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Huellas: Marcas en la piel que hablan de dolor y superación

María Ayuso
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18 de febrero de 2019  • 22:42

Cada una de estas historias refleja diferentes formas de enfrentar las adversidades; hoy, sus cicatrices forman parte de quiénes son y se animan a mostrarlas; aunque con altibajos, ellos lograron ponerse de pie y salir fortalecidos

"Fui para adelante. Hoy no tengo un límite"

Gastón Pattarini | Accidente de tránsito

Gastón Pattarini posa dos años después del accidente de tránsito por el que debieron amputarle una pierna. Foto: Fernando Gutierrez
Gastón Pattarini posa dos años después del accidente de tránsito por el que debieron amputarle una pierna. Foto: Fernando Gutierrez Fuente: LA NACION

Dice que fue como en las películas, cuando el tiempo se detiene. De un lado, Gastón Pattarini (39) vio la baranda del puente que estaba por cruzar, sobre un riacho en Merlo; del otro, la fila de autos detenidos en el carril contrario; y, justo de frente a la moto en la que viajaba junto a su novia, un auto a toda velocidad y en contramano (el conductor estaba bajo los efectos de drogas y alcohol).

Le siguió el estruendo, los gritos y un dolor indescriptible: "Lo que tenía en el pierna lo vi en la cara de espanto de la gente. Desde ese momento, me dije: ‘Masticate que hay un 50% de posibilidad de que te la corten’", confiesa. Pasó por 13 cirugías hasta la amputación, un mes después. En el intento por salvarla, le extrajeron buena parte de piel y carne de la espalda. "Yo digo que me tatuaron la Pampa", dice con humor Gastón. La recuperación fue larga y dolorosa. "Sentía que había un fondo al que iba a llegar, pero que tenía que tener la fuerza para rebotar. No me podía quedar ahí, pensaba en mi hijo. Yo no soy así: fui para adelante", cuenta.

A dos años, Gastón busca que su vida siga como siempre, con algunos cambios: por ejemplo, reemplazó salir a correr por paravoley y volvió al trabajo menos horas mientras continúa rehabilitación. Es un hombre de pie. "No tengo un límite", asegura.

"A mí me gustaría tener el pelo como Rapunzel"

Sofía Oliva | Quemadura en accidente doméstico

Sofía Oliva tiene 7 años y sueña con que su pelo largo y castaño le cubra toda la cabeza: “Como Rapunzel”, dice antes de sonreír a cámara. Foto: Fernando Gutierrez
Sofía Oliva tiene 7 años y sueña con que su pelo largo y castaño le cubra toda la cabeza: “Como Rapunzel”, dice antes de sonreír a cámara. Foto: Fernando Gutierrez Fuente: LA NACION

"Estaba preparando milanesas. Ella se quiso colgar para comer pan rallado, se balanceó la cocina y se le volcó el aceite encima. Fue un segundo", así, con la voz entrecortada, Elizabeth Duarte (35) reconstruye el momento en que su hija Sofia (7), tuvo el accidente. La quemadura afectó buena parte de su frente y su cabeza, donde le hicieron un injerto de piel.

Cuatro años después, Sofía es una niña de mirada curiosa y sonrisa tímida. "Me cuenta que los nenes le dicen cosas en el colegio. La otra vez, uno le dijo que era pelada. ¡Una angustia te agarra!", relata Elizabeth, quien vive con Gabriel, su marido, y sus cuatro hijos –además de Sofía, están Zaira (9), Jesús (5) y Mía (3)–, en el barrio El Pinazo, Del Viso.

A Sofía lo que más le gusta hacer en la escuela es dibujar. Sus colores preferidos son el rosa "y el morado"; además, le encantan las princesas. "Yo quiero tener el pelo como Rapunzel", afirma. Desde comienzo de año, el equipo de Héctor Lanza, jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Reparadora del Hospital Eva Perón, de San Martín, trabaja para hacer ese deseo realidad: esperan que, gracias a una próxima intervención, pueda recuperar el pelo en la zona afectada. Gabriel asegura con orgullo: "Va a ser una gran alegría. Ella es muy fuerte, aguantó mucho".

