Schcolnik: el legado de la educación
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El apellido Schcolnik es en el mundo sinónimo de packaging gracias a Wolf y a su hijo Enrique. Pero también de educación.
Wolf nació en Rusia en 1890. Llegó a la Argentina en 1911 y construyó un imperio prácticamente de la nada. Persona recta y de firmes principios, ante la crisis del 30 reunió al personal y le planteó: "Muchachos, la situación es seria. Si aceptan un 10% de rebaja en el sueldo, yo les prometo que acá no se suspende a nadie". Los empleados aceptaron y pudieron superar las dificultades.
También desempeñaba muchas tareas comunitarias y sociales, pero su principal legado fue el valor de la palabra empeñada: "Cumplir con lo que se dice, pagar las cuentas, no quedarse con lo de los demás, respetar al obrero. Que mi obrero esté mejor que el de enfrente", sostenía.
Cuando la empresa pasó a manos de Enrique creció hasta niveles que jamás Wolf hubiera podido imaginar. En 1951 inauguraron una planta modelo en Hurlingham, donde la calle principal llevaba el nombre de su padre y una parte estaba reservada para las casas de los obreros, a quienes se las vendieron a muy bajo precio.
Al retirarse de la empresa, Enrique se dedicó a la fundación que lleva su apellido, destinada a apoyar colegios de todo el país. Comenzaron en 1962 construyendo una escuela en Villa Tesei que lleva el nombre de su padre y en la actualidad asisten a más de 1500 colegios y 215 bibliotecas en el país.
Enrique falleció en mayo último, pero la fundación continúa trabajando con su legado y el de su padre.
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