Emprendedores sociales
Están entre nosotros cada vez son más y hacen de la ayuda al prójimo una forma de vivir que también apunta a que los proyectos transformadores se plasmen en realidades cotidianas.
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Su aspiración no es salvar a todos los habitantes de la Tierra; tampoco buscan la paz mundial. Su objetivo es mucho más simple y claro, pero al mismo tiempo complejo: mejorar la calidad de vida de las personas que los rodean. La vía es lograr un cambio en su comunidad.
Para alcanzar esa meta, emprendedores sociales y empresarios aportan su entusiasmo y, en algunos casos, hasta su dinero, pero también un valor que en estos momentos no abunda: su tiempo.
En la Argentina son cada vez más las personas dispuestas a dar sin pensar en recibir nada a cambio.
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La historia de Gerardo Martín Solá es diferente. Hace cinco años logró juntar sus dos pasiones: la medicina y las motocicletas. Solá, jefe de Cirugía del Hospital Británico, descubrió en un viaje por la selva misionera las carencias de la gente que vive aislada. A partir de entonces, su vida se transformó.
Dice Solá: “En el viaje vi gente que estaba muy lejos de todo auxilio médico. Me preguntaba cómo hacer para que esas personas dejaran de sufrir la emigración que su misma pobreza creaba. La respuesta fue simple: generar condiciones de vida dignas”.
Así, se contactó con la organización Médicos sin Fronteras y en especial con Simon Milward, un inglés que recorría el mundo en una moto construida por él mismo y que representaba a esa organización y a Riders for Health, fundación africana, de Zimbabwe, que organiza flotillas de vehículos todoterreno para la atención sanitaria de poblaciones aisladas.
Se entrenó durante un mes en Indonesia y volvió al país para crear, en 2003, la Fundación Pilotos Solidarios.
Montado en una moto, Solá recorrió Santiago del Estero, Salta y Jujuy para ayudar e informar a las poblaciones sobre tres grandes temas: agua, Chagas y salud en general.
“En la Argentina muere más gente por el mal de Chagas que por el sida”, alerta el médico, de 52 años, padre, que además dirige un banco de tejidos humanos para trasplantes.
En cada comunidad, la Fundación Pilotos Solidarios crea grupos de trabajo de médicos que son transportados por voluntarios que ofrecen sus vehículos y su tiempo en salidas mensuales que duran entre uno y cuatro días, según las necesidades de cada lugar. “Convocamos a los que tengan conocimientos y tiempo para que se sumen a nuestro trabajo. Hoy, gracias a la ayuda de todos, ya hemos logrado reducir el éxodo”, sostiene Solá.
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Raúl Lucero tiene 48 años y desde hace 23 coordina la Asociación Civil Andar, que tiene como finalidad facilitar la inclusión en la comunidad de personas con discapacidad.
“Veía que los jóvenes con discapacidad no salían de sus casas, que se les iba la vida sin hacer nada”, dice Lucero, profesor de educación física.
Lucero no dudó: aprovechó la disponibilidad de un terreno del polideportivo municipal de Morón y empezó a llevar allí a jóvenes con discapacidad para que hicieran ejercicio físico. Así comenzó la historia de Andar, que hoy tiene otras aspiraciones y, sobre todo, otras responsabilidades. “En 2000, creamos la panadería Pan de Esperanza. Hoy tenemos 70 jóvenes que se encargan de producir ocho bolsas de 40 kilos por día. Somos el principal proveedor del estado municipal. Cerca de 9000 chicos reciben todos los días el pan que se produce”, cuenta, orgulloso, Lucero, padre de tres chicos.
Y continúa: “Una persona empieza a sentirse ciudadano cuando gana dinero por el esfuerzo de su trabajo. Esto le da autonomía, pues puede decidir qué hacer con la plata que gana. Esto produjo una revolución en cada casa, donde los chicos sintieron el reconocimiento de sus familiares. Cuando nace un bebe con alguna discapacidad, muchas veces las personas piensan que nació un problema y no un ser humano”.
Cuando habla de los jóvenes, de sus chicos, a Lucero le brillan los ojos de orgullo: “Cuando empecé con este proyecto estaba sin trabajo y mirá hasta dónde llegamos”.
La Granja Andar se constituyó en 1995, cuando Lucero y quienes lo acompañaban en su obra pudieron comprar el predio que utilizaban en Morón. A partir de ese momento, además de hacer pan, los jóvenes comenzaron a trabajar en la producción de pastas y dulces, cultivar un vivero y una huerta, y criar conejos. “Nuestro objetivo fue hacer un negocio rentable para los jóvenes”, dice Lucero.
Igual que el último año, en la panadería están realizando 3000 panes dulces para los comedores de la zona. “Los chicos se visten de Papá Noel y salen a la calle a repartirlos”, cuenta Lucero.
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Desde la Fundación Gente Nueva, Gustavo Gennuso trabaja para lograr el desarrollo sustentable de las comunidades locales, el manejo de los recursos naturales y mejorar la calidad de la educación en todos los niveles.
“Es importante remarcar que en los casos de organizaciones como Gente Nueva la cuestión es comunitaria, es decir, se trata de un conjunto de gente que ejerce un liderazgo grupal y no individual, con roles diferentes”, explica Gennuso, de Bariloche.
Desde que comenzó su trabajo, más de 5000 personas han pasado por sus aulas, 300 familias accedieron a su terreno propio o han mejorado su vivienda, 200 jóvenes consiguieron trabajo, otros 1500 participan en la red juvenil y cerca de 3000 personas han realizado los cursos y actividades de Gente Nueva.
