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Hace un par de sábados, en el suplemento Ideas de LA NACION se publicó un extenso artículo firmado por Alberto Ades sobre un tema costumbrista: “El chiste. Un ritual que desaparece”. El texto repasa la evolución de un hábito entrañable, que supo tener arraigo en la vida cotidiana y que parece haber entrado en declive: la narrativa oral humorística, en las sobremesas familiares o las reuniones de amigos, y como “consumo cultural” por medio de programas de radio y de televisión, hoy cada vez menos frecuentes. Un género que ha dado grandes artesanos del relato y la improvisación, profesionales o aficionados, y que languidece, acorralado, como observa el autor, por la tecnología y la corrección política.

