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como cambiarlos la vida de los chicos

Gracias a la audiencia, se cumplieron los sueños de chicos de todo el país

Por Micaela Urdinez

Los niños de los rincones más olvidados del país son a los que más les cuesta soñar. La urgencia marca la agenda de una infancia que en la que las responsabilidades ocupan mucho más lugar que el juego. Incluso, a la gran mayoría sus padres no les pueden festejar el cumpleaños ni hacerles un regalo. Por eso, desde HAMBRE DE FUTURO se busca visibilizar cómo es el día a día de estos chicos pero también darle a la audiencia la posibilidad de potenciar su vida y cumplir sus deseos. Algunos pidieron juguetes, una pelota de fútbol o una bicicleta. Los más osados, se animaron a decir que querían una casa de material o una moto para poder llegar a la escuela. Durante el 2022 el compromiso de muchas de las personas que se toparon con estas historias de marginalidad pero también de superación, fue enorme. Algunos enviaron dinero o encomiendas con donaciones, otros se sumaron como voluntarios para acompañar a estos chicos, y también estuvieron los que decidieron apostar por su educación a través de becas escolares. Estas redes de apoyo, lograron darle a estos niños y a sus familias, mejores oportunidades de futuro. Hoy, sin dudas, su Navidad va a ser más feliz.

La odisea de caminar hasta la escuela y el hospital

Nicole Huanco tiene 6 años y vive junto a su familia en la falda del cerro, a unos kilómetros de la ciudad de Tilcara, en Jujuy. Nació con una parálisis cerebral que le dificulta la marcha y todos los días hace malabares para no caerse por el camino hasta la ciudad de Tilcara para ir a la escuela o al hospital. Su casa queda en la zona de Cerro Chico, en las afueras, a dónde no llega el transporte público y a veces ni siquiera quieren ir los taxis. Al no tener movilidad propia ni recursos económicos, la única opción para Nicole y su familia es trasladarse a pie. Aunque haga frío, haya viento o estén cansadas. Cuando el terreno se pone demasiado empinado y tiene miedo de que Nicole se caiga, su mamá la carga a upa. “Los días de lluvia no la llevo porque el camino se pone barroso. Cuando está muy frío le digo que es mejor que no vaya. Porque los huesos se le debilitan y es más riesgoso que se caiga”, decía Nadia Huanco, su mamá.

Ahora, todo lo hace en moto

Gracias al dinero aportado por la audiencia, la familia de Nicole pudo comprarse una moto para llevarla todos los días a la escuela y al hospital en la ciudad de Tilcara

A partir de la nota, fueron más de 100 las personas que se sumaron a donar $680.000 que fueron utilizados, principalmente, para comprar una moto para los traslados de Nicole. Además, pudieron comprar un lavarropas, una heladera, les donaron unas valvas ortopédicas que Nicole usa todos los días y desde el hospital de Tilcara les dieron un calefón eléctrico porque no tenían agua caliente. “Estamos muy contentos y agradecidos con las donaciones. Estaba por comprar materiales para construir una pieza más pero me llamaron del Ministerio por una ayuda para este tema así que estoy a la espera. De Buenos Aires, una agencia de viajes nos donó ropa, mercadería y una bicicleta para Nicole”, agrega Nadia.

Cómo ayudar: comunicarse con Nadia Huanco (mamá de Nicole) al+54 9 3884 33-9127.

