
Realizan una formación permanente
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¿Es la modalidad agropecuaria distinta de las demás? Sí, aunque por lógica tiene coincidencias con la enseñanza técnica y con el resto, las características de las disciplinas que integran su programa, la ubicación alejada de los centros poblados (unas pocas están cercanas a ciudades o pueblos pequeños) y la permanente actividad los 365 días en sus sectores didáctico-productivos, donde se trabaja con vida, animal o vegetal, que tiene ciclos inmodificables o cuando menos difíciles de acomodar, hacen que sea una modalidad muy particular.
Quienes tienen la responsabilidad de atender la formación de los jóvenes con vocación por las actividades del campo deben ser, y de hecho lo son, especiales.
El maestro de una escuela agropecuaria tiene un perfil diferente. Varón o mujer: siempre está en condiciones de enseñar las cosas más disímiles, como construir un pequeño gallinero con ladrillos usados, conducir una planta de incubación o de engorde de barrilleros, cultivar una pequeña huerta o conducir una sembradora con tecnología de última generación.
A la par, en sus diarias jornadas, la permanente convivencia con sus alumnos y el diálogo lo obligan a oír confesiones, aconsejar, guiar, sembrar valores con palabras y ejemplos, y esto en muchas oportunidades se extiende en una mateada o en el asado compartido bajo un árbol mientras se siembra o cosecha.
El maestro agropecuario no puede permitirse, como el de otras modalidades, apagar la computadora o cortar la corriente del torno u otra máquina; o cerrar el gabinete hasta el día siguiente, porque una cerda está en trabajo de parto o el plantel de conejos enfermó; además, la siembra del trigo o la vacunación de los pollitos está en un permanente aquí y ahora. Durante las guardias de fin de semana o de verano, cuando el personal y los alumnos se reducen, debe estar en condiciones de atender varias secciones a la vez y solucionar ingeniosamente los imprevistos, climáticos o de cualquier origen.
Este tipo de docente no puede improvisar. Necesita un largo período de formación, capacitación y ejercicio de sus funciones por la relevancia que tiene en la capacitación de sus alumnos, que deberán salir preparados para la amplia gama de posibilidades laborales que brinda la empresa agropecuaria o para transformarse en un emprendedor particular.
Es necesario capacitar y actualizar permanentemente, en forma sistemática, a los docentes-técnicos, así como buscar desde las conducciones de las escuelas que los más jóvenes retomen ese sentido de pertenencia, ese compromiso que caracterizó siempre a los docentes.
Es necesario hacer apetecible la profesión a través de una retribución que evite la migración de los más capaces. Sería atinado pensar en escuelas para instructores o centros permanentes de capacitación.
Una larga trayectoria en la educación agropecuaria como docente, director y presidente de Frdiap me permitió ir formando opinión respecto de esta temática.
Así como la escuela agropecuaria es muy particular y sus docentes lo son, los egresados también son jóvenes macanudos, cargados de conocimientos, habilidades y valores que los distinguen sin vueltas.