"Perdí mucho tiempo negando mi lado derecho"

Paula Serrano | Mordedura de perro

Paula Serrano aprendió a aceptar y a querer la cicatriz que la acompaña desde los 6 años. Foto: Fernando Gutierrez
Paula Serrano aprendió a aceptar y a querer la cicatriz que la acompaña desde los 6 años. Foto: Fernando Gutierrez Fuente: LA NACION

"Demasiado tiempo invertí y perdí tratando de esconder mi lado derecho, no más". Con esa frase y una foto que la muestra sonriendo de perfil, Paula Serrano (20) compartió hace unas semanas en su cuenta de Instagram su cambio de actitud sobre la cicatriz que la acompaña desde que tiene seis años.

Fue en el campo de su familia, cuando con sus papás y hermana mayor le fueron a dar de comer a los chanchos. "Con mi mamá nos quedamos acariciando un perro que había estado mucho tiempo atado. Se desesperó, me saltó y me mordió", cuenta Paula.

A los 70 y angustiantes kilómetros que recorrieron hasta Tandil, la ciudad más cercana, le siguieron 50 puntos desde el párpado hasta la mitad de la cabeza, y cinco cirugías en el transcurso de un año y medio para mejorar la visión de su ojo derecho. Paula, que estudia psicología, admite: "Esta cicatriz impactó mucho en mi vida porque desde muy chiquita era distinta al resto. En un principio me molestaba mucho cuando me preguntaban qué me había pasado, me ponía mal que noten esa diferencia". La ayudó hacer un taller de mindfulness: "Logré aceptar mi cicatriz y encariñarme con esto que es parte de mí", dice.

"Quise ponerle color al dolor y fue algo mágico"

Natalia Martínez | Mastectomía bilateral

Tras una mastectomía bilateral y gracias a sus tatuajes de flores, Natalia Martínez volvió a sentirse cómoda con su cuerpo. Foto: Fernando Gutierrez
Tras una mastectomía bilateral y gracias a sus tatuajes de flores, Natalia Martínez volvió a sentirse cómoda con su cuerpo. Foto: Fernando Gutierrez Fuente: LA NACION

En 2015, cuando se hizo su primera mamografía, a Natalia Martínez (43) le descubrieron cáncer de mama. "Pasar de un chequeo de rutina a que te digan que está todo mal, es muy fuerte", recuerda hoy la mujer, que vive en Bahía Blanca.

La mama izquierda estaba completamente comprometida. En la derecha, tenía un nódulo que resultó ser benigno: "Aunque me dijeron que podía conservarla, yo decidí, a modo de prevención, sacarme las dos", sostiene. Le hicieron una mastectomía bilateral y, cuando se vio al espejo después de la cirugía, se sintió mutilada. "Me habían sacado lo que más me gustaba de mi cuerpo: mis lolas. Esa no era yo", confiesa. Durante casi dos años, no se sacó el corpiño ni para dormir. Se puso implantes y pensó en tatuarse las areolas de los pezones, pero no le convencía la idea.

Hace unos meses, conoció al equipo de Mandinga Tattoo, quienes tatúan areolas de forma gratuita a mujeres que tuvieron cáncer de mamá. "En terapia salió la posibilidad de tatuarme flores y plantas en las cicatrices. Ahí fue cuando dije: ‘Quiero ponerle color al dolor’", cuenta. Ya tatuada, frente al espejo, volvió a llorar, pero de alegría. "Era lo que me faltaba para cerrar lo que me pasó. Me cambió la vida. Las cicatrices siguen estando, pero las veo de forma diferente. Es algo mágico", concluye.

"La gente en la calle me mira. Eso me incomoda"

Brisa Petillo | Trasplante de corazón

Brisa Petillo no había cumplido los 7 años cuando, en septiembre de 2012 y tras seis meses de espera, la trasplantaron del corazón. Foto: Fernando Gutierrez
Brisa Petillo no había cumplido los 7 años cuando, en septiembre de 2012 y tras seis meses de espera, la trasplantaron del corazón. Foto: Fernando Gutierrez Fuente: LA NACION

Brisa Petillo no había cumplido los 7 años cuando, en septiembre de 2012 y tras seis meses de espera, la trasplantaron del corazón. "Salió perfecto. Volvió al colegio y le hicieron una fiesta. Pero al poco tiempo se complicó –cuenta Miriam, su mamᖠTomaba varios inmunodepresores y uno le provocó un cáncer de colon". Otra vez, le tocaba luchar por su vida. "Los médicos nos prepararon para lo peor. Pero ella no se rendía. No se rindió nunca", cuenta Miriam. Tras ocho meses de quimioterapia, Brisa volvió a salir adelante.

