Amor y aventura a bordo de un globo
En Setembrada (Alfaguara), su última novela, Eduardo Belgrano Rawson recrea episodios inspirados en la Guerra del Paraguay, y muestra la tragedia y el