
Formación: desde la familia y la escuela
Por Florencia Saguier De la Fundación LA NACION
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Los padres de hoy nos encontramos preocupados por el bienestar de nuestros hijos. Pensar en la felicidad implica tener conciencia de nuestro prójimo. Por ello buscamos el modo de promover en los hijos valores para que en su futuro sean ciudadanos responsables, con conciencia por los problemas sociales, que motiven el sentido de responsabilidad comunitaria.
Como dice Alicia Dellepiane, del programa Aletheia, "tenemos que formar personas interesadas en el bien común, para las que el pensar solidariamente, sea la consecuencia natural de un modo de ser". De ahí que es importante ser modelos de valores de servicio, responsabilidad, justicia, e instalarlos como la lengua materna, de forma natural, aplicándolos en cada cosa que hacemos y con cada persona con la que nos relacionamos. Así, nuestros chicos sabrán cuidar un compañero de juego, un vecino y a una planta.
Un ejemplo de padres que se movilizan, son los Encuentros de Formación de Padres, organizado por la Fundación Proyecto Padres, que intentan construir un espacio en donde las relaciones familiares recobren su jerarquía en la sociedad mediante el compromiso y la difusión de valores.
El papel de la educación
La ley federal de educación establece, en el Art. 6°, como una de las obligaciones del sistema educativo, la "formación en los valores, en la solidaridad y en la participación ciudadana".
No alcanza con formar técnicos, bachilleres. Hay que crear espacio para el aprendizaje del "vivir con el otro". El informe de la Unesco para la Comisión de Educación, presidida por Jacques Delors, cuenta que uno de los grandes pilares de la educación es aprender a vivir juntos.
El investigador Juan Carlos Tedesco, en el 2° Congreso Nacional sobre Valores, Pensamiento Crítico y Tejido Social (2003) se refiere al "aprender a vivir juntos" como reflejo de lo que tiene que ver con los objetivos sociales de la educación, lo que nos une a los demás. Dentro de este contexto es posible inlcuir los programas de educación en servicio, en los cuales el docente se convierte en un guía, con un poder capaz de transformar, mostrando los valores por transmitir, insertos en el aprendizaje. Se va generando así el sentido de responsabilidad comunitaria: saber qué hace el otro y qué puede hacer uno para ayudarlo.
Aunque no es obligatorio dentro de la currícula, existen espacios de participación en la escuela. El Programa Nacional Educación Solidaria del Ministerio de Educación, en el que participaron 6000 escuelas, busca premiar colegios que privilegian el aprendizaje a través de actividades escolares de servicio a la comunidad.
En el ámbito educativo se nota le necesidad de educar "para la vida" con programas que fomentan el voluntariado. Tal es el caso del Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini o del Instituto Pedro Poveda de Vicente López, que cuenta con un Proyecto de Compromiso Social para sus 850 alumnos.
El Colegio St. Brendan´s intenta formar a los estudiantes en valores al tratar los temas que constituyen la problemática social . El creciente número de escuelas con este tipo de programas generó en 1998, la primera Jornada Intercolegial de la Solidaridad Madre Teresa de Calcuta, encuentro que convoca a establecimientos de todo el país para compartir proyectos. Pequeñas o grandes realizaciones, el voluntariado es una escuela de vida para los jóvenes, contribuyendo desde nuestro lugar de adultos a educarlos en una cultura de la solidaridad.
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