Almuerzo frugal y gran interés por la obra de Louise Bourgeois

Vargas Llosa quedó impactado con Maman, la araña de nueve metros
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18 de abril de 2011  

"¿Adiviná a quién estoy viendo en La Boca?", preguntaban por sus celulares varios visitantes ocasionales que ayer se acercaron a la Fundación Proa.

Los domingueros que disfrutaban de la exposición El retorno de lo reprimido , de Louise Bourgeois, fueron sorprendidos por el arribo de la comitiva presidida por el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, que incluía al premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, su esposa, Patricia, y su hijo Alvaro.

Sin reparos, interrumpieron la visita guiada a la que asistían para acercarse al escritor peruano y tomarse una fotografía junto a él y a su familia. Vargas Llosa aceptó gustoso los pedidos del público y luego recorrió la exposición de la artista francesa.

Si bien la visita de Vargas Llosa a Buenos Aires fue rechazada por agrupaciones cercanas al Gobierno que suelen hacer protestas públicas a las personalidades que no comparten sus posiciones políticas, el Nobel se manejó ayer sin custodios ni operativo de seguridad alguno.

A fines de febrero, cuando trascendió la invitación de la Fundación El Libro a Vargas Llosa para dar la primera conferencia de la Feria del Libro, un grupo de intelectuales expresó su rechazo al escritor peruano por las críticas al Gobierno de los Kirchner, que éste hizo públicas. El episodio incluyó el traspié de funcionarios nacionales, como el director de la Biblioteca Nacional, que pidió a la Fundación El Libro que retirase la invitación al Nobel y luego, por indicación de la Presidenta, debió retirar él esa solicitud.

Ayer, en La Boca, se lo veía alerta, pero relajado, según una de las personas que visitaba la Fundación Proa cuando llegó el grupo de políticos junto con el autor de La fiesta del chivo .

Alerta, pero relajado

"Vinimos porque Vargas Llosa quería ver las obras de Bourgeois", contó a La Nacion el ministro de Desarrollo Económico porteño, Francisco Cabrera. De hecho, Vargas Llosa se introdujo en la exposición con mucho interés. "Comentó que, a medida que fue creciendo la artista fue aumentando su creatividad", dijo el ministro de Cultura, Hernán Lombardi, que integró la comitiva.

"El escritor observó con interés las fotos y las obras de la artista que supo combinar arte y psicoanálisis en sus originales esculturas, cuadros e instalaciones", dijo uno de los turistas, y agregó: "Vargas Llosa estuvo un par de minutos admirando la monumental Maman , la araña de nueve metros que está en la vereda de la Fundación Proa, en la Vuelta de Rocha".

Antes, en el almuerzo que le ofreció la Fundación Proa en su restaurante del segundo piso, Vargas Llosa y los demás comensales sólo comieron ensaladas varias y, si bien habían ordenado vino, no lo tomaron. El premio Nobel dijo que lo evitaría porque debía trabajar a la tarde en un artículo y el alcohol le daba somnolencia. Tampoco aceptó postres, como sí lo hicieron otros en la mesa. Sólo tomó café.

Invitado a concurrir a una obra de teatro, Vargas Llosa consultó, como hizo también con otros detalles de su visita a Buenos Aires, con su esposa. Quizá concurra a ver Un tranvía llamado Deseo , por su gusto por las obras de Tennessee Williams.

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