Las intervenciones por las que pasó le dejaron cinco cicatrices en su pecho y su vientre. A esta preadolescente de gesto maduro, le costó amigarse con las marcas de su historia: lo que más le pesa es la mirada de los otros."Quiero usar remeritas cortas, pero la gente en la calle se queda mirando y eso me incomoda. Algunas veces me han dicho: ‘Tapate eso’. No sé qué les molesta", cuenta Brisa.

Por otro lado, agrega: "Decidí hacer esta nota para que se den cuenta que es una cicatriz normal". Su mamá la incentiva y busca transmitirle confianza: "Yo le hablo muchísimo y le digo que esa cicatriz es un orgullo, porque es lo que le salvó la vida. Ella es una guerrera. Su historia es un testimonio de vida".

"Ahora mi cicatriz tiene una historia para contar"

Michael Josch | Cirugía por nacimiento prematuro

Nació, el 9 de mayo de 1995: prematuro, diminuto, tras 25 semanas de gestación, midiendo 30 centímetros y pesando 770 gramos. Foto: Fernando Gutierrez
Nació, el 9 de mayo de 1995: prematuro, diminuto, tras 25 semanas de gestación, midiendo 30 centímetros y pesando 770 gramos. Foto: Fernando Gutierrez Fuente: LA NACION

"Fue como una piña, pero positiva. Tyson dice que todos tenemos un buen plan hasta que te dan una piña en la boca", dice Michael Josch. Eso sintió cuando, por segunda vez en su vida y casi por casualidad, entró en una sala de neonatología. La primera fue el día en que nació, el 9 de mayo de 1995: prematuro, diminuto, tras 25 semanas de gestación, midiendo 30 centímetros y pesando 770 gramos.

Menos de un mes después, lo operaron del ductus arterioso, un conducto que conecta la arteria aorta con la pulmonar. Le abrieron el costado izquierdo y la cicatriz fue creciendo en su espalda al mismo tiempo que él. "Siempre repetí la historia que me habían contado mis padres y mi abuela, pero nunca la viví conscientemente. Cuando entré en esa sala de neonatología, quise entender el por qué. Ahí se sembró la semilla", asegura.

La semilla de su primera novela, 770 gramos. La semilla de entender la riesgosa aventura que implica, para un bebé y su familia, ser prematuro. "Un día, en medio de ese proceso, me enfrenté con la cicatriz en el espejo. Fue como tomarnos el café que nos debíamos -reflexiona Michael- Hay una tradición japonesa que se llama Kintsugi: cuando se rompe algo, una taza, por ejemplo, la pegan con oro en polvo. No solo vuelve a ser taza, sino mucho mejor, resignificada, porque ahora tiene una historia para contar. Yo a mi cicatriz, la veo así".

"Quiero que mis hijos sean alguien en la vida"

Andrea Pereyra | Madre de dos pares de trillizos

Andrea Pereyra es madre de dos pares de trillizos. Foto: Fernando Gutierrez
Andrea Pereyra es madre de dos pares de trillizos. Foto: Fernando Gutierrez Fuente: LA NACION

Andrea Pereyra tenía 19 años y estaba por cumplir los tres meses de embarazo cuando le pusieron el gel frío sobre la panza. A los pocos minutos de comenzar su primera ecografía, se revolucionó el hospital: la madre primeriza iba a tener trillizos.

Un año después, volvió a quedar embarazada y la noticia le llegó como un déjà vu: de nuevo, eran tres. Se separó del padre de sus hijos cuando eran chiquitos y los crio a los seis prácticamente sola. Por la mañana, los llevaba a la guardería y trabajaba en una casa de familia. "Quería que tuviesen todo, todo lo que necesitaran. Y fue difícil. Porque la peleé solita, aunque siempre con la ayuda de la Fundación Multifamilias, que se enteraron de mi caso", cuenta.

Hoy, Luna, Rodrigo y Milton, sus primeros trillizos, tienen 16; un año y tres meses más que Brandon, Uriel y Michael. Desde hace cinco años, Andrea (36) está en pareja con Gustavo (que tiene un hijo de un matrimonio anterior) y los ocho viven en Lanús. Su prioridad es que los chicos estudien: "Yo no llegué ni a terminar el colegio. Siempre les digo que lo único que tienen que hacer es preocuparse por la escuela, seguir una carrera y ser alguien, que no pasen por lo mismo que yo pasé".

