Microcréditos: para que los sueños se hagan realidad
Desde que en 1974 Muhammad Yunus creó los microcréditos para personas de muy escasos recursos, el sistema no ha dejado de expandirse en todo el mundo
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Se convenció y se animó. Zulema Blanco vive en el barrio Malvinas, de Monte Grande, y admite que no fue fácil tomar la decisión de aceptar un microcrédito para progresar con su producción de carteras de tela, que hoy vende en varias ferias de la zona. Esta mujer, que ahora muestra orgullosa sus diseños mientras dialoga con el suplemento Comunidad en el comedor de su casa -también su lugar de trabajo-, cosía ya para una fábrica cuando, tiempo atrás, su marido se quedó sin empleo. Entonces, hubo que buscar alternativas para el ingreso familiar, y así surgió el emprendimiento.
Ahora, Zulema diferencia el trabajo que hace para la fábrica del que corresponde a su proyecto: "Esta es mi producción", cuenta mientras muestra sus creaciones. Y pone fuerte el acento en la palabra mi.
Animada por una vecina, Zulema tomó un primer préstamo, de $ 1000, destinados a la compra de una máquina de coser "de doble arrastre", que le permite trabajar con telas gruesas y armar las manijas de las carteras. Una vez que devolvió ese dinero fue renovando la confianza y el crédito: "Fui comprando más material, porque antes me faltaba y hacía siempre lo justo", explica la emprendedora. "Hoy hago entre 50 y 60 carteras por mes", agrega. El próximo paso en el pequeño taller, donde también ayudan su hija Mónica y su vecina Sandra, será fabricar mochilas y cartucheras.
Zulema es clienta del Fondo de Inversión Social (FIS), una institución creada en 2000 al amparo de una organización no gubernamental (ONG) con fondos de inversores particulares, que hoy está transformada en una sociedad anónima. Tiene 4000 clientes activos en el conurbano bonaerense y en Santiago del Estero, la provincia en la que habían comenzado las actividades, según cuenta Julián Costábile, gerente general.
Los inicios
Al igual que muchas organizaciones que trabajan en la Argentina, el FIS adoptó el modelo de microcréditos impulsado en 1974, desde Bangladesh, por el economista Muhammad Yunus, que el año último obtuvo el Premio Nobel de la Paz por la contribución que realizan las microfinanzas a la mejora de la calidad de vida de los pobres, lo que demuestra que prestando pequeños montos, es posible ayudar a las personas a creer en sus capacidades de progreso. En nuestro país, el Banco Grameen, la institución creada por Yunus, está presente con decenas de réplicas, que conviven a la vez con varias organizaciones civiles y públicas de microcréditos. A esta tarea, aún incipiente en el país, comienza a sumarse la banca comercial.
Según un estudio elaborado por Gestión de Proyectos de Economía Social (GPS) sobre la base de datos del Indec, hay en el país unos 2,5 millones de microempresas urbanas, potenciales beneficiarias de las microfinanzas, de las cuales el 76,3% son de subsistencia, con ingresos de hasta $ 750 mensuales; un 18,2% son de acumulación simple, con ingresos de hasta $ 1500 y una rentabilidad que permite mantener la actividad, y sólo un 5,6% están clasificadas como de acumulación ampliada; tienen resultados que posibilitan un crecimiento.
Blanca Benítez y su marido, Juan Fleitas, cuentan que la actividad de su remisería La Nueva Fe, de Monte Grande, está dentro de una dinámica de alza de la actividad. Y en gran medida eso se lo atribuyen y agradecen a los 14 créditos que tomaron en el FIS. El primer préstamo les permitió tener un local propio, delante de la casa familiar que, según cuenta Blanca, también mejoró debido a los créditos. También financiaron la compra de autos y su mantenimiento. "Antes teníamos una base chiquita y nunca podíamos crecer", recuerda Blanca que, al igual que su marido, tenía un trabajo dependiente antes de iniciar el emprendimiento propio.
