
Nació en un pueblo de 12.000 habitantes y siempre fue apasionada por los caballos; a los 12 años participaba de los pocos torneos femeninos que se disputaban
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A los 17 años, Lía Salvo salía cada día del colegio con la Guía del Estudiante bajo el brazo. En su casa, pasaba las páginas de ese libro inmenso, intentando encontrar alguna carrera que le llamara la atención, que la motivara, pero la búsqueda no le generaba más que desazón. Es que, si imaginaba su futuro, ella solo tenía una certeza: no había momentos de mayor felicidad que los que pasaba arriba de un caballo.

