
La familia como aglutinador social
Sigue siendo irreemplazable en la formación del individuo como fuente de conocimientos y valores
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Mucho es lo que se ha dicho, y escrito, sobre el papel de la familia. Pero aun aquellos que alguna vez la han criticado duramente no han podido negar que sigue siendo irreemplazable en la formación del individuo y, por ende, de toda la sociedad. Es más, actualmente es reconocida en casi todo el mundo como el primer embrión de la sociedad, la primera escuela basada en el respeto a la libertad individual y el ejercicio responsable de los derechos y los deberes. Es primera escuela, también, porque constituye el ámbito donde los padres asumen su responsabilidad de transmitir a los hijos todos aquellos conocimientos y valores que les posibilitarán un crecimiento armonioso dentro del ámbito mayor en el que han nacido.
En 1981, el papa Juan Pablo II, reafirmó con su palabra santa su valor: "El futuro de la humanidad se fragua en la familia". No es de extrañar, por tanto, que en 1993 la Asamblea General de las Naciones Unidas haya decidido que el 15 de mayo de cada año se celebrase el Día Internacional de la Familia, y que 1994 fuera proclamado el Año Internacional de la Familia, todo con miras a crear una mayor conciencia de las cuestiones relacionadas con la familia y mejorar la capacidad institucional de las naciones para hacer frente -mediante la aplicación de políticas amplias- a los problemas relacionados con esta primera y fundamental institución humana.
Una encuesta encargada por LA NACION en diciembre último a la consultora TNS-Gallup dio como resultado que la familia como núcleo social primario y como espacio generador de afectos continúa ocupando un lugar fundamental en la vida de los argentinos. Una abrumadora mayoría de encuestados consideró que ningún otro valor moral, social o afectivo puede compararse con el que suscita en cada uno de ellos la institución familiar.
Por supuesto, el concepto de familia ha cambiado mucho últimamente y sus evidentes cambios acompañan los de las sociedades del siglo XXI. En el caso de la familia argentina, ésta está demostrando cada día más que puede afrontar con madurez y renovada vitalidad estos fuertes desafíos. No sólo son hoy los padres y madres los que se hacen "socialmente responsables" de sus familias, sino que también comienza en la Argentina a crecer un nuevo concepto, el de las empresas "familiarmente responsables", es decir, aquellas empresas que saben que cuanto mayor desarrollo y armonía familiar vivan sus empleados, mayor capacidad volcarán a sus tareas de todos los días.
La sociedad que va logrando recuperarse de la gran crisis de 2001-2002 comprendió en su momento que debía reconstruirse sobre la misma base que tantos años antes había conformado a la Argentina: la familia, con aquellos valores y responsabilidades que la constituyeron como nación.