“La sustentabilidad de la organización está dada en la mística y en la espiritualidad que sostenemos. La utopía es clave para que la organización tenga sentido”, dice este ingeniero nuclear, que se considera una persona de suerte por poder hacer lo que eligió, lo que le gusta.
Durante 15 años formó parte de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), pero desde que llegó a Bariloche empezó a trabajar en lo que hace actualmente. “Tenía dos vidas casi paralelas y, llegado el momento, tuve que decidir”, dice Gennuso, que además fue director de tres de las escuelas de Gente Nueva.
La fundación nació, en 1989, como necesidad de contar con una herramienta legal que permitiera concretar múltiples proyectos. Actualmente participan cerca de 3000 personas. “El trabajo en la organización no es full time, sino full life”, señala Gennuso.
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La relación de Cecilia Bitar con la discapacidad nació por necesidad y el disparador de su interés en el tema fue la preparación de la tesis con la que cerró su carrera universitaria.
“Me sorprendió la falta de accesibilidad que había. Era evidente la necesidad de modificar lo que ocurría”, dice Vitar, que dirige Acceso Ya, Organización No Gubernamental (ONG) sin fines de lucro, que lucha contra el problema de accesibilidad de las personas con discapacidad.
Fue por eso que Bitar, arquitecta, cordobesa, de 33 años, se puso en contacto con Claudio Waisbord, presidente y fundador de Acceso Ya en Buenos Aires. “Fue después de hablar con Claudio que surgió la idea de armar algo acá, en Córdoba”, cuenta.
Hoy trabajan en el proyecto más de 50 personas. “Nuestro objetivo es simple. Queremos vivir en una sociedad donde todos puedan lograr el pleno desarrollo de su personalidad, el mayor grado de autov alimiento y una vida independiente”, relata Bitar a Comunidad, desde Córdoba.
Hoy, Acceso Ya tiene dos objetivos centrales: la defensa jurídica y la publicidad de sus acciones. “Cuando una persona hace propio el problema, ya nunca deja de ver los problemas de accesibilidad”, dice Bitar.
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Alejandro Freyre, Alex para propios y extraños, tuvo una infancia difícil que lo marcó para toda la vida. De niño fue abusado sexualmente y eso lo cambió para siempre. A los 20 años se infectó con el virus VIH/sida. “Abusaba de mi mismo”, dice Alex, de 37 años.
La Fundación Buenos Aires Sida (FBAS) nació a partir del trabajo de personas que vivían con VIH e integraban grupos de apoyo y reflexión. “Hace 17 años no existía la medicación ni las organizaciones; no había nada de nada. Era la época de la peste rosa, donde la discriminación era fatal. Tener sida significaba la muerte social”, explica Freyre, coordinador general de la fundación.
Con su experiencia como bandera decidió, junto con otras personas infectadas, ayudar. “No es fácil hablar de homosexualidad o de abuso sexual. Lo importante es que con la medicación, una buena alimentación y descanso, la recuperación es inmediata”, dice Freyre.
La fundación tiene como objetivo que las personas con VIH encuentren trabajo, pareja y estudien. Logró su personería jurídica en 1996, pero sus miembros reconocen que fue por los medios de comunicación que alcanzó mayor repercusión. “El día que Mirtha Legrand tomó de mi copa causó más efecto que cualquier otra cosa que hayamos hecho”, sostiene. Buenos Aires Sida cuenta con tres oficinas que atienden a 30 personas en las zonas rojas de la ciudad. “Todas están atendidas por travestis. Ahí les realizamos el test del VIH”, explica Freyre.
“No hablamos de lucha contra el sida –continúa Freyre–. No hay dos bandos. Hoy en la Argentina hay 130.000 infectados y el 50 por ciento no lo sabe.”
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“Poner la propia fe en algún ensueño, apasionadamente, con la más honda emoción, es ascender hacia las cumbres donde aletea la gloria.” Siguiendo lo que afirmaba José Ingenieros sobre los sueños y objetivos que persiguen las personas, estos hombres y mujeres alcanzaron la cima del monte Everest.
MARCOS BROWNE
Casado y padre de 4 hijos. A partir del reciclado de aceite vegetal, la Fundación Reciduca creó un fondo de becas para estudiantes.
PABLO VELLANI
Abogado, de 43 años, 2 hijos. Impulsa el Programa de la Facultad de Derecho de Lomas de Zamora sobre la promoción del derecho.
TINO LUTERAL
Desde Espacio Agua trabajan en los recursos hídricos y el acceso al agua. Uno de los objetivos es el saneamiento del río Reconquista.
CARLOS MINER
Ganó el Premio Banco Francés al Emprendedor Agropecuario; desde su trabajo en la Biblioteca San Antonio de Pirané, Formosa, promueve una mejor calidad de vida.
DARIO WITT
Fundó Casa Abierta María Pueblo, que desde 1997 recibió más de16.000 denuncias de violencia familiar. Es músico, y sacó un disco a beneficio de la entidad.
JOSE DASCON
Trabaja por la inclusión social de jóvenes a través del deporte. Hacen la revista “Tinta de calamares”, y crearon una biblioteca para estimular la lectura.
ELISA SCHOIJET
Integrante de la Fundación de Organización Comunitaria, recibió el Premio Visionaris-Reconocimiento UBS al Emprendedor Social de este año.
VERONICA REGUERA
Creadora del proyecto AINE Juguetes, fue distinguida con el Premio Emprendedor Inicia 2007. Produce juguetes, trabajando con artesanos y diseñadores nacionales.
Contactos
- Avina: www.avina.net
- Ashoka: www.ashoka.org.ar
- Endeavor: www.endeavor.org.ar
- Inter American Foundation: www.iaf.gov



