
Cómo se preparan los docentes para estar al frente de las aulas, cuáles son sus principales dificultades y de qué manera las resuelven. Y cómo será la implementación del nuevo Plan Nacional de Formación Docente.
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Cuando sus amigas debatían sobre si iban a ser amas de casa, médicas o arquitectas, Leila Soria Romero ya tenía bien en claro que quería ser docente. De esas que marcan la vida de los alumnos, que les abren los ojos hacia un futuro mejor. Nacida en el seno de una familia de docentes - quizás eso le haya marcado el camino-, terminó el secundario y se inscribió en el Instituto Superior N° 117 de Formación Docente de San Fernando para concretar su sueño. Mientras estudiaba empezó a hacer suplencias en algunas escuelas secundarias y a conocer una realidad que hoy no está preparada aún para afrontar: alumnos que trabajan en la calle o son cartoneros; que no tienen lapicera, hojas, mochila, y que perdieron todo el interés en estudiar porque saben que su único futuro es el delito.
"Yo trabajo en un colegio de chicos muy necesitados, con problemas de violencia y abuso. Y cuando estuve frente al aula, me pasaron cosas insólitas como que se insultaran y pelearan entre ellos, que llevaran cuchillos a la escuela o me amenazaran. En cuanto a lo pedagógico y educativo, los chicos no saben ni escribir su nombre", dice Leila, quien confiesa que en algunas escuelas la presionan para que apruebe a los alumnos para asegurarse la matrícula del año siguiente.
Esta joven, que trabaja como docente de geografía y ciencias sociales en seis escuelas secundarias de San Fernando y San Isidro, se recibió en 2007 y pensaba que iba a poder establecer un buen vínculo con los alumnos por la poca diferencia de edad que tenían, pero se equivocó. "Nadie quiere tomar los cargos de las escuelas más vulnerables y ésos son los primeros que conseguís cuando recién te recibís. El problema es que en la formación nos faltó la conexión con la realidad. En el profesorado, todo lo que bajan para que los docentes hagamos está fuera del contexto que se vive día a día en las aulas. Porque yo no puedo enseñarle a un chico historia antigua, si no sabe siquiera leer ni escribir", reclama Leila, que también asegura que las personas que la formaron estaban muy preparadas, pero no supieron transmitirle lo que sabían. "Nos decían que teníamos que basarnos en el enfoque constructivista de enseñanza, pero ellos seguían utilizando el modelo tradicional", agrega.
Su caso refleja la realidad de más de 1.206.688 docentes que, en numerosas situaciones, carecen de las herramientas necesarias para enseñar a alumnos cada vez más diversos. Eso es justamente lo que intenta subsanar el nuevo Plan Nacional de Formación Docente (ver recuadro), que se empezará a aplicar este año. Entre sus innovaciones, incluye un mínimo de cuatro años de cursada, y se hará hincapié en reponer la autoridad del docente frente al aula, reforzar su responsabilidad de cara a los resultados de los alumnos y una planificación de la oferta docente en función de la demanda en las provincias.
Mayores dificultades
¿Cuáles son las mayores dificultades que tienen los docentes en las aulas? Según un análisis de los docentes novatos (recién recibidos) insertos en el Programa Desarrollo Profesional de Formadores para el Acompañamiento a los Docentes Noveles en el Sistema de Formación Docente, de 2008, realizado por el Instituto Nacional de Fornación Docente (Infod), la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), el 65% de los docentes noveles se siente capacitado en los distintos contenidos que tiene que transmitir en la gran mayoría de las situaciones y el 33% se reconoce de esta manera en sólo algunos casos.
Esta encuesta se realizó a 157 docentes que iniciaban su carrera profesional en las provincias de Tucumán, Misiones, Córdoba, Neuquén, Salta, San Luis, Santa Fe y La Pampa.
A la hora de reconocer sus fallas, los novatos manifestaron en su mayoría (33%) que se sentían más débiles en la utilización de estrategias de enseñanza, incluida la selección de materiales didácticos, la planificación y la evaluación. El aspecto que sigue en orden de importancia es el relativo al trabajo con los alumnos que presentan dificultades y su entorno (un 22%, incluyendo aquí cuestiones vinculadas con la disciplina). Un 10% considera como falla, específicamente, lograr el dominio del grupo.
