
A cien años del paso por Buenos Aires del padre de la teoria de la relatividad
En “Einstein en un quilombo”, el escritor argentino Ariel Magnus recrea la visita al país del Nobel de Física; aquí, un fragmento de la novela recién publicada
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Vemos, o leemos, según nos atengamos a la foto o al epígrafe que la explica, al “eminente hombre de ciencia sonriendo a los fotógrafos en momentos de abandonar el barco que lo trajo a nuestra capital”. Lleva un sombrero de color claro, el corbatín apenas fuera de lugar y el traje gris de tela liviana, abotonado hasta el pecho, que también lucirá, invariablemente arrugado, en las reuniones informales, en sus actividades recreativas y aun el día en que vuelva a subirse al barco, de aquí a un mes. En el bolso que cuelga de su mano, única pieza de equipaje aparte del violín, lleva un traje más, elegante y con chaleco, que ha de estrenar mañana en el Colegio Nacional Buenos Aires, y que seguirá vistiendo en las demás recepciones con que será agasajado, o más bien abrumado, aunque solo hasta que le llegue el momento de ser abrumado por las despedidas. Dos piezas de vestuario para un mes de estadía pueden parecerle un número escaso a una persona preocupada por su apariencia, o incluso por la apariencia de los otros, pero para el que debía usarlos, que era todo menos una persona preocupada por eso (la ropa, no los números), dos trajes resultaban uno de más.



