Hacer realidad los sueños
Por medio de su programa Energías Solidarias, la Fundación Repsol YPF, junto con sus empleados, permite que diferentes entidades concreten sus desafíos y los tornen sustentables
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MENDOZA.-Mariana tiene 24 años y está por cumplir uno de sus sueños: conocer el mar. Piensa invertir todo lo recaudado en su trabajo para financiar este viaje a Chapadmalal. Ella, como otros 21 chicos con discapacidad, asisten al Instituto de Rehabilitación e Integración del Discapacitado del departamento de Rivadavia, Mendoza, donde participan del taller gráfico que produce papel, folletería y tarjetas para eventos.
“Ahora que tenemos todas estas máquinas nuevas podemos trabajar mejor, porque antes sólo teníamos las computadoras”, cuenta.
Este proyecto forma parte del Programa Energías Solidarias de la Fundación Repsol YPF, una iniciativa de voluntariado corporativo que nació en 2002. A través de un concurso en el que los empleados se asocian con organizaciones de la sociedad civil (OSC), se financian acciones que mejoran la calidad de vida de personas en situaciones desfavorables. “Programas de voluntariado corporativo hay miles. Nuestra idea es apoyar a los empleados en sus iniciativas solidarias, que muchos ya están llevando adelante, o incentivar a que las tengan”, cuenta Silvio Schlosser, director ejecutivo de la Fundación YPF. Y agrega: “Todos los que participan se sienten parte de un proyecto mucho más amplio, que les permite conectarse con personas de otros sectores a los que nunca hubieran conocido”.
Por medio de este programa, la Fundación Repsol YPF ya tiene más de 200 proyectos en funcionamiento; cada año se suman 10.000 beneficiarios directos. Los criterios de selección son sustentabilidad, impacto social, replicabilidad y coherencia.
“Cerca de 900 empleados están involucrados como tutores de los proyectos. La idea es llegar a la comunidad a través de un puente que genera el empleado, desde un repositor de una estación de servicio hasta directores de una refinería”, dice Schlosser.
Engranaje perfecto
En el caso del Instituto de Rehabilitación e Integración del Discapacitado, Constanza Gual, una empleada de Astra Evangelista (perteneciente al Grupo Repsol YPF) conoció el taller gráfico del instituto y decidió presentar el proyecto en el concurso.
El taller está dirigido a jóvenes de entre 15 y 28 años que no tienen otra salida laboral y presentan diferentes diagnósticos, como síndrome de Down, con restricciones motoras o neurológicas.
Los jóvenes se entusiasman y parecen formar parte de un engranaje perfecto donde cada uno tiene su función. Gustavo, por ejemplo, tiene 13 años, y es el encargado de manejar la prensa. Con una sonrisa, se concentra en cada movimiento y da órdenes a sus compañeros.
Cada uno trabaja tres horas por día y disfruta mostrando sus tareas. Pamela clasifica el papel; lo separa en escrito, blanco y por color. Luego, Mariana lo pica con la ayuda de una máquina y por medio de una licuadora se arma una masa pesada mezclada con agua.
“En 2004 comenzamos con el proceso de reciclado de papel. Anteriormente, sólo hacíamos el proceso gráfico y comprábamos el papel aparte”, cuenta Laura Farina, coordinadora del taller a FDLN.
Repsol YPF les hizo una donación de 20.000 pesos en 2004 y otra de 10.000 en 2005. “Con eso pudimos aumentar la cantidad de chicos beneficiarios. La plata se destinó a la compra de computadoras, impresoras, licuadora, picadora y secadora”, explica Farina.
Al ser parte de esta actividad salen de la rutina, se socializan y, además, generan plata propia. “El 80% de la utilidad se distribuye en partes iguales entre los chicos. El otro 20% se reinvierte en el proyecto”, dice Fanny Fabroni, directora terapéutica. En 2005, se juntaron 6000 pesos para dividir entre todos.
Con el paisaje de la cordillera nevada de fondo, Marcelo Correa se apasiona cuando dicta el curso de primeros auxilios a los chicos de la ENET 4-104, de Luján de Cuyo, Mendoza.
Correa es empleado de Repsol YPF y fundador del Centro de Estrategia para la Reducción de la Vulnerabilidad (CERV), que intenta cambiar la actitud social frente a la seguridad. “La iniciativa empezó hace 5 años como un proyecto de padres preocupados por la seguridad de sus hijos ante los sismos, las inundaciones y las catástrofes. Ahí nos propusimos formar una cultura de la prevención, desde los más pequeños”, recuerda Correa. Hoy, cerca de 1000 chicos, 80 padres y 100 docentes saben cómo reaccionar frente a un imprevisto.
En 2005 ganaron el concurso Energías solidarias y comenzaron a realizar capacitaciones en escuelas primarias. El objetivo principal es trabajar el orden, la disciplina y la solidaridad.
“Todos los establecimientos deberían tener un plan de emergencia ante cualquier imprevisto. Nosotros, además, pertenecemos a una escuela técnica, y a los riesgos en
el aula les sumamos los del taller. Lo interesante es que los alumnos son agentes multiplicadores en los compañeros y en sus casas”, explica Matilde Bevilacqua, directora de la institución.
A su vez, se armó el Comité de Emergencias, del que participan directivos, docentes y preceptores, con un cronograma de responsabilidades para las emergencias dentro de la escuela.
“Con la plata del programa, compramos material de capacitación para primeros auxilios, manejo de fuego, evacuación y rescate. Fuimos formando a los instructores y mejorandola seguridad en las cinco escuelas en las que nos involucramos”, dice Correa.
María José es alumna de primer año, y ahora además de reducir una quebradura, sabe hacer torniquetes, resucitación cardiopulmonar, y preparar refugios en caso de sismos. “Los chicos explicaron con muñecos, videos y fotos de manera vivencial y así lo aprendés para siempre”, resume.
Catering empresarial
Rosita y Fernando, además de sus ganas de salir adelante mediante un proyecto productivo, tienen en común que se dializan. Es más, se conocieron en un instituto de diálisis y de a poco fue surgiendo la idea de hacer algo juntos.
“Es muy difícil que te tomen como empleado cuando te tenés que dializar tres días por semana durante cuatro horas”, cuenta Fernando.
Con el apoyo de una donación de la Fundación Repsol YPF, abrieron una empresa de catering. Entonces salieron a golpear las puertas de las empresas de la zona para ofrecerles las viandas de los almuerzos.
“Todos los que participan son pacientes o familiares de dializados, y ya venimos por nuestro segundo año de funcionamiento”, dice Rosita.
Del proyecto participan cuatro personas, y tienen un promedio de 10 viandas por día. Además, incursionaron en el rubro eventos, donde además de preparar la comida, trabajan de mozos.