Al recrudecimiento de los niveles de pobreza y la incorporación de alumnos a la escuela media, hay que sumar los cambios en los modelos familiares, el adelanto tecnológico y la degradación de la figura del docente. El perfil del alumnado ha ido mutando vertiginosamente, y el universo de los docentes también ha incorporado más matices. "Antes los chicos salían del secundario y se anotaban para ser docentes. Ahora, además de esos alumnos, tenés otros de 30 años que probaron varias carreras y eligen la docencia como descarte, o mujeres de 40 años, con hijos, que deciden retomar o iniciar sus estudios. Se estima que son cerca de 330.000 las personas que están cursando en todos los niveles para ser docentes", explica Graciela Lombardi, directora del Infod.
¿Es posible profesionalizar la docencia? Los especialistas coinciden en que son múltiples las dificultades que encierra el sistema actual: debilidad de la formación inicial de los docentes, sobredimensionamiento de la oferta de formación docente, mercantilización del sistema de capacitación y falta de contacto con la realidad que se vive en las aulas, por ejemplo.
Según datos del Relevamiento Anual de Establecimientos realizado por la Diniece en 2004, existen en el país 1099 instituciones de nivel superior no universitario que ofrecen carreras docentes, y de acuerdo con las últimas mediciones, el número estaría cerca de 1200. La cantidad resulta llamativa si se considera en relación con la de México, que cuenta con sólo 75, Francia con 30 y Chile con 34. Esta gran multiplicidad de institutos de formación docente (IFD) dificulta el control de la calidad de la formación, por lo que los conocimientos y las competencias de los egresados son dispares en todo el país.
"La mayoría de los institutos son privados, pequeños, están muy concentrados en algunas provincias y muy mal distribuidos. Se forman docentes no en función de la necesidad, sino de lo que la gente tiene ganas de estudiar", explica Claudia Romero, directora del Area de Educación de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella. Un estudio del IIPE-Unesco confirma esta apreciación: más del 57% de los IFD son pequeños, con una matrícula de hasta 200 alumnos, la tercera parte son instituciones medianas (entre 200 y 700 alumnos) y apenas el 10% de ellas pueden ser consideradas grandes establecimientos, con más de 700 estudiantes. Se recibe uno de cada siete inscriptos.
"Hay que contemplar los contenidos, pero también el ambiente de aprendizaje. En general, los IFD son contextos académicos pobres, donde no hay lugar para la investigación y el nivel de los profesores es muy bajo porque suelen ser personas mayores que no han seguido formándose y no tienen título universitario. Yo no dudaría con respecto a que los maestros tienen que formarse en las universidades, como sucede en Finlandia, Chile o Uruguay", afirma Romero.
Hijo de la desocupación
Martín Randazzo se define como un hijo de la desocupación, porque llegó a la docencia como una posible salida laboral. "Cuando terminé el secundario, en 1996, estaba en una época difícil de mi vida y no quise seguir una carrera universitaria. Después de unos años de no encontrar trabajo, vi en la docencia una futura inserción laboral", dice este profesor suplente de Sociología y Diseño y Proyecto, que da clase en seis colegios de San Isidro, Tigre y Escobar y cobra cerca de 3500 pesos por mes.
En 2000 se recibió como maestro de grado en el Instituto Superior de Formación Docente N° 52 de San Isidro y en 2006 de profesor de Ciencias Políticas. A lo largo de siete años de trayectoria docente, trabajó como maestro de grado, en una escuela especial y ahora en escuelas para adultos.
Es un entusiasta, que cree que lo mejor que le puede transmitir a sus alumnos es su experiencia y su verdad. "Los grupos donde uno da clase son muy distintos. En algunos siento que no estoy preparado para enseñarles y hay otros que responden perfecto a la misma modalidad y material. La tecnología avanza más rápido de lo que la pueden insertar en los programas, y eso hace que todo llegue tarde o no se utilizan bien los instrumentos", explica Martín, de 32 años, que mantiene intacta su pasión por enseñar.
