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El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, con el actual presidente Pedro Sánchez
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Pérez-Reverte: por qué no escribo de política

Para eludir la responsabilidad y el desprestigio de sus instituciones, “la sucia política” aturde con un populismo y una demagogia que insultan la inteligencia

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Érase una vez un desgraciado país, violentado por ocho siglos de guerra entre dos maneras de entender a Dios –a mi entender, venció la menos mala–. Una tierra ingrata regada con sudor y sangre, poblada por infelices sometidos a reyes, curas, espadones y sinvergüenzas. Una nación que hizo cosas portentosas para destruirlas después, costumbre secular aquí, donde la envidia siempre fue pecado nacional y donde el rencor, tóxico destilado de siglos, envenenó cualquier intento hecho por hombres y mujeres buenos que acabaron, como no podía ser de otro modo, en el cadalso, la cuneta, la tapia del cementerio o el exilio.