
La valiosa experiencia internacional
Perú, Chile, Bolivia y Brasil suman esfuerzo y creatividad a la hora de trabajar con diferentes comunidades en riesgo. Desde las técnicas circenses hasta el difícil arte de tocar el violín, todo vale cuando se trata de promover la inclusión social
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Diversas instituciones latinoamericanas brindan un espacio donde la enseñanza artística impacta en el desarrollo integral de las personas.
En Perú, la propuesta de La Tarumba está orientada a la práctica y el dominio de lenguajes múltiples a través de la exploración y aprendizaje del teatro, el circo y la música. Con el objeto de potenciar destrezas y fortalecer identidades, desarrollan una iniciativa artístico-educativa que recurre al juego, el afecto y la creatividad.
La institución acoge a niños provenientes de zonas desfavorecidas y los impulsa a desarrollar capacidades, enfrentar miedos y aceptar nuevos retos. Según Estela Paredes, fundadora de La Tarumba, el arte propone naturalmente una estructura democrática e inclusiva, donde se borran las diferencias de género, cultura y nivel socioeconómico, y se rescatan valores como el trabajo en equipo, la solidaridad y la reciprocidad. "Nosotros -dijo- buscamos generar un capital social integrado a una cultura de cambio permanente, con una conciencia más centrada en el bien general. Nos fundamentamos en lo humano como filosofía y en el desarrollo de un artista múltiple."
La entidad Circo del Mundo-Chile, por su parte, también entiende que el arte permite desarrollar capacidades humanas. Para ellos, el circo estimula el crecimiento y valoriza habilidades personales. Gracias a la formación en la práctica de técnicas circenses, muchos niños y jóvenes en situación de pobreza enfrentan desafíos y reconocen logros propios y ajenos. "Tratamos de involucrarlos en un proceso de autocuidado y reconocimiento, donde los hacemos sentir protagonistas de sus propios cambios. Con las técnicas de clown, especialmente, los niños asumen la libertad de crear desde la fantasía. Caricaturizando personajes típicos y situaciones cotidianas, adquieren otra visión de la realidad", afirmó Bartolomé Silva Llanos, director del área social de la institución.
Los programas que ofrecen estimulan el humor, la creatividad, la autovaloración e intentan solucionar problemáticas actuales, como los índices de violencia en los jóvenes. Y el protagonismo que brinda la propuesta de Circo del Mundo-Chile culmina con el aplauso del público. Según Silva Llanos, el crecimiento y desarrollo en los niños se percibe en el momento que logran insertarse en un 100 por ciento en la escuela. Mejoran las comunicaciones con sus familias, dejan las drogas y aceptan su entorno como un espacio que puede modificarse.
Por otro lado, el proyecto Axé, en Brasil, es reconocido mundialmente por su participación en la educación y defensa de niños y adolescentes excluidos. Su propuesta se fundamenta en la concepción del alumno como sujeto de deseos y aprendizaje. Así, ofrecen talleres de expresión a través de diferentes disciplinas artísticas, donde los chicos logran construir nuevos estilos de vida. El arte, según Cesare de Florio La Rocca, director de la entidad, es para los niños profesionalización y medio de supervivencia. "No es instrumento para educar, sino que es la propia educación", aseguró.
En este contexto, Axé superó la visión instrumental del arte y logró reconocerlo como un elemento de transformación social. "Con toda mi experiencia, jamás había pensado que las sandalias de calle podían sustituirse por zapatillas de ballet clásico. Sin dudas, la metodología del deseo hizo su trabajo", manifestó de Florio La Rocca.
Un ejemplo que vale la pena destacar es el trabajo con una comunidad a través de la música. Se trata de una aldea boliviana de Urubichá, donde la música se convirtió en esperanza. Alejados de la civilización, conviven con la miseria; sin embargo, las carencias materiales se ven minimizadas por los acordes de un violín o el sonido de una flauta.
"Tenía a mi cargo a una cincuentena de menores que carecían de conocimientos y técnicas de interpretación musical. Pero el ritmo lo llevaban en la sangre.
Sin partituras eran capaces de aprender de memoria obras de gran complejidad", recordó Rubén Darío Suárez Arana, director general de la Asociación para el Sistema de Coros y Orquestas (Sicor). Así, la falta de estudios fue reemplazada por un instinto natural y por el amor a la música, que es considerada como su forma de conexión con la divinidad.
El grupo no se limitó a tocar y cantar en su pueblo. Primero comenzaron los festivales en ciudades cercanas; luego, giras por toda América y Europa. "En medio de los calurosos aplausos, sentía que no había nada más maravilloso que el que estos jóvenes, que sólo habían conocido la pobreza y el abandono, fueran premiados con la misma emoción, admiración y respeto con que son recibidos los más destacados intérpretes", compartió el director de la institución.
Luego de tantos éxitos, crearon el Instituto de Formación Integral, para acoger las necesidades de una niñez ávida de desarrollar sus habilidades artísticas. De esta manera, asumieron el desafío de incluir en una sola escuela la capacitación para música y artesanías, como tejidos, bordados y carpintería. Hoy, ya son casi 1000 los niños y jóvenes que encontraron allí un espacio de expresión.
"Nos hemos convertido en un camino, una esperanza para superar los obstáculos más adversos. Si bien la pobreza en Urubichá parece inalterable, sin duda que se está produciendo una transformación", finalizó Suárez Arana.
Informes: www.latarumba.com ; www.elcircodelmundo.com ; www.projetoaxe.org.ar ; www.sicor.org.bo
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