“Quiero una casa de verdad”

“Quiero una casa de verdad”, le contaba Jazmín Riveros a LA NACION con tan solo 8 años. Vive en un rancho de madera y nylon con sus padres en el asentamiento Eva Perón III, en Villa Mercedes. “Siempre intento pedir deseos pero nunca se me cumplen. Mi sueño es tener mi propia casa. Otra. Que sea real porque esta es de madera y nylon. Yo quiero una de ladrillos, con cemento y pintura”, decía esta nena de 8 años con unas ganas de hablar que desbordan. Su papá trabaja en la construcción y su mamá cuida a una persona mayor. Nació en Mendoza y hace un año se vino junto a sus papás a buscar una vida mejor en San Luis. Su abuela ya vivía en el barrio junto a su pareja y ellos se instalaron al lado. Su tío, también se armó otro rancho enfrente. Toda la familia comparte un baño. “Me gustaría tener mi propia habitación. Hoy fuimos a retirar comida porque no teníamos dinero”, agregaba Jazmín. Todos los sábados al mediodía van a la Capilla de nuestra Señora del Buen Viaje en donde Cáritas San Roque reparte más de 200 viandas.

La construcción, a pleno

Fueron muchas las personas que se sumaron para que Jazmín y su familia puedan tener una casa de material y con techo de chapa

La precariedad habitacional de esta niña tocó el corazón de muchos lectores de LA NACION y se comprometieron a cumplirle su sueño. Se lograron recaudar $320.000 que ya fueron destinados a comprar ladrillos, cementos, hierros y aberturas. Ya arrancó la construcción de la casa a la que solo falta ponerle el techo de chapa. “Nos queda el baño”, dice Jorge Jornet, de Cáritas San Roque, que es quien está gestionando las donaciones y la construcción. “No nos esperábamos esta respuesta. Vamos avanzando con la casa y estamos muy contentos. Cuando nos avisaron que iba a salir la nota pensamos que ya se habían olvidado de nosotros. Quedamos muy sorprendidos. Nosotros por nuestra cuenta no creo que lo hubiéramos podido lograr así que esto es una bendición para nosotros”, cuenta Mariano, el papá de Jazmín.

Cómo ayudar: comunicarse con Jorge Jornet de Cáritas San Roque al+54 9 3585 61-8320.

Vivir en los márgenes

“Mi sueño es tener un robot de Transformers”, nos contaba Diego Rearte, un chico de 7 años, a pesar de sus dificultades para hablar. Vive junto a su familia en el Barrio Jardín, en Marapa (Tucumán) en una situación muy precaria. No tiene baño ni cocina, asiste al comedor Los Tuquitos tres veces por semana y hay noches que se va a dormir sin comer. La discapacidad atraviesa a la familia. Él y su mamá arrastran un retraso madurativo que los deja con pocas herramientas para enfrentarse al mundo. Además, Diego tiene problemas de audición. Quizás por eso, cuando sea grande Diego quiere ser un tiburón para nadar debajo del agua y sumergirse en un océano en el que ya no tenga que escuchar tantos “no puedo”. “Me gustaría ser un tiburón que tenga aletas y dientes grandes. Lo que más me gusta es asustar a mi hermana”, decía Diego, entre risas.

Juguetes nuevos y una cocina

Diego recibió dos muñecos de Transformers que tanto quería, una remera de Argentina y ya se arrancó la construcción de una cocina y un baño para su familia

Su historia de marginalidad se viralizó en las redes sociales y en pocos días se recaudaron más de $300.000 para que se pudieran empezar a construir un baño y una cocina. Además, varias personas enviaron distintos modelos de Transformers para que Diego tenga juguetes nuevos con los cuáles jugar. Cuando lo conocimos, tenía una moto de Spiderman rota y un auto. “Con la plata voy a comprar hierro para que hagan correas para el techo de la cocina. La mano de obra la pondría mi esposo junto a sus alumnos de la escuela técnica en la que es jefe del taller de herrería. Ya fueron los albañiles a tomar las medidas. Después vamos a avanzar con el baño”, cuenta Carolina Rodríguez, responsable del Comedor Los Tuquitos.

Cómo ayudar: comunicarse con Carolina Rodríguez del Comedor Los Tuquitos al +54 9 3865 50-3031.

