Un hogar no se define por la calidad de sus materiales

Daniel Cerezo hablando de asentamientos

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Daniel Cerezo
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27 de junio de 2019  • 12:49

Antes de empezar a escribir sobre este tema, lo primero que hice, fue buscar en el diccionario el significado de la palabra "asentamiento" porque, esta palabra, me lleva directamente a recordar el terreno que usurparon mis padres para poder establecernos y colocar una casilla firme donde vivir. Decía lo siguiente: "colocación o establecimiento de una cosa en un lugar de manera que quede firme".

¿Cuántas personas soñamos con esto? Con poder tener una cosa en un lugar de manera que quede firme. Algunos le dicen casa, otros hogar. Sin embargo, para la opinión pública, un asentamiento está visto como un lugar donde las personas con menos recursos económicos ocupan y usurpan un espacio que no es de ellos.

Esos espacios, también son nombrados comúnmente como "villas miserias" o "villas de emergencia", pero creo que esos términos no los definen, ya que la miseria también puede hallarse en barrios de cualquier situación económica. Por otra parte, la situación de emergencia remite a una necesidad de solución rápida o inmediata y, como todos sabemos, los asentamientos, llevan y llevarán años de existencia.

Inmediatamente, se activa el imaginario para relacionar los asentamientos con delincuencia, drogas, vagancia y violencia. Pero para muchos es hogar, casa, barrio, futuro, sueño, comunidad y solidaridad.

Todo esto lo aprendo y verifico cada vez que trabajo con personas que viven en un supuesto asentamiento. La falta de urbanización no significa que sea un lugar donde ocurre todo lo que nuestros prejuicios instalan. Sería mentira decir que no hay delincuencia en los asentamientos pero existe en la misma proporción que en otros asentamientos llamados barrios privados. Les aseguro que en los llamados "countries" uno también puede encontrar personas que buscan un hogar, que sueñan, pero también delincuentes drogas, violencia y vagancia.

A veces, me pregunto: ¿Dónde existen más pobrezas y más riquezas?¿En un asentamiento sin urbanizar o en un barrio cerrado o country perfectamente urbanizado, donde entre los vecinos se conocen poco y nada?

Vivir en un barrio cerrado puede traer la sensación de vivir en un mundo paralelo. Hace tiempo, me llamaron de una escuela privada, ubicada en una zona de barrios cerrados, para dar unas charlas y talleres para los jóvenes y niños, dado que sentían que algunos de ellos estaban perdidos.

Le pregunté a la persona que me convocó por qué sentía eso y me contó lo siguiente: resulta que en el recreo, estaban ella y la portera que hacía 18 años era parte de la institución -todo el mundo sabe que las porteras son una pieza importantísimo en cualquier escuela- y en un momento pasa por delante de ellas un chico de 4 grado, de unos 10 años de edad, comiendo un alfajor, y tira el papel al piso. La portera le pidió, por favor, si podía tirar el papel en el tacho de basura, a lo cual el niño le respondió: "Hacelo vos, ese es tu trabajo".

Me quedé helado con la anécdota, pero no fue la única. También, mencionó un episodio donde la profesora de inglés fue a hablar con ella porque había desaprobado a un alumno del primer año del secundario, que le respondió: "Me tenés que aprobar porque mis papás te pagan el sueldo".

Estas actitudes tampoco son la regla en los asentamientos privados. Conozco personas de estos contextos que dedican su vida a desarrollar proyectos comunitarios o a invertir en programas de impacto social desde su inquietud personal. Por ejemplo, conozco una persona que fundó una organización donde acompaña a jóvenes de escasos recursos económicos a que puedan realizar una formación académica, con todo un trabajo de tutorías y desarrollo comunitario.

Entonces, ¿por qué creemos que en un asentamiento el comportamiento de las personas es peor que un barrio bien urbanizado? Claramente, como sociedad nos está faltando entender que la calidad de los materiales de las paredes de una casa no determina si es un hogar rico o pobre en cuanto a los vínculos de sus integrantes.

Las condiciones de infraestructura urbana inciden en el frío que vas a tener en invierno, en la cantidad de espacio con el que vas a contar para dormir, pero no en la calidad de la comunidad humana que allí puede habitar.

Creo que para tener una vida digna no alcanza con contar con edificios o casas bonitas, con calles y todos los servicios que se necesitan para una vida confortable. La dignidad no te la da la vivienda, sino cómo convivimos en ella como familias y cómo dotamos de sentido un territorio donde vivimos con todas aquellas personas con las que somos parte de esta sociedad.

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