Sostiene que lo más importante que tiene la educación es que amplió las posibilidades y que si uno se sigue formando, encuentra puertas abiertas. "Yo nunca hice un curso de perfeccionamiento porque preferí sumar otra carrera", concluye.
Según el Censo Docente 2004, ocho de cada 10 docentes son mujeres; la edad promedio es de 41 años, y la mayoría ha completado estudios superiores.
Las escuelas con mayor porcentaje de alumnos en condición de vulnerabilidad social tienen menor porcentaje de docentes graduados en universidades. Los profesores del sector estatal, en promedio, provienen de familias con menos años de escolaridad que los del sector privado.
"En la Argentina, un docente no se ve como intelectual y se debería prestar atención a los consumos culturales, si lee libros y el diario, si va al cine y al teatro. Es un proceso muy difícil educar a chicos de contextos socioeconómicos distintos de los que uno pertenece. Esto se consigue con el desarrollo de una sensibilidad especial y con conocimientos no formales, como tener acceso a bibliotecas, eventos culturales, que puedan viajar dentro del país y conocer los matices de las distintas realidades sociales", explica Romero.
El documento Políticas para la docencia. Opciones y debates para los gobiernos provinciales, realizado por Florencia Mezzadra y Claudia Composta, de Cippec, presenta un preocupante panorama sobre la formación docente en la Argentina: no se forman maestros para el nivel medio, faltan en la formación inicial competencias básicas como alfabetización inicial de niños y niñas, lectocomprensión de textos académicos; se carece de instancias específicas de formación para el acceso a cargos directivos, y también en formación y capacitación continua.
A su vez, también presenta algunas sugerencias para mejorar esta situación, como la construcción de edificios propios para los IFD, que muchas veces los comparten en contraturno con otras escuelas; la creación de un programa de profesionalización para formadores de docentes; la incorporación de nuevos requisitos para el ingreso a la docencia en los IFD; la articulación de la formación docente con nivel superior universitario, y la eliminación de cursos cortos y desarticulados en la capacitación continua.
Problemas de aprendizaje
"Veo que hay un montón de maestras en la escuela que siguen con las formas viejas de enseñanza, porque no se actualizaron. Lo más grave me parece lo relativo a las necesidades educativas especiales. Uno llega al aula y se encuentra con chicos que tienen algún tipo de problema o dificultad en el aprendizaje, pero no sabe qué. Si uno no tiene un apoyo, no sabe cómo ayudarlos. Uno es docente, pero no psicopedagogo", sostiene Bárbara Loza, maestra de Ciencias Naturales de 3er grado en el Instituto Nuestra Señora de la Misericordia, de Mataderos.
Con sólo 22 años, cuenta que su mayor desafío en los primeros tiempos de docente fue la relación con las familias. "Uno no está preparado para hablar frente a un montón de personas adultas, que en algunos casos te doblan en edad. Uno tiene seguridad para estar frente a los alumnos, pero no frente a los padres", aclara.
Bárbara hizo todo su trayecto educativo en el Instituto Nuestra Señora de Las Nieves, en Liniers, incluso el terciario. Su formación docente duró dos años y medio, y de su camada sólo se recibieron cuatro personas. "Los maestros que tuve en el profesorado eran todos universitarios. Algunos eran excelentes e incluso trabajan en los diseños curriculares de nuestra formación", agrega. De la enseñanza actual rescata que se escucha más a los chicos, se les explican los porqués y se busca que los alumnos pregunten y tengan una opinión crítica. "Antes el método era muy repetitivo y el maestro era el dueño de la verdad. Ahora tenés que justificar todo lo que hacés", dice.
Son muchos los desafíos pendientes para conseguir mejorar la formación docente. Sin embargo, los maestros y profesores siguen día a día escribiendo en el pizarrón con la esperanza de tocar a sus alumnos.
Contactos
- IIPE-Unesco : www.iipe-buenosaires.org.ar
- Universidad Torcuato Di Tella : www.utdt.edu
- Cippec : www.cippec.org
- Infod: www.me.gov.ar/infod
- OEI: www.oei.org.ar
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