Sobre las condiciones del préstamo, la mujer cuenta entusiasmada: "No cuesta mucho y podés pagar bien". En la última operación recibieron 2000 pesos, que ahora devuelven en 18 cuotas semanales de 128 pesos.
Blanca y Juan, que tienen cuatro hijos (Noelia trabaja en la remisería), recibieron sus créditos a la par de otros vecinos, que son parte, junto con ellos, de grupos solidarios. Es una modalidad muy extendida en la entrega del dinero: los préstamos son para proyectos individuales, pero quienes los reciben deben integrar un grupo, por lo general de cuatro o cinco personas, y todos responden solidariamente por los demás a la hora de pagar las cuotas.
Tres modalidades
De alguna manera, el grupo reemplaza las garantías materiales, que no existen en el mundo de las microfinanzas. "Hay tres modalidades: los grupos solidarios, con un número variable de integrantes; el banco comunal, que agrupa a más personas, y el crédito individual", explica Evangelina Petrizza, directora ejecutiva de la Red Argentina de Instituciones de Microcrédito (Radim), creada para unir fuerzas en el sector y que, por ahora, integran ocho entidades.
En los créditos de modalidad individual, considera Costábile, el lugar de la garantía lo ocupa la confiabilidad del emprendedor y el incentivo que ofrece la posibilidad de ir renovando el crédito, algo que la mayoría decide hacer. Lo cierto es que los niveles de incobrabilidad del sistema son muy bajos.
La modalidad de grupos solidarios es la forma de trabajo adoptada, por ejemplo, por Pro Vivienda Social, una fundación que pone las microfinanzas a disposición del objetivo de mejorar la vivienda de familias de bajos recursos. Tiene clientes en Moreno, José C. Paz y San Miguel. Hasta 2001, cuando la actividad fue suspendida por la crisis, y luego reanudada, los clientes sumaban 8000. En su valor mínimo, un crédito de $ 500 se devuelve en seis cuotas de 100 pesos.
Ramona Báez, que vive con su pareja en el barrio Mayor del Pino, de Cuartel V (partido de Moreno), muestra todas las obras que pudo hacer para mejorar su casa, gracias a varios préstamos. Enérgica emprendedora y con varias actividades en marcha que le generan ingresos, Ramona cuenta que la oportunidad que le dio Pro Vivienda Social no se la ofrecían en otros lados, donde le pedían muchos requisitos. "Antigüedad en el trabajo tengo, y no me voy a endeudar si no puedo pagar, pero ¿cómo lo demuestro?", explica la mujer que, en el grupo que integra, es la encargada de recaudar el dinero para pagar las cuotas.
"A veces la gente no puede creer que no se pidan garantías", acota Mercedes Corbalán, promotora de estos créditos para la vivienda, además de beneficiaria del sistema.
Aunque los emprendedores visitados por LA NACION coincidieron en que los costos de sus préstamos son bajos, Raúl Zavalía, presidente de Pro Vivienda Social y de la Radim, admite que el tema de las tasas de interés es controvertido para muchos, "por desconocimiento sobre cómo es la operación". A los gastos vinculados con la gestión de cobranza se suman los costos de visitar, asesorar y hacer un seguimiento de los emprendedores.
En esa línea, advierte Costábile: "Bajar la tasa a la mitad, pero agregarle a la persona un viaje en colectivo de ida y vuelta para pagar cada cuota terminaría llevando el costo, en la práctica, del 5 al 12% mensual". Además del boleto, cuenta el costo de la posibilidad que se pierde de producir o vender, en el tiempo que dura ese trámite.
Banca comercial
"La tasa de interés es 10 o 15 veces inferior" a la de los créditos que ofrecen a estas personas otras empresas crediticias o entidades sin habilitación alguna que prestan a sectores de bajos recursos, según advierte Gregorio Goity, presidente del Banco Columbia, que lanzó a principios de 2006 su línea de microcréditos, también sin garantías, para pequeños emprendedores.
"La primera impresión es de incredulidad, pero a la tercera cuota se convencen", relata el directivo, respecto de la reacción que provoca el acercamiento de la entidad, que ofrece una ayuda de $ 2500 promedio. Hasta ahora se otorgaron $ 5 millones a 3000 personas, y el objetivo es tener entre 10.000 y 12.000 clientes a fin de año, con un proyecto que prevé el desarrollo de un abanico de productos que ayuden a mejorar la producción, la vivienda, y a tener posibilidades de ahorro y contratación de seguros.
Según Goity, la tarea de las ONG con los microcréditos es muy buena, pero insuficiente. "Los pobres son millones", y es necesario mover capitales en gran escala, evalúa. Por eso, considera que va a ser creciente la participación de los bancos.
Según el secretario de Políticas Sociales de la Nación, Daniel Arroyo, desde el Estado se está trabajando con bancos [mencionó el Nación, Provincia, Río, Francés y Galicia], para su intregración a la tarea. También el Supervielle trabaja en esta línea.
El Columbia opera por ahora con esta línea en Liniers, Lomas de Zamora y Quilmes. Goity aclara que a los clientes hay que ir a buscarlos a sus lugares de trabajo y capacitarlos, lo que encarece los créditos, pero a la vez permite entender que se trata de operaciones que están fuera de la lógica de los negocios tradicionales.
Los oficiales de crédito, que fueron capacitados con la ayuda de la ONG Acción Internacional, no visten saco corbata ni atienden en ventanillas,
sino que usan jeans y zapatillas, y recorren puestos callejeros para buscar clientes.
Hay que salir a buscar a los tomadores de crédito, coinciden varios referentes. Desconfianza, según los testimonios, es lo primero que muchos sienten al enterarse de que promotores de una institución de microcrédito visitan el barrio.
Para los bancos, el ingreso en el mundo de lo micro se define por dos móviles: que sea un negocio aceptable y que responda a una motivación de cambiar la realidad de la pobreza.
Este último es el objetivo que pone en marcha los motores de las instituciones civiles que, sin embargo, no pierden de vista la conveniencia de un sistema autosustentable, que permita la permanencia y la rotación de recursos para amplificar los efectos.
El fondeo de las instituciones admite diferentes modalidades, como las donaciones o inversiones personales, la filantropía empresaria y la toma de créditos en entidades de segundo piso. Recibir la asistencia del Estado es un camino más y es el que tomó, por ejemplo, la ONG San Isidro de Todos. La entidad recibió $ 50.000 por parte de la provincia de Buenos Aires y un subsidio del Fondo de Capital Social, del Estado nacional, por $ 30.000. Este monto debió ser usado de una manera especial: la condición para recibirlo fue la de prestarlo a tasa cero y, sólo una vez recuperado, las entidades podrían disponer del fondo para trabajarlo según la modalidad propia.
Ana María Sevillano y Graciela Della Savia, que administran la banca social de San Isidro de Todos, comentan que, para recibir la asistencia financiera, los emprendedores deben hacer un curso de cuatro encuentros en los que aprenden a presupuestar y elaborar un plan de negocios. En este caso, se otorgan créditos a quienes inician un emprendimiento desde cero.
Tal fue el caso de Maura Fernández, que hoy atiende su almacén y heladería en el barrio Uruguay, en Beccar. Hace un par de veranos, tomó el dinero del préstamo que le ofrecieron para arreglar su heladera y cargarla de bebidas para vender. Luego fue sumando más cosas a los estantes del pequeño local, anexado a la vivienda familiar. Ahora, el punto fuerte es la venta de helados en vasito.
¿Qué impacto puede tener el mundo de las microfinanzas como estrategia para una reducción de la pobreza? Arroyo cree que en los próximos años el microcrédito podría explicar una caída de 6 o 7 puntos en el índice de probreza, que hoy afecta al 31,8% de los habitantes de la Argentina. "Dos terceras partes de la población pobre está trabajando y hay demanda en el mercado para lo que hacen: éste es el momento de actuar", sostiene el funcionario, que impulsa las políticas estatales en la materia (ver aparte).
Según Zavalía, no hay que olvidar que la condición de pobreza va mucho más allá de los ingresos mensuales de un hogar.
