
El Madre Teresa de Calcuta recibe a niños de hasta 11 años sin cobertura médica; “ya no podemos atender a todos los que vienen”, lamenta su fundador
Todos los martes, Rosa sale antes de la escuela. Su mamá la espera y la lleva a hacer sus terapias. “Es una nena muy activa pero las cosas le cuestan un poco más”, cuenta Alcira, su mamá.
Rosa tiene 6 años, va a primer grado y tiene síndrome de Apert, una condición genética que afecta el habla y el aprendizaje y, entre otras características, hace que los dedos de las manos y los pies estén unidos.
Hace algunas semanas, a Rosa le dieron el alta en el Hospital Elizalde, donde la operaron para separarle los dedos de su mano derecha. Mientras espera el turno para que le intervengan la izquierda, retomó los encuentros con las especialistas del Centro de Rehabilitación Madre Teresa de Calcuta.
“Los necesita para no atrasarse en la escuela. Si no estuviera el centro, no sé cómo haríamos porque no tenemos cómo pagarlos”, resume su mamá con tristeza.
El Madre Teresa funciona en el Barrio Rivadavia I, un barrio popular del Bajo Flores, vecino a la villa 1-11-14. Ofrece en forma gratuita terapias a chicos con discapacidad que, como Rosa, no tienen obra social.
La niña ni siquiera puede acceder a la cobertura médica pública de Incluir Salud porque no tiene Certificado Único de Discapacidad (CUD). “Desde que nació son tantos los turnos y las consultas que, sumado a que tengo que trabajar, nunca lo pude tramitar”, explica Alcira, su mamá.
El centro fue fundado por la Comisión de Discapacidad del Arzobispado de Buenos Aires. Desde que empezó a funcionar, en 2007, recibe a familias que llegan incluso desde municipios del conurbano bonaerense en busca de un espacio de tratamiento para sus hijos con discapacidad.
Su fundador, el sacerdote Pablo Molero, también preside el Foro Permanente de Discapacidad. “Empezamos a ofrecer este servicio porque intuíamos que en las villas y los barrios más vulnerables esta necesidad no estaba cubierta”, dice.
El párroco recuerda que en 2007 eran apenas dos profesionales. Enseguida, cuenta, la demanda los superó y, desde entonces, el centro tiene lista de espera. “Este lugar es único en su tipo. Lamentablemente no podemos atender a todos los que necesitan”, reconoce Molero.
En nuestro país hay alrededor de 1.300.000 niños, niñas y adolescentes con discapacidad, de acuerdo con las estimaciones del último censo.
Son chicos y chicas que requieren de diferentes tipos de terapias para llevar una vida plena. Sin embargo, según datos de la Agencia Nacional de Discapacidad para abril de 2025, de ese total, solo 505.000 tienen CUD, un requisito esencial para poder tramitar terapias ante cualquier sistema de salud y hacerlas en forma gratuita.
Rosa está dentro de los cientos de chicos y chicas con discapacidad que no cuentan con cobertura médica. Tampoco tiene la posibilidad de afrontar las terapias que necesita en forma privada. Vive con su mamá y su hermanito de 9 meses en la villa 1-11-14 y los ingresos familiares dependen básicamente de las changas que la mujer consigue como costurera.
Actualmente, el espacio cuenta con ocho profesionales y ofrece terapias de fonoaudiología, kinesiología, psicología, terapia ocupacional y psicopedagogía. El lugar atiende a niños y niñas de hasta 11 años con dificultades en el desarrollo y la comunicación y con distintas discapacidades.
“Ahora tenemos casi 60 chicos”, señala Molero. Según calcula, entre el 70% y el 80% de las familias provienen de la villa 1-11-14 y del Barrio Rivadavia I. El resto llega desde Villa Lugano, Villa Soldati y también de distintos puntos del conurbano, como Lomas de Zamora, Avellaneda o González Catán.
“Muchos chicos vienen derivados por hospitales públicos, entre ellos el Penna, la Maternidad Sardá y el Piñero, además de centros de salud barriales y escuelas estatales”, grafica el sacerdote, quien agrega que otros llegan por recomendación de vecinos, docentes o referentes comunitarios que conocen el trabajo del lugar.
La iniciativa se financia con donaciones privadas y además recibe un aporte simbólico de 25.000 pesos por mes de las familias que lo pueden pagar. “El monto es independiente de las terapias que realicen los chicos, que casi siempre son entre dos y tres por semana”, puntualiza.
Molero describe el funcionamiento del espacio como “modesto, pero constante”. El servicio se ofrece los lunes, martes y jueves por la mañana. “Hacemos un esfuerzo muy grande porque los ingresos no logran cubrir los gastos”, agrega el sacerdote.
“¿Qué tiene esta bebé?"
Alcira cuenta que, cuando estaba embarazada de Rosa, realizó todos los controles habituales. Ninguna ecografía detectó que la bebé tenía síndrome de Apert.
El diagnóstico llegó después del nacimiento, en el Hospital Penna. “Ni los médicos sabían lo que tenía. Cuando nació se preguntaban: ‘¿Qué tiene esta bebé?’. Al principio fue mucha angustia”, recuerda.
Hasta el momento, además de la operación de su mano, Rosa ya pasó por dos cirugías de cráneo porque los huesos no permitían el crecimiento adecuado de la cabeza. También fue operada de amígdalas y recibió implantes auditivos. “Son tantas las idas al médico que hoy me es imposible pensar en un trabajo fijo fuera de mi casa”, lamenta.
La mujer recuerda que en una de las tantas consultas médicas en el Hospital Elizalde, cuando Rosa tenía tres años, una pediatra le habló del Madre Teresa, que está a 10 minutos de su casa caminando. Al principio, a Rosa no le gustaba ir. Pero con el tiempo todo cambió. “Ahora entra contenta. Lo toma como un juego”, afirma su mamá.
En aquel momento, Rosa empezaba a dar señales de dificultades en el aprendizaje. Además le costaba la comunicación y tenía problemas de motricidad fina. “No podía agarrar los lápices”, repasa Alcira.
Desde entonces, los avances son muy visibles. “Con las terapias ganó autonomía, mejoró su comunicación y se desenvuelve mejor en la escuela y con otros chicos”, agrega la mujer.
Más información
El Centro de Rehabilitación Madre Teresa de Calcuta funciona en el Bajo Flores y ofrece terapias gratuitas para unos 60 niños con discapacidad que no tienen ningún tipo de cobertura médica.
- Podés conocer más sobre su trabajo en su sitio web
- Si querés apoyarlos o comunicarte con ellos, podés escribir a rehabilitacionmadreteresa@gmail.com o a pabloadrianmolero@gmail.com
