Sin despedida. "Es inhumano que haya gente que se muera sola"

Para Tomás Olivieri Acosta, quien desde hace casi dos décadas se dedica a estudiar la muerte y acompañar de forma voluntaria a personas en el final de la vida, el caso de Solange Musse "es una radiografía de lo que somos como sociedad"
Para Tomás Olivieri Acosta, quien desde hace casi dos décadas se dedica a estudiar la muerte y acompañar de forma voluntaria a personas en el final de la vida, el caso de Solange Musse "es una radiografía de lo que somos como sociedad"
María Ayuso
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28 de agosto de 2020  • 08:16

Para Tomás Olivieri Acosta, quien desde hace casi dos décadas se dedica a estudiar la muerte y acompañar de forma voluntaria a personas en el final de la vida, el caso de Solange Musse, la mujer de 35 años que falleció a fines de la semana pasada en Córdoba sin poder ver a su padre, representa mucho más que la vulneración de un derecho elemental. "Es una radiografía de lo que somos como sociedad. Es inhumano que haya gente que se muera sola", sostiene el emprendedor social y fellow de Ashoka.

En esa línea, subraya que en el contexto actual se están generando "heridas emocionales, vinculares y familiares que va a llevar años reparar". Partiendo de la idea de que la muerte es el momento "más vital, culmine, trascendental e íntimo que tenemos los seres humanos", Olivieri Acosta pone el dedo sobre la llaga de una paradoja: al mismo tiempo, es el que menos cuidamos y para el que menos preparados estamos. El emprendedor, que está casado con Romina, tiene una hija de dos años y un varón en camino, considera que hablar desde la infancia sobre la muerte, un tema que hoy sigue siendo tabú, es una de las claves para generar un cambio de conciencia. "Estamos a años luz de entender lo que es un proceso de buen morir", asegura.

¿Por qué considera que el caso de Solange es una radiografía de nuestra sociedad?

Estamos a años luz de entender lo que es un proceso de buen morir, un duelo y lo que significa acompañar situaciones de sufrimiento. No hay conciencia de que la muerte es el momento más importante, trascendental e íntimo de una persona. El caso de Solange es una radiografía de lo que somos en relación a la poca compasión y empatía que tenemos frente al sufrimiento ajeno. La pandemia lo que hizo fue sacar a la luz lo poco evolucionados que estamos en esa frecuencia y ni hablar con respecto a la muerte, que es algo que todavía no tenemos ni asimilado o sanado bajo ningún punto de vista.

¿Cuál es el mayor temor que nos despierta el pensar en la muerte?

Cuando vos le pedís a alguien que proyecte su muerte, lo que más ansiedad y miedo genera en cualquier ser humano -esté o no enfermo, y te estoy hablando desde antes de la pandemia-, es la soledad al momento de morir. Es uno de los miedos más primarios y manifiestos. Ese miedo, se está encarnando en una negligencia y soberbia que quedaron en evidencia durante la pandemia.

El contexto actual volvió a la pesadilla de la muerte en soledad como algo mucho más palpable.

Lo que destaco como positivo es que nos trajo a la muerte de frente. Por un lado, se despertó la toma de conciencia de que estamos de paso; pero, por el otro, salió a la luz la locura de que haya gente que se muere sola. Nadie merece transitar eso, es inhumano lo que está pasando. Lo que más angustia en la pandemia no es solo que te podés morir, sino en qué condiciones: eso es aberrante, no debería pasar y está ocurriendo con enorme naturalidad. Parte de mi trabajo es acompañar emocionalmente a médicos y enfermeros, que están todo el día en contacto con pacientes con Covid: entran a verlos, con las medidas de seguridad que corresponden, salen y siguen viviendo. Con lo cual, no hay ningún pretexto más allá del miedo, la soberbia y la ignorancia colectiva para impedir que un familiar pueda estar al lado de una persona que se muere. No tenemos ni idea de la importancia de ese momento y de la necesidad no solo de quien fallece, sino del que tiene que hacer el duelo y sobrevivir a esa muerte. Estamos generando heridas emocionales, vinculares y familiares que va a llevar años reparar.

Ud. siempre habla de la muerte como el momento más trascendental en la vida de una persona, ¿qué implica revalorizarlo y darle la entidad que debería tener?

Implica, primero, que culturalmente incorporemos a la muerte como parte de la vida. Si bien la pandemia nos desnuda frente a la muerte, también nos desnuda lo poco preparados e incorporada que tenemos a la finitud. En 1990, la OMS estableció como un derecho fundamental de cualquier persona en el final de vida el estar acompañados, el no morir solos. El momento de morir es el más vital, culmine, trascendental e íntimo que tenemos los seres humanos, y es el que menos cuidamos y para el que menos preparados estamos.

Su vocación de acompañar a personas en el final de la vida nace a partir de una experiencia personal. ¿Cuál fue y en qué consiste, fundamentalmente, esa tarea de acompañar?

Hace unos años, un hermano mío, Agustín, tuvo un accidente: se cayó de una montaña, estuvo 15 minutos inconsciente y murió en los brazos de una persona que estaba con él. Cuando me enteré de que había muerto en los brazos de alguien y no solo, sentí mucha gratitud y paz. Ahí se me despertó esta vocación. La mejor manera de acompañar a alguien es estando presente. Una persona que está transitando los últimos días, semanas o meses de su vida, lo que más necesita es alguien que lo pueda escuchar y, a veces, también hacerlo desde el silencio. El desafío es que pueda encontrar un interlocutor válido con el cual sienta que puede abrir cualquier cosa que necesite, con la libertad de que quien lo está escuchando esté preparado para eso.

¿Cómo nos preparamos para la muerte?

Implica preguntarnos: ¿qué quiero sentir yo al momento de morir? Por lo general, la mayoría de la gente lo que dice es "paz". Cuando me retrotraigo al aquí y al ahora, hay que hacerse una segunda pregunta: ¿tengo paz en este momento? Si la respuesta es "sí" de verdad, es porque estoy viviendo; si la respuesta es "no", que es lo que le pasa a la mayoría, es porque hay algo que no estoy cumpliendo en mi vida. Practicar el morir es saber que hoy estoy y mañana no sé, y si mañana no voy a estar, ¿estoy listo para eso? Una vez una chica me dijo en un taller algo que me encantó: "Mi abuelo todos los días cuando se va a trabajar, le da dos besos a mi abuela: uno porque se va.." y el otro, ¿sabés por qué?

¿Por si no vuelve?

Exactamente. Desde el día que nacemos, empezamos a morir. Si todos los días tuviésemos un reloj que nos recuerde cuántos minutos nos quedan, vamos a poder reflexionar, por ejemplo, si la conversación que estamos teniendo o el programa que estamos viendo, nos aportan realmente algo a nuestra vida. La muerte te conecta con la vida.

¿Sigue siendo hoy la muerte un tema tabú?

Hasta hace un tiempo, había dos temas tabúes a nivel social: uno era el sexo y, el otro, la muerte. El sexo dejó de serlo, pero la muerte lo sigue siendo. El primer arrepentimiento de la gente antes de morir es: "Ojalá me hubiese animado a ser quien enteramente quería ser y no quien los demás esperaban que fuera". Que no nos pase que tengamos que esperar a que nos digan que nos quedan tres meses de vida para empezar a vivir de verdad: empecemos hoy.

¿Por dónde se empieza a generar ese cambio de paradigma?

Tenemos que empezar culturalmente a entender a la muerte como parte de la vida. A mí todavía me pasa mucho de acompañar personas que no utilizan la palabra "muerte" o "cáncer". Seguimos utilizando frases como "hay que luchar contra la enfermedad", "hay que ganarle al cáncer" y, para algunos profesionales de la salud, la muerte sigue siendo vista como un fracaso. Pero nunca le vamos a ganar a la muerte: con la muerte no se lucha, desde el día que nacimos, ya nos ganó.

¿Se debería empezar a trabajar esa idea desde los primeros años?

Totalmente. Incorporar la muerte a nuestras vidas es un trabajo que tenemos que hacer desde el primer momento, desde las edades más tempranas, porque es la transitoriedad y lo efímero de la vida, lo que le da sentido a nuestro paso por este mundo. Cada decisión que tomamos debería estar anclada en ese pensamiento. Preguntarnos: esto que estoy haciendo hoy, esta persona con la que elijo casarme, esta carrera que voy a estudiar, ¿qué me va a aportar al momento de morir? ¿Paz, felicidad, realización, perturbación? ¿Nos hacemos esa pregunta?

¿Ese cambio de mirada social, permitiría que en el futuro no haya casos como el de Solange?

Ya no habría casos como el de Solange porque la persona que vea a ese padre que está yendo a ver a su hija, va a hacer lo imposible para que pueda llegar, porque es una cuestión de voluntad. Tenemos tan negada la muerte y somos una sociedad tan poco compasiva para bancarse el sufrimiento ajeno, que esa persona que le impidió llegar, creo que ni siquiera hizo el ejercicio de ponerse en su lugar.

Más información

En el final de la vida: Desde el 2004, y de manera voluntaria, Tomás Olivieri Acosta acompaña emocional y espiritualmente a personas que por enfermedades avanzadas se encuentran próximas a morir, además de a sus familiares en el proceso de duelo y preparación previa a la muerte. Se formó dentro de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Tornú y en el ámbito profesional brinda talleres de duelo laboral dentro de las organizaciones cuando fallece un empleado. Es creador de la web En el final de la vida.

Fundación Aiken-dedicada al acompañamiento psicológico para la niñez, la adolescencia y la familia en duelo- organiza el ciclo de encuentros virtuales gratuitos "Camino a las primeras jornadas argentinas sobre duelo". Se abordan distintos aspectos del proceso de duelo a cargo de destacados especialistas. El próximo encuentro, sobre duelo y neurociencias, será el 17 de septiembre. Consultas: jornadasduelo2021@fundacionaiken.org.ar

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