
Posy Simmonds lleva décadas satirizando el mundo. Hasta abril, la Bibliothèque du Centre Pompidou le dedica una retrospectiva
Cuando la inglesa Posy Simmonds era chica, a sus padres no les hacía mucha gracia que leyera historietas, que ellos consideraban un género insustancial, incluso violento en ocasiones. Corría la década del 50, y la niña consiguió cerrar un trato con sus progenitores, dueños de una granja lechera en la campiña: seguiría con su pasatiempo sin descuidar lecturas más “serias”, más “profundas”. Pues sí que honró ese pacto con creces: hoy es considerada como una de las grandes damas del cómic británico, de gusto acentuadamente literario. Las musas de sus novelas gráficas más logradas no engañan: Gemma Bovery resulta una versión muy libre y muy contemporánea de Madame Bovary, de Gustave Flaubert, de igual manera que Tamara Drewe tiene deliberadas reminiscencias a Lejos del mundanal ruido de Thomas Hardy, y Cassandra Darke recuerda ligeramente al clásico Cuento de Navidad de Charles Dickens.