Aislado en los cerros calchaquíes

Miguel Benicio tiene 13 años y vive en la comunidad Quilmes, en los valles calchaquíes tucumanos en una casa de adobe. Como en la zona no hay transporte público, todos los días camina 5 kilómetros hasta su escuela en la que cursa el segundo año. “Si pudiera pedir tres deseos sería tener un celular para poder hacer mejor las tareas e ir a una escuela en la que me enseñen más materias. Como voy caminando, hay días que llego tarde. Necesitaría tener una moto o un transporte público que me lleve”, dice Miguel. Para su mamá, “Miguel es una esponjita que todo lo absorbe, todo lo pregunta, él todo hace” y que su mayor sueño es poder seguir estudiando.

Un celular para poder estudiar

Lo que más quiere es aprender. Gracias a las donaciones se pudo comprar un celular para la escuela y cubrir la beca educativa para el año que viene

Miguel es uno de los becados de la Fundación León, una institución que trabaja hace dos años en los valles calchaquíes con programas educativos y sociolaborales. Sus ganas de aprender más fueron lo que más resaltaron las personas que se sumaron para apoyarlo. Se juntaron alrededor de $150.000 que van a ser destinados para becarlo durante el 2023 y el resto para comprarle el celular que necesita. Cerca de las 11:00 Miguel se empieza a preparar para ir a la escuela a la que entra a las 12:10. Tarda alrededor de 40 minutos en llegar porque el camino es todo cuesta arriba. “En general voy caminando pero hay veces que señores me alzan y me llevan. No importa si hace mucho frío o calor, hay que ir igual”, agrega Miguel.

Cómo ayudar: comunicarse con Diego Esper de la Fundación León al +54 9 3814 02-4888.

No podía leer los carteles

La vida de Dylan y Keyla Huenchuleo -tienen 8 años y viven en el paraje Paso del Sapo en Chubut- siempre estuvo atravesada por las limitaciones del analfabetismo de su papá Joaquín. “Yo no aprendí nada. No se leer, no se escribir ni sacar cuentas. ¿Sabés lo difícil que es tener que pedir ayuda para todo?”, decía entre lágrimas Joaquín Huenchuleo, a LA NACION. Hace cinco años que sus papás se separaron y los mellizos se quedaron viviendo con su papá y dos de sus hermanas mayores Malena (13) y Araceli (16). Joaquín hace changas como albañil y con mucho esfuerzo se puso una peluquería para hombres que se llama “La peluquería de los Melli”. “Cuando sea grande quiero ser doctor porque así voy a aprender a ayudar a las personas a que vivan”, dice Dylan convencido. Joaquín se crió en el campo y dejó la escuela en 3er grado. Sus hijos viven en el pueblo, tienen una escuela cerca y mejores oportunidades. Pero cuando sus hijos ya estaban en 3er grado y Joaquín se dio cuenta de que todavía no sabían leer ni escribir bien, decidió mandarlos al apoyo escolar que brinda Cáritas en la parroquia del pueblo, en donde se implementa la Propuesta DALE. “Para mí como padre es un orgullo darles una buena educación. A mí me emociona ver el entusiasmo que Dylan y Keyla tienen para estudiar”, agrega Joaquín.

Apoyo escolar

Dylan y Keyla recibieron donaciones de útiles escolares y se empezó a construir un espacio para dar las clases de apoyo

La visibilidad que tuvo su historia, sensibilizó a muchas personas que se acercaron para donarle útiles escolares, mochilas, ropa e insumos de peluquería para Joaquín. Además, se lograron recaudar $140.000. “Un porcentaje de los recaudado será para que los chicos estudien y se destinará a más cuadernos, más lápices y más útiles. El resto será para construir un aula muy necesaria para poder dictar el apoyo escolar”, cuentan desde Cáritas.

Cómo ayudar: comunicarse con Sandra Diez de Cáritas Paso del Sapo al+54 9 2945 46-9033.

foto AML

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Créditos

  • Diseño y programación Andrea Platon
  • Infografías Mariana Trigo Viera

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