Las megaciudades son un muestrario de contaminaciones
Paraísos de problemas ambientales
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Las ciudades atrapan cada vez más. Deseadas, en algunos casos, por la diversidad de opciones sociales y culturales, o por convertirse en refugio de los que huyen de sus lugares de origen por la falta de oportunidades laborales, las ciudades abundantes en cemento, devoradoras de tierras fértiles, repletas de vehículos, elevados niveles de contaminación y cinturones de pobreza extrema, son un símbolo del tercer milenio.
De acuerdo con la UN, en 1990, el 33% de la población vivía en ciudades de un millón o más de habitantes. En la actualidad el porcentaje sigue aumentando mientras disminuye la calidad de vida en cada una de estas megaciudades entre las que se destacan Tokio, Ciudad de México, San Pablo, Seúl, Nueva York, Osaka, Bombay, Calcuta, Río de Janeiro, Buenos Aires, Moscú, Manila, Los Angeles y Cairo, entre otras.
En un mundo en el que nacen 45 niños anuales, cada 1000 habitantes, la población crece un 3,5% anual, lo cual significa que el número se duplica cada 20 años. Si bien las cifras de los pronósticos de crecimiento global deben tomarse con cautela, las proyecciones estimadas por la UN para 2025 indican que China, India y los Estados Unidos seguirán siendo los países de mayor cantidad de habitantes.
En la actualidad, el 20% de la población global vive en países desarrollados y el 80 % en países del tercer mundo. Para mitades del siglo XXI, en las naciones altamente industrializadas podría quedar sólo el 12% de la gente.
Mundo que empieza a no soportar el peso de tantos habitantes, las urbes son un abanico de polución del aire, el agua y el ruido. Se estima que una ciudad de un millón de habitantes genera 25.000 toneladas de dióxido de carbono y 300.000 toneladas de aguas residuales por día.
Buenos Aires, al concentrar el 41% de la población de la Argentina, es, junto con Lima, la segunda megaciudad más desequilibrada en cuanto a su proporción con el espacio rural del país. La cifra solamente es superada por Bagkok, Tailandia. En horas picos, el tránsito porteño es responsable del 80% de la contaminación del aire en áreas como el microcentro y el Once.
Urbes bulliciosas, voraces consumidoras de energía y productoras de residuos, no paran de crecer, pero son innumerables los ejemplos de investigaciones y proyectos que están buscando modelos alternativos para tornar a las ciudades en ámbitos menos negativos, y hacer que la vida dentro de las mismas sea más gozosa y sostenible.
El cambio de modelo dejó de ser una fantasía. En Europa, más de 100 ciudades han suscrito la Carta de ciudades sostenibles, comprometiéndose a participar en las iniciativas locales de la Agenda 21; se multiplican experiencias de creación de áreas desde una perspectiva ecológica.
Existen redes globales de estudiosos que crean y ponen en práctica proyectos y modelos diferentes, ensayan metodologías para aplacar los diferentes tipo de contaminación, compañías que abrazan los principios de las industrias limpias, y, en algunos lugares se busca evitar los éxodos rurales creando polos de desarrollo en áreas que habían quedado marginadas; promover el aumento del número de espacios verdes, realizar alianzas estratégicas con el sector privado y estatal para estimular la reducción de contaminantes, mediante el esfuerzo por producir insumos cada vez más limpios y reciclar productos que son o pueden ser tóxicos. Problemas de la civilización, es preciso ocuparse para mejorar la vida. Como decía Gandhi "sea usted mismo el cambio que desea ver en el mundo."
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