Una enfermedad de la vejez
Cómo contener a quienes padecen el mal de Alzheimer
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En nuestro país hay 500.000 personas que padecen el mal de Alzheimer. Muchos la llaman la enfermedad de la vejez.
El mal de Alzheimer afecta a un 20% de las personas mayores de 70 años. Sus síntomas hacen que una persona pueda olvidarse del nombre de un hijo o tener un repentino cambio de humor.
-Alcanzame eso.
-¿Qué cosa?
-Eso.
No poder recordar el nombre de la taza, el vaso u otro objeto cotidiano es uno de los síntomas. La enfermedad de Alzheimer (EA) surge como resultado de un deterioro neurológico y genera pérdida de memoria, confusión, dificultades en el lenguaje, el razonamiento, desorientación en tiempo y espacio, problemas para realizar actividades conocidas y habituales, cambios en el comportamiento.
El 21 de septiembre ha sido declarado el Día Mundial del Alzheimer. La EA afecta a cada persona de diferente manera, en forma gradual y progresiva. Dice Nieves Pazos, coordinadora de un grupo de apoyo familiar de la Asociación Lucha contra el Mal de Alzheimer y alteraciones semejantes (ALMA): "Todos los que tuvimos un familiar con Alzheimer luchamos con un amigo invisible, porque dos enfermos de AE no son nunca iguales". Los grupos de apoyo constituyen para el hijo, hermano, nieto, un espacio de contención y aprovechamiento de experiencias. Es que el Alzheimer modifica no sólo la vida del enfermo, sino de todos los que lo rodean. Es una adaptación a cambios constantes.
Los encuentros de ALMA funcionan en varios hospitales de Buenos Aires y en sedes del interior. "Logramos, además del compartir y contener, reunir estrategias, datos y actitudes para tener en cuenta para una mejor convivencia", cuenta Nieves. Algunos consejos son establecer rutinas, simplificar las tareas diarias, mantener siempre la comunicación o usar elementos que hagan de ayudamemoria.
ALMA es una asociación civil integrada por familiares, amigos y profesionales de pacientes con EA y otros síndromes demenciales. Intenta mejorar la calidad de vida del paciente y su familia.
A pesar de las etapas progresivas de deterioro que marca el Alzheimer, hay que continuar viendo al enfermo en forma digna e íntegra, sin olvidar que esa persona puede dar afecto y, sobre todo, recibirlo.
El acompañamiento familiar, por lo tanto, no debe ser sólo por padecer este mal, sino también por las cualidades propias del mayor. Conviene recordar que detrás de ese padre o abuelo hay historia de vida, que debe marcar la compañía incondicional de aquellos que la disfrutaron cada día.


