exponer sus productos, como una suerte de cooperativa, para comercializarlos".