Los actores del sistema destacan que, más allá de lo estadístico, lo valioso es ver cómo la ayuda financiera impacta en la vida de la gente.
Ejemplos no faltan: Zulema, la costurera de Monte Grande cuya historia inició esta nota, está feliz con lo que logró, y sueña con seguir creciendo en su producción de carteras y mochilas. ¿Su próximo paso? Lo cuenta ella misma: "Como tengo todo en el comedor de mi casa y no hay espacio, quiero hacer un tallercito al lado para poner mi mesa, mis telas, todo, y separar esto de mi casa. Es algo que hasta ahora no pude lograr; todo cuesta... Pero paso a paso lo vamos a ir logrando".
Tras la fortmalidad
La formalización de las actividades financiadas es un tema de debate dentro del mundo de las microfinanzas. El monotributo social es el mecanismo dispuesto por el Gobierno para intentar ese objetivo: el esquema prevé la posibilidad de ser formal con un año de gracia para el pago de las obligaciones impositivas. Estar en esa condición permite, por ejemplo, facturar las operaciones y ampliar el universo de compradores. Sin embargo, los actores del sistema destacan que, por razones entendibles, no hubo una adhesión significativa.
Según Raúl Zavalía, la informalidad constituye un mundo que se maneja con una lógica no siempre no entendida por la sociedad. “No es un desvío de la formalidad; todo funciona con otras reglas”, advierte. Contra el blanqueo atentan la complejidad de los trámites y la percepción de que la carga que implicará derivar al fisco recursos, de los pocos que se tienen, en lugar de aplicarlos a hacer crecer pequeña actividad, no reportará beneficios valiosos.la
Desde el Estado
Por la ley 26.117, de promoción del microcrédito, aprobada el año último, el Estado destinará $ 100 millones para fondear entidades que otorguen préstamos. "El 70% será para el fondo prestable y el 30% para el fortalecimiento de las instituciones", explica Daniel Arroyo, secretario de Políticas Sociales y presidente del Fondo de Capital Social (Foncap), creado en 1997 para promover el acceso de la población de bajos recursos al financiamiento.
En los últimos tres años, la cartera de Desarrollo Social llegó, con créditos o subsidios, a 535.000 pequeños emprendedores. Según el funcionario, el objetivo es duplicar esa cifra y a la vez lograr, subsidios mediante, que el interés de los créditos no supere el 8 por ciento. Además, mientras que hasta ahora se destinaron $ 300 millones a esta tarea, se prevé que para fines de 2007 la cifra será de $ 700 millones. "El tema es lograr el ingreso en cadenas productivas y que se pueda dar un salto de calidad", define Arroyo.
La nueva ley del microcrédito no está exenta de cuestionamientos. Juan Padilla, presidente de la asociación civil Gestión de Proyectos de Economía Social (GPS), sostiene: "En realidad no es una ley, sino un programa que destina fondos a las instituciones, pero no mejora su esquema impositivo ni su acceso al financiamiento de entidades financieras reguladas, ni las incluye en cadenas de valor integradas por pequeñas, medianas y grandes empresas". La consecuencia, dice, es que se mantiene a las microempresas "en su gueto de hacer negocios entre pobres".
Desde la Red Argentina de Instituciones de Microcrédito (Radim), Raúl Zavalía y Julián Costábile señalan que, en este momento, más que regular lo que hace falta es promover, por todos los medios posibles, exenciones. Por ejemplo, la ampliación de la cobertura de las microfinanzas.
Para saber
FIS
Fondo de Inversión Social www.fis.com.ar
Pro vivienda
Fundación pro Vivienda Social, www.fpvs.org
Radim
Red Argentina de Instituciones de Microcrédito, 4512-5207
GPS
Asociación Civil Gestión de Proyectos de Economía Social www.gps-ar.org.ar
Foncap
Fondo de Capital Social, www.foncap.com.ar
Agradecimientos: Colaboraron en la elaboración de esta nota Juan Peña, presidente de Fundación El Otro; Juan Padilla, presidente de Gestión de Proyectos de Economía Social y Alexadra de Royere de la Fundación Andares.


