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Arboleda, caballerizas, aljibe y una bodega: cómo era la quinta en la que vivió Nicolás Avellaneda cuando fue presidente

La residencia desapareció hace más de un siglo, pero su historia permite reconstruir una etapa en la que el ferrocarril, las casas de descanso y el crecimiento urbano transformaban el paisaje bonaerense

Una imagen de época que muestra la antigua estación de Temperley, la vieja casona y la frondosa arboleda de la quinta

La residencia desapareció hace más de un siglo, pero su historia permite reconstruir una etapa en la que el ferrocarril, las casas de descanso y el crecimiento urbano transformaban el paisaje bonaerense

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Hay historias que el crecimiento de las ciudades termina ocultando. En el actual Barrio Inglés de Temperley, entre chalets, árboles centenarios y calles tranquilas, cuesta imaginar que allí vivió Nicolás Avellaneda mientras ejercía la presidencia de la nación, entre 1874 y 1880.

La casona desapareció hace más de un siglo y ninguna placa recuerda aquel episodio. El antiguo parque fue loteado, las cinco manzanas que ocupaba la propiedad quedaron absorbidas por el tejido urbano y el tiempo borró casi todas las huellas materiales de la residencia. Sin embargo, basta caminar por las calles Avellaneda, Nóbrega, Meeks o General Paz para advertir que, bajo ese paisaje cotidiano, todavía permanece una historia poco conocida: la de la quinta que el presidente compró a George Temperley y desde donde, durante parte de su mandato, emprendía el viaje hacia la Casa Rosada.

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Según reconstruyen Alfredo Grassi y Alberto De Paula en Lomas de Zamora 150 años, el predio original de George Temperley fue uno de los espacios residenciales más singulares del área. La quinta combinaba una casona de estilo inglés con parques y arboledas, en un paisaje donde la arquitectura y el ferrocarril comenzaban a convivir como símbolos de una nueva etapa para el sur bonaerense.

Un manual turístico publicado en 1869 la describía como “de puro estilo inglés, con hermosos parques, a través de los cuales pasa el ferrocarril”. Aquella imagen sintetizaba el carácter singular de una propiedad donde la arquitectura, el paisaje y el tren convivían en un mismo escenario, cuando esa parte del sur bonaerense todavía conservaba un marcado aire rural.

La dimensión de aquella quinta permite comprender por qué su venta tendría luego una importancia particular. De Paula y Grassi señalan que la propiedad de George Temperley fue “el epicentro del desarrollo urbano de la nueva ciudad”, ya que los procesos de loteo posteriores contribuyeron a definir parte del trazado urbano que todavía conserva la localidad.

Con el tiempo, aquella quinta no solo sería el núcleo alrededor del cual crecería la futura localidad. También se convertiría, durante algunos años, en la residencia de un presidente argentino.

Quinta de Nicolás Avellaneda antes del proceso de loteo que comenzó en 1920
Quinta de Nicolás Avellaneda antes del proceso de loteo que comenzó en 1920 Archivo Alfredo Grassi
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Amplios espacios verdes

Para comprender por qué ese lugar adquirió semejante importancia y qué representaba el sur bonaerense en aquellos años, Carlos Pesado Palmieri, historiador, investigador de la historia de Lomas de Zamora y miembro fundador del Instituto Histórico Municipal de Lomas de Zamora, reconstruye la evolución urbana y social de una región que comenzaba a cambiar al ritmo del ferrocarril.

—¿Cómo era Lomas de Zamora y, particularmente, la zona de Temperley, hacia la década de 1870? ¿Qué características tenía ese paisaje y qué lugar ocupaba dentro del crecimiento del sur bonaerense?

—Lomas de Zamora era un partido muy joven. Hacia 1870 habían transcurrido apenas unos años desde su creación, en 1861, como Partido Judicial de Campaña. En 1864, durante la gobernación de Mariano Saavedra —hijo de Cornelio Saavedra—, se aprobó el trazado del Pueblo de la Paz, origen del actual casco urbano. El paisaje seguía siendo predominantemente rural, aunque la llegada del Ferrocarril del Sud, en 1865, comenzaba a transformar profundamente la región. La estación de Temperley se convirtió entonces en un importante cruce ferroviario y favoreció el crecimiento de la localidad, cuya vinculación con Lomas de Zamora se consolidó a través de la avenida Meeks, impulsada por contar con una de las primeras calles adoquinadas de la zona. Ese proceso fue decisivo para el desarrollo de este sector del sur bonaerense.

— ¿Qué papel tuvo el Ferrocarril del Sud en el crecimiento de esta zona? ¿Qué características tenía este sector del sur bonaerense para atraer a familias de la élite política y económica?

—Yo creo que eso es lo que el ferrocarril hizo para fortalecer este lugar. Había pocos trenes circulando, pero los iban a la perfección; según contaba la gente, había vecinos que ponían su reloj en horario según el paso del tren. Esa eficiencia y puntualidad fueron fundamentales para consolidar la zona. En ese contexto de expansión ferroviaria y crecimiento urbano, las quintas comenzaban a multiplicarse en los alrededores de Buenos Aires como residencias permanentes o casas de descanso de familias acomodadas. La zona reunía condiciones difíciles de encontrar en la época: una rápida conexión con la ciudad, amplios espacios verdes y un entorno que todavía conservaba el carácter apacible de la campaña.

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Fue allí donde, en 1877, mientras ejercía la Presidencia de la Nación, Nicolás Avellaneda adquirió el sector central de la antigua quinta de George Temperley. El blog Nuestro Temperley sostiene que el mandatario compró el núcleo principal de la propiedad, donde residió durante un tiempo. La operación coincidió con los primeros años de expansión de la localidad, poco después de la inauguración de la estación ferroviaria, ocurrida en 1871.

Nicolás Avellaneda
Nicolás Avellaneda

Las investigaciones de Grassi y De Paula precisan que, tras las subdivisiones del predio original, la propiedad adquirida por Avellaneda correspondió al sector central de la antigua quinta. Ese núcleo conservó durante varios años una superficie aproximada de cuatro hectáreas sin subdividir, ubicado entre la vía férrea y el eje de la actual calle Meeks.

El volumen Lomas de Zamora 150 años señala que la quinta de George Temperley fue “el epicentro del desarrollo urbano de la nueva ciudad” y que, tras la venta de parte de sus tierras, pasó a convertirse en la quinta presidencial de Nicolás Avellaneda. Aquella decisión marcaría también el comienzo del proceso de loteos que terminaría definiendo buena parte del trazado urbano que aún conserva la localidad.

Más que una simple residencia, aquella quinta ocupó un lugar estratégico en el nacimiento del pueblo. Grassi y De Paula sostienen que funcionó como un verdadero “punto ordenador” del crecimiento urbano, articulando la estación ferroviaria, los primeros loteos residenciales y el futuro Barrio Inglés.

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En un trabajo publicado por la Revista del Instituto Histórico Municipal de Lomas de Zamora, Grassi amplía la mirada sobre la ubicación y señala que el predio estaba delimitado por las actuales calles Meeks, Liniers, Guido y General Paz. Grassi destaca, además, que algunos de los caminos internos del predio se transformaron con el tiempo en calles locales, como la actual Avellaneda, consolidada luego del traslado de la estación ferroviaria en 1884. De ese modo, la residencia presidencial terminó influyendo también en la configuración urbana temprana de Temperley.

Los documentos, pareciera, no explican por sí solos por qué Nicolás Avellaneda eligió esa quinta. Sobre ese punto, el historiador Pesado Palmieri aporta algunas claves.

Vista aérea de Temperley en 1923; tres años antes había comenzado el loteo de la gran quinta
Vista aérea de Temperley en 1923; tres años antes había comenzado el loteo de la gran quintaArchivo Alfredo Grassi

—¿Por qué cree que Nicolás Avellaneda eligió comprar precisamente esta quinta? ¿Pesaron la cercanía con Buenos Aires y el ferrocarril, o existieron también razones políticas, sociales o familiares?

—Yo pienso que influyó que la ciudad de Buenos Aires ya se encaminaba a la federalización de 1880. Entonces, Temperley era una localidad suburbana que resultaba una “linda tentación” para tener una salida con un ferrocarril que se inauguraba prácticamente en ese entonces; un lugar alejado a unos 20 o 22 kilómetros de la ciudad, pero conectado por una vía férrea que anunciaba un progreso inmediato y muy positivo. La residencia, como lugar de veraneo o de fin de semana, tuvo una gran significación para los tiempos de los que estamos hablando. Creció en la consideración social el hecho de que el presidente Avellaneda tuviera una propiedad allí; esto debe entenderse como un hito de progreso para el sur del conurbano. Fue algo que privilegió al barrio, de una manera que muchos años después podría compararse con lo que significó la llegada permanente de Borges a la zona.

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—Más allá de la figura de Avellaneda, ¿qué legado dejó esa quinta en la historia urbana y en la identidad de Temperley? ¿Qué huellas de aquella historia todavía pueden reconocerse en el barrio?

—El legado de la historia urbana y la identidad es muy interesante, porque el Ferrocarril del Sud fue un ferrocarril inglés y esta es una zona donde se radicaron muchas familias inglesas, tanto en Banfield como en Lomas y Temperley. Eso todavía puede reconocerse en algunos barrios de Banfield, Lomas y Temperley que conservan ese carácter, con fachadas centenarias; mi propia casa, por ejemplo, es de 1923 y mantiene ese estilo. Aunque después llegaron otras edificaciones, como los tradicionales chalecitos de Parque Miñaqui, en Banfield, todavía quedan huellas claras de aquella época, como el nombre de la calle Nóbrega, que rinde homenaje a la esposa de Avellaneda.

El paisaje inglés

El entorno elegido por Avellaneda no era casual. Desde mediados del siglo XIX comenzaba a delinearse en la zona un paisaje que con el tiempo sería identificado como Barrio Inglés: calles arboladas, quintas y, más adelante, chalets construidos por familias de origen inglés, escocés e irlandés vinculadas en buena medida a la expansión del ferrocarril.

“La poca población de Lomas de Zamora en 1869 y la fiebre amarilla de 1870 fueron factores que favorecieron la expansión hacia esta zona. Luego llegaron los ingleses vinculados con el ferrocarril a Lomas, Banfield y Temperley”, señala Pesado Palmieri.

En ese paisaje en transformación se encontraba la quinta adquirida por Avellaneda, que ocupaba aproximadamente cinco manzanas delimitadas por las actuales calles Meeks, General Paz, Guido y Liniers. Según Alfredo Grassi, allí se levantaba la residencia que formó parte de la vida cotidiana del presidente durante su mandato.

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La antigua casona, que fue demolida poco antes de 1920
La antigua casona, que fue demolida poco antes de 1920

El historiador Luis Letizia señala que aquel espacio contaba con una importante forestación integrada por palmeras washingtonianas, coníferas, cedros, plátanos, fresnos, acacias, jacarandás, araucarias y ligustros, especies que contribuían a darle una identidad particular al paisaje local.

La propiedad adquirida por Avellaneda conservaba todavía la impronta de George Temperley, quien había transformado aquel espacio en una quinta de características excepcionales para la época. Según la reconstrucción publicada por Temperley Web, el predio contaba con una casona de amplias dimensiones, parques, arboledas, caballerizas, cocheras, aljibe y una pequeña bodega.

La vivienda utilizada por Avellaneda se encontraba dentro del actual Barrio Inglés. Era, según el investigador Jorge Gualco en Temperley, su historia y su gente, una casona con amplios ambientes, pisos de madera y mobiliario de época, entre ellos muebles de caoba y piezas vinculadas con la vida cotidiana de una familia acomodada de fines del siglo XIX.

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La elección de este sector del sur no fue un hecho aislado. En los alrededores también residieron figuras políticas como Victorino de la Plaza, Bernardo de Irigoyen y Carlos Pellegrini, conformando un núcleo singular de dirigentes vinculados con esta región, según reconstruye Norberto Candaosa en Hechos, lugares y personajes en la historia de Lomas de Zamora.

Una imagen actual del tradicional Barrio Inglés de Temperley, la zona que supo ocupar la quinta
Una imagen actual del tradicional Barrio Inglés de Temperley, la zona que supo ocupar la quintaFabian Marelli

El final

La residencia permaneció en manos de la familia Avellaneda hasta comienzos del siglo XX. Candaosa cuenta que en 1920 fue subastada y loteada definitivamente, proceso que abrió nuevas calles y terminó incorporando el antiguo parque al tejido urbano de Temperley.

Diversas reconstrucciones históricas locales coinciden en que la casona había sido demolida poco antes y que el posterior loteo borró casi por completo sus rastros materiales. Uno de los pocos vestigios que habría sobrevivido es un antiguo aljibe, ubicado sobre la actual calle Nóbrega.

Hoy, una recorrida por las calles Avellaneda y Nóbrega permite advertir hasta qué punto el antiguo predio quedó absorbido por la ciudad. Ya no sobreviven rastros visibles de aquella residencia presidencial, pero entre las calles arboladas, los antiguos nombres y la cercanía del ferrocarril todavía persiste una huella del paisaje que acompañó la vida cotidiana de Nicolás Avellaneda durante parte de su presidencia.

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