"Siempre les digo a las mujeres que no esperen para buscar ayuda"

Karina Abregú / Sobreviviente de intento de femicidio

Karina Abregú es una sobreviviente de intento de femicidio. Foto: Fernando Gutierrez
Karina Abregú es una sobreviviente de intento de femicidio. Foto: Fernando Gutierrez Fuente: LA NACION

El 1 de enero de 2014 y después de haber hecho unas 20 denuncias por violencia contra quien entonces era su marido, Karina Abregú sufrió un intento de femicidio: Gustavo Javier Albornoz la roció con alcohol y la prendió fuego. Ella se salvó tirándose a la pileta y él fue condenado a 11 años de cárcel.

Karina pasó por más de 50 operaciones: el 55% de su cuerpo estaba quemado. Durante los más de dos años que antecedieron al juicio, Albornoz siguió libre y amenazándola. "Nunca me voy a olvidar lo que me dijo cuando me roció con alcohol: que si me mataba, mejor, y que si vivía, iba a ser un monstruo y no me iba a querer nadie", cuenta Karina (44), que vive en Merlo. "Al principio, me tapaba entera por más que hicieran 50 grados. Hace un poco más de un año que me muestro tal cual como estoy ahora. No me importan las miradas", sostiene.

Hace casi tres años fue mamá por tercera vez y su sueño es conseguir un trabajo: "Vivo de una pensión provisoria por incapacidad de 6800 pesos y el municipio me ayuda con una bolsa de alimentos y pañales para mi bebé. Pero lo que yo necesito y pido todo el tiempo es poder trabajar". Y concluye: "Siempre les digo a las mujeres: no esperen para buscar ayuda. Ya no están solas. En la época en que yo recibí mi primer golpe, no fui escuchada".

Huellas: Marcas en la piel que hablan de dolor y superación. Video: Bianca Moli

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120.000 Heridos por accidentes de tránsito

Son los que hay cada año en nuestro país, donde, además, se producen en promedio 20 muertes por día, lo cual representa 7272 familias afectadas que pierden a un ser querido; los más vulnerables son los peatones, ciclistas y motociclistas; en el 95% de los casos hay consecuencias motrices y psicológicas; www.luchemos.org.ar

21.500 Casos de cáncer de mama hay por año en la Argentina

Cada 100 mujeres, un hombre padece esta enfermedad; se calcula que si es detectado a tiempo, en el 90% de los casos es curable; realizarse una vez al año los controles es fundamental; la ecografía se recomienda en las mujeres jóvenes y como complemento de la mamografía a partir de los 40 años; más información en www.macma.org.ar

95% De las quemaduras en la infancia se producen en el hogar

En la Argentina, a diario un niño sufre quemaduras, y el 75% se deben a líquidos calientes. Según la OMS, las quemaduras ocasionan aproximadamente 180.000 muertes al año y son la quinta causa más común de lesiones no fatales durante la infancia; www.buenosaires.gob.ar/hospitaldequemado

8200 Personas fueron operadas de forma gratuita

Por la Fundación para la cirugía plástica, reconstructiva, microcirugía, reimplantes, tratamiento integral del quemado y de la accidentología (Fundacc). Creada en 1992 por el doctor Héctor Lanza, se realizaron más de 300 operativos en todo el país y cerca del 70% de los asistidos son niños con malformaciones congénitas, secuelas de quemaduras y accidentes; www.fundacc.org.ar

8% De los bebés que nacen son prematuros

Se considera prematuro a aquellos niños que nacen antes de haber cumplido las 37 semanas de gestación; a instancias de Unicef, cada noviembre, durante la Semana del Prematuro, los equipos de salud y educación, la familias y la comunidad se movilizan para concientizar sobre sus derechos; www.semanadelprematuro.org.ar

701 Donantes de órganos en 2018, fue récord histórico

Además de la sanción de la ley Justina, el año pasado se superó la marca de donantes y trasplantes de órganos en nuestro país; 1681 pacientes en lista de espera pudieron acceder a un trasplante de órganos; de los trasplantes realizados 986 fueron renales, 409 hepáticos y 125 cardíacos; www.argentina.gob.ar/salud/incucai

2% De los partos a nivel mundial son múltiples

Desde 2000, la Fundación Multifamilias tiene como objetivo trabajar en la prevención de la salud de las embarazadas y en mejorar la calidad de vida de los niños nacidos en un mismo parto. En estos años, ya asistieron y acompañaron a más de 1000 familias; para más información ingresar en www.multifamilias.org.ar

Fotos: Fernando Gutiérrez

Edición Fotográfica: Fernando Gutiérrez

Videos: Bianca Moli

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