Tener un compañero con síndrome de Down cambió sus vidas

Zequi junto a su equipo de fútbol
Zequi junto a su equipo de fútbol
Cecilia Zolezzi
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27 de septiembre de 2019  • 13:01

Ezequiel Speroni (19) estaba en segundo grado y hasta ese momento ninguno de sus amigos de la escuela lo había invitado a jugar a su casa. Un día, Judith, la mamá de uno de sus compañeros, le propuso a su hijo que lo invitara. "Me preguntaba: a qué jugará un chico con síndrome de Down, qué le gustará, cómo se comunicará, pero vino a casa y todo fluyó perfecto. Al poco tiempo, vino de nuevo", recuerda la mamá de quien es hoy uno de sus mejores amigos.

Ese fue el puntapié para lograr la inclusión de Zequi -como todos lo llaman- y poco a poco más papás se fueron animando. "Es hermoso verlos jugar y reírse juntos, verlos aprender a ser pacientes, solidarios, tolerantes, verlos sentirse orgullosos cuando a Zequi le cuesta hacer algo y entre todos buscan la manera de lograrlo", detalla Judith.

Los amigos de Zequi cuentan qué aprendieron al compartir el aula juntos

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"Con la inclusión ganamos todos", afirman los amigos de Ezequiel mientras se preparan para jugar un partido de fútbol en el club de Caballito en el que se reúnen todos los sábados. "Es uno más del grupo, no hay reunión, viaje o fiesta en la que no pueda participar", coinciden. Tomás, Martín y Nacho (17 años) sienten que no serían los mismos si no hubieran compartido el aula con Zequi. Los cuatro amigos cursaron juntos la primaria y la secundaria en el Instituto Educativo Modelo de Caballito y se egresan a fin de año. Ezequiel será el primer chico con síndrome de Down de su escuela en recibirse.

Mayor tolerancia, paciencia, solidaridad y empatía son algunos de los valores que los chicos, maestros, padres y especialistas resaltan. Aprender a valorar las diferencias es otro de los grandes aprendizajes. "A todos los que dudan del valor de la educación inclusiva, les diría que hagan la prueba. Es la única forma de perder los miedos", recomienda Tomás.

"La educación inclusiva enriquece a todos los alumnos y mejora la calidad educativa", asegura el psicólogo y pedagogo español Emilio Ruiz, quien recientemente estuvo en la Argentina dictando cursos para directivos, maestros y padres. De acuerdo a su vasta experiencia, un maestro que recibe un niño diferente en su aula, tiene que cambiar su metodología didáctica para adaptarse a ese niño y gracias a ello, todos los alumnos se ven beneficiados. "Los niños diferentes mejoran la escuela porque no permiten que los maestros se duerman en los laureles de la rutina pedagógica", afirma.

Para este reconocido español otra de las mayores virtudes de la educación inclusiva es que mejora a los compañeros porque aprenden a vivir determinadas actitudes que de otra manera no incorporarían.

Por otro lado, "si quieres triunfar tienes que aprender a relacionarte con todo tipo de personas", enfatiza Ruiz. Es por ello, según él, que las grandes universidades del mundo están recibiendo gente cada vez más variada, chicos de entornos desfavorecidos. "Lo hacen porque entienden que los grandes empresarios del futuro van a tener que convivir con gente de muchos entornos", concluye.

La voz de los especialistas

José María Tomé, Gabriela Santuccione y Rocío Iglesias, referentes argentinos en educación inclusiva ofrecen su mirada sobre los beneficios de una escuela para todos.

¿Por qué es bueno elegir una escuela inclusiva para nuestros hijos?

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"Lo que aprendí como maestra de Zequi"

Claudia Fiorito fue una de las maestras que pasó por la vida de Zequi. En una carta publicada en la web de Asdra que tuvo gran impacto en las redes sociales, resumió cómo el compartir el aula con Ezequiel marcó su vida y la de sus alumnos.

Claudia junto a Zequi en la escuela
Claudia junto a Zequi en la escuela

Carta de Claudia Fiorito, Técnica en Conducción Educativa y profesora de Enseñanza Primaria, maestra de 6° grado de Ezequiel Speroni

"Como docente, en mis clases siempre hablaba de respetar las diferencias, ser tolerantes, compartir con los demás. Con mis alumnos llenábamos las paredes de la escuela con hermosas carteleras, armábamos actos escolares que reflejaban lo bueno que es respetar las diferencias, trabajábamos bonitos cuentos y todo era muy lindo mientras jugamos al 'así debe ser'.

En 20 años de docencia en escuelas privadas tuve solo dos oportunidades de compartir mi trabajo con alumnos con necesidades especiales, ellos y sus padres me enseñaron mucho. Un día, mi aula de 6° grado tuvo un cambio y yo tuve una nueva oportunidad. No era ni carteleras, ni pintura nueva, sino el combustible que se necesita para avivar el fuego y generar un ambiente confortable. A 6° grado había llegado un grupo de 24 alumnos que llevaba siete años de compartir todos los días con un compañero con síndrome de Down.

En cuanto a cómo debo preparar la clase y qué cambios realizar, las maestras integradoras, el equipo que acompaña a mi alumno y sus padres día a día me dan herramientas e incentivan para aprender cada vez más. Aprendo mucho de todos ellos y de la información que hay circulando en diferentes medios. Pero el mejor aprendizaje es que el que vivo junto con el grupo.

Todos mis alumnos saben que son diferentes, aprendieron a aceptarse y usar esas diferencias para realizar un buen trabajo de grupo: '¿Qué es lo que mejor hacés?', '¿Dibujar?', 'Entonces vos dibujá'. 'Si le dibujamos los renglones, él lo puede hacer. tiene letra grande y en imprenta. se va a poder leer mejor la lámina'. No es necesario hacer una cartelera que diga 'Respetemos y valoremos las diferencias', ellos lo viven.

Lo que más me llamó la atención fue la primera vez que mi alumno con síndrome de Down leyó en voz alta. Sus compañeros siguieron atentos la lectura, nadie le corrigió (yo siempre acostumbrada a que el resto de los grupos corrigen cuando un compañero se equivoca o suelen quejarse cuando no se los escucha o tardan en leer), atento a mis indicaciones volvía a revisar su error, al finalizar, antes de que yo pudiese dar una devolución sus compañeros al unísono le dijeron: 'Muy bien Zequi'. ¡Cuánto me enseñaron en ese momento! Paciencia, amor, reconocimiento de los logros de su compañero. No es necesario hacer una cartelera que diga ´Ser tolerantes', ellos lo viven.

Cada clase es una enseñanza. Es cierto, en la escuela se enseña; pero hablo de la enseñanza que no está escrita en un proyecto de aula como contenido. Todos los seres humanos somos, en mayor o menor grado competitivos. Queremos ganar y que se nos reconozca por ello; y son muy pocas las veces donde se comparten los logros con el corazón (muchas veces sólo son para quedar bien). Dos grupos. Juego de preguntas y respuestas. Puntajes. 'Ya sé le respuesta´, dijo un alumno. Todos coincidieron con el acierto. Nadie gritó. Se acercaron a su compañero y al oído le dijeron la respuesta. 'Correcto', contesté. Festejaron juntos pero las felicitaciones se la dieron a su compañero que a viva voz contestó. No es necesario hacer una cartelera que diga "Saber compartir", ellos lo viven.

Para comprender un poco más las experiencias compartidas anteriormente, es importante citar el comentario de un alumno mientras todos realizaban la cartelera para el Día del Síndrome de Down, en la cual incluían conceptos como 'todos tenemos derechos', 'inclusión educativa', etc. Sus palabras, a modo de pregunta reflexiva fueron: '¿Por qué hay que seguir diciéndolo si es algo tan natural?'. Está clarísimo que, dada sus experiencias cotidianas, la inclusión está en sus vidas, en sus pensamientos y en sus corazones; y son los protagonistas del cambio deseado, propuesto, declarado.

Por eso, cuando hablamos de inclusión hablamos de aprender a vivir todos los días los valores humanos conociendo y compartiendo con todos los demás, más allá de sus diferencias.

De qué nos puede servir la cultura general que todo docente busca que logren alcanzar sus alumnos si como seres humanos no buscamos que nuestros niños y niñas, sin distinciones, sean buenas personas para ser felices, brindar felicidad y desenvolverse de forma autónoma. Y eso no se aprende leyendo un libro de texto escolar ni con una clase magistral, se aprende "practicando" y cómo podemos practicarlo si no tenemos la oportunidad de una educación inclusiva.

Está en mis deseos que todos en un futuro no muy lejano vivamos en una educación y sociedad inclusiva.

Para finalizar, un gracias enorme a Zequi y a mis alumnos (amigos y compañeros), por permitirme crecer con ustedes."

Dónde denunciar

Toda persona que se enfrente a alguna de estas u otras trabas puede presentar un reclamo frente a la escuela o ante el Ministerio de Educación de su provincia. Además, puede presentar una denuncia en el Instituto Nacional contra la discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) 0800-999-2345 o en la línea nacional de Convivencia: 0800-222-1197.

Grupo Artículo 24

Una coalición de más de 150 organizaciones de todo el país que luchan por una escuela abierta a la diversidad.

Conocé más en: grupoart24.org

Más información

ACIJ y Grupo Artículo 24 ofrecen un sitio con información sobre las herramientas que pueden utilizarse para reclamar el efectivo cumplimiento del derecho a la educación inclusiva www.porunaeducacioninclusiva.org

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