Un espacio de encuentro
En la villa 21, de Barracas, la fundación Uniendo Caminos apoya a adolescentes en riesgo educativo para que puedan terminar el secundario
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Al sur de la capital, en el barrio de Barracas, se encuentra la calle Osvaldo Cruz. El camino se ve rodeado de grande depósitos y fábricas hasta la calle Luna. Ahí, el cambio de paisaje no pasa desapercibido. En unos pocos metros se erige, de repente, la villa 21. Pasando un centro de salud, la parroquia de Caacupé del padre Pepe y doblando hacia la derecha hay una construcción de ladrillos con un colorido cartel de bienvenida que dice: Comedor Ayúdame a crecer . Allí trabaja la fundación Uniendo Caminos.
"El cambio entre las fábricas y el comienzo de la villa es muy brusco. De ahí nuestro nombre. Nosotros queremos transitar ese camino y unir ambas realidades", cuenta María Maciel, una de las fundadoras de esta asociación civil, y añade que la entrada por Osvaldo Cruz es lo que más suele impactar a voluntarios nuevos.
De los 50.000 habitantes de las villas 21 y 24 se calcula que la mitad tiene menos de 17 años. Las familias del barrio, en su mayoría de origen paraguayo, están formadas por muchos hijos, porque los planes de asistencialismo dan un subsidio por hijo. Lejos de significar mayores ingresos de dinero, esto implica que la gran masa de adolescentes de la villa vive en condiciones precarias y en situaciones de vulnerabilidad social y educativa.
Uniendo Caminos nace en 2001 con la misión de acompañar a estos adolescentes para que puedan terminar el secundario. La organización apuesta a una formación integral, convencidos de que la educación dignifica a las personas y les posibilita un desarrollo total. "Nuestro pilar es el trabajo con el adolescente como protagonista", explica Maciel, mientras añade que si bien los adolescentes son una población con grandes necesidades, la mayoría de las organizaciones trabaja con niños que asisten a la escuela primaria.
Para realizar sus objetivos cuentan con tres proyectos básicos. El primero es el Centro Educativo donde se brinda apoyo escolar. "Lo gracioso es que al principio nosotras dijimos que lo único que no íbamos a hacer era dar apoyo escolar. En nuestro imaginario, esto era lo que más había en las villas -confiesa la fundadora-. Pero nos lo pidieron. Y si lo hicieron, lo necesitaban." Tienen un programa de capacitación que trabaja con pasantías, talleres educativos, de salud bucal, de educación sexual, cursos de informática o de inglés, y por último el proyecto Camino Unido que consiste en orientación vocacional y un sistema de tutorías para aquellos que quieran continuar con una educación superior.
Todos sus proyectos funcionan en el comedor Ayúdame a Crecer. Allí, las señoras del barrio cocinan el almuerzo y de vez en cuando convidan a los alumnos con cuernitos caseros. Los chicos asisten a contra turno de sus horarios escolares, y se reúnen en grupos, segmentados por materia y edad escolar, en torno a los profesores voluntarios, que fueron previamente entrenados por una asesora pedagógica.
Adaptándose a la realidad
En un principio, la institución contaba con un plan alimentario. "Como era la época de 2001 había mucha necesidad alimentaria. Para que los chicos no salieran a trabajar y dejaran el colegio les dábamos una caja con comida", expone Maciel. Unos años después, cuando la situación económica mejoró, se dieron cuenta de la necesidad de eliminar el plan porque muchos chicos iban a comer, mandados por sus padres. "La clave era que el chico viniera porque quería. Y la retiramos con el riesgo de quedarnos sin chicos." Esto no fue así. El 70% de los alumnos siguió yendo, y el número aumentó.
Hoy, el centro tiene 118 alumnos y una lista de espera de 50. Por sus ajustados recursos y el seguimiento personalizado que brinda el personal, no pueden aceptar a más chicos. Gastón Falzari, coordinador pedagógico, es quien se mantiene en contacto con las 20 escuelas de Barracas, Pompeya y Avellaneda a las que asisten los alumnos. Con un referente de la escuela se evalúan los programas y se mide el impacto del apoyo escolar en el rendimiento de los alumnos. Entre 2007 y 2008, el 75% de los alumnos promovió el año y hubo un cero por ciento de deserción escolar. "Noto una diferencia. Antes tenía que estudiar sola y no tenía el material. Acá traemos todas nuestras dudas y nos ayudan mucho", describe, mientras se acomoda la colita de caballo que ata su pelo negrísimo, Idalina Silva, alumna del centro. Ella asiste al centro hace dos años y medio, y es una entusiasta de las matemáticas y la contabilidad.
Trabajo en conjunto
Estos jóvenes en situaciones de riesgo son vulnerables a las consecuencias típicas de la pobreza y la falta de educación. Maciel cuenta que de esto se habla diariamente, entre rondas de mate: "El embarazo adolescente es lo que más vemos, no tanto las adicciones. En ambos casos trabajamos coordinadamente con centros de salud y organizaciones especializadas. Nos ocupamos de la educación, pero para el resto, lo hacemos en alianza con otros".
Este trabajo en conjunto es una de las características de Uniendo Caminos. Las fundadoras llegaron al barrio sin conocer a nadie y accedieron a sus primeras familias gracias a la ayuda del padre Pepe y el Centro de Salud N° 8. Las mujeres del comedor les cedieron un espacio de trabajo, y alianzas con diversas instituciones facilitan las oportunidades del Programa de Capacitación y de Camino Unido. También se relacionan con las familias de los chicos, a las que se involucra por diversas actividades.
El Centro Educativo dejó de ser un mero lugar de enseñanza para convertirse en un espacio de encuentro con la comunidad. "Cuando no tengo nada que hacer, en vez de quedarme en mi casa, aburrida, vengo acá a charlar o a ayudar. También festejamos el Día del Estudiante y los cumpleaños", revela sonrojada María Eliza, otra alumna del Centro y prima de Idalina. Tímida, mira de reojo cómo sus compañeros a su alrededor se enfrascan en problemas matemáticos, y cuenta que en el futuro le gustaría administrar una empresa. Mientras se sube el cuello de su polera blanca debajo de la campera de jean, sonríe, divertida con sus ambiciones.
"Estos chicos son los futuros líderes barriales. Superaron muchísimos obstáculos para seguir con su escolaridad", dice, orgullosa, Maciel. Hoy, en Uniendo Caminos se buscan nuevos desafíos, quizás abrir otro centro educativo en un sector distinto de la villa, y así lograr más inclusión de estos jóvenes, rebosantes de voluntad para seguir adelante, terminar la secundaria y hacer realidad sus proyectos. Allí están, siguiendo el camino, por la calle Osvaldo Cruz.
Contactos
Uniendo Caminos: (011) 4867-4762; www.uniendocaminos.org.ar


