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En su prosa de prensa, Claudio Magris -genial ensayista que revitalizó la Mitteleuropa literaria en la segunda mitad del siglo XX- sostuvo alguna vez que la sonrisa era algo que había que agradecer. Todos nos debemos la urbanidad de un trato cortés y respetuoso, pero nadie nos debe la calidez de una sonrisa. Ese gesto, nos recordaba Magris, es un don, y como tal debe ser retribuido; un don inmaterial al que cabe corresponder con agradecimiento.



