
Pablo Roviralta: "La voluntad política de urbanizar está; la clave es que el crédito exista"
El titular del Instituto de la Vivienda de la Ciudad de Buenos Aires admite que el gobierno tiene poca experiencia en intervenciones estructurales en las villas y asentamientos; su objetivo es asegurar agua potable, cloacas, obras fluviales y calles en estos territorios
1 minuto de lectura'


Vecinos reclamando (hasta llegar a procesos de judicialización) mejoras en la prestación de servicios públicos e infraestructura; tomas de terrenos y sus posteriores desalojos, y, hasta el año pasado, acusaciones cruzadas entre el gobierno porteño y el nacional a la hora de delimitar responsabilidades.
Todas estas cuestiones hicieron que la urbanización de las villas se volviese cada vez más un tema prioritario, que exige a gritos una resolución. Las cuentas pendientes son muchas; los desafíos, enormes. Pablo Roviralta, titular del Instituto de la Vivienda de la Ciudad de Buenos Aires, asegura que urbanizar estas zonas es hoy una prioridad en la agenda política.
-En el relevamiento realizado por la organización Techo en 2013 se contaban 56 villas y asentamientos informales. ¿Ustedes manejan las mismas cifras?
-No. Tomando la historia y el tamaño como criterio divisor de aguas, en la ciudad hay aproximadamente 14 villas, 21 asentamientos y dos núcleos habitacionales transitorios. Según el censo 2010, vivían allí unas 165.000 personas, pero en la actualidad serían alrededor de 275.000. Son números muy dinámicos, que crecen de manera poderosa.
-Los vecinos y las organizaciones sociales que viven y trabajan en estos barrios protestan porque en la mayoría de ellos las familias cuentan con una conexión irregular a la red pública de agua.
-Tenemos que partir de que en un asentamiento o villa todo es irregular. En términos de superficie, las villas no representan más del 1,3% del suelo de la ciudad: son 250 hectáreas en donde vive el 7,5% de la población, lo que da una dimensión de su densidad poblacional. Allí se dan crecimientos enormes sin ninguna pauta urbanística en materia de servicios, y el resultado es el esperable: la demanda de los vecinos al Estado, y en eso estamos trabajando, es muy básica. Quieren una infraestructura de servicios que permita una vida con cotas mínimas de dignidad: ahí hablamos de agua, cloaca, obras fluviales.
-Hasta el año pasado, el gobierno de la ciudad manifestaba que tenía limitaciones de acción, ya que esas tierras fiscales pertenecen a la Nación. Hoy, que hay concordancia política entre ambos gobiernos, ¿existe la voluntad política de urbanizar?
-La voluntad política está. La clave es que el crédito exista. Estos procesos de urbanización son muy costosos y no pueden hacerse con el tesoro de la Ciudad, sino que es necesario un proyecto de inversión: el gobierno porteño tiene que endeudarse y resolver estas cuestiones básicas de manera sostenible. Se han alineado los planetas en materia política como para que se pueda hablar de acceso a intervención en tierras que antes eran privativas del Estado nacional. Pero, sobre todo, el país está en camino de regularizar su economía y, por eso, de ser sujeto de crédito, ampliándose así su radio de actuación en un tema tan importante como éste, que es un desvelo del jefe de gobierno. Todavía la experiencia que tenemos al respecto es escasa, porque se han hecho pocas intervenciones: el caso de Piletones es uno, pero no de gran escala. Este trabajo se irá haciendo de manera gradual: así como una casa se construye desde los cimientos, una urbanización se construye desde su infraestructura de servicios.
-¿Por qué dice que el Estado tiene poca experiencia?
-El crecimiento de las villas no fue planificado en términos de infraestructura y servicios, y el Estado no ha tenido una intervención decisiva en este aspecto: lo que hizo fue atender los efectos de esa falta de planificación. La UGIS creció de manera proporcional a la densificación que tuvieron estos barrios, atendiendo las emergencias (en términos de desagües cloacales, fluviales y redes de agua) de la densificación de la población, en un período en que no hubo posibilidad de lograr una respuesta estructural al tema villas.
-Dentro del proceso de urbanización, ¿la relocalización es la única opción? Muchos vecinos quieren quedarse en el mismo barrio donde viven.
-La mejor relocalización es la que se hace cerca del barrio de origen. Nosotros tenemos experiencias de dos tipos: de haber relocalizado a personas en un radio de seis a diez cuadras y más lejos. Los resultados cambian: cuando una relocaliza, desarraiga a las personas de sus vínculos más primarios: familia, amistades y todos los vínculos con el Estado (educación, salud, etc.). En la medida de lo posible, se prevé la relocalización cerca de los asentamientos y villas. Pero en la ciudad el suelo es cada vez más caro, y si bien el IVC tiene algunos terrenos dentro de su patrimonio, no son suficientes como para resolver el problema habitacional porteño, que implica un déficit del 12% aproximadamente.
-¿Tienen identificados territorios en los que sea prioritario comenzar a trabajar?
-Estamos trabajando de manera intensa, en los últimos 45 días y junto con el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat, en la urbanización de la villa 20. Cuando uno urbaniza, necesita relocalizar una parte importante de las viviendas, que puede estar en el 10 y el 20%, porque hay que abrir pasajes y transformarlos en calles; dar cotas mínimas de iluminación y ventilación. En el caso de la villa 20, la estamos pensando para el terreno adyacente, conocido como Papa Francisco. Relocalizar y urbanizar son casi dos caras de una misma moneda: no podés largarte a urbanizar un lugar que creció de manera anárquica sin afectar una cantidad de dominios.
1- 2
Reforma laboral: “Se perdió una gran oportunidad para tener una ley laboral inclusiva”
- 3
María Migliore: “El solo hecho de crecer en un barrio popular define tu trayectoria de vida”
4Hace dos años dormían en un cajero de un banco y un medio de La Plata contaba su historia: “Entró un tipo, nos miró y nos cambió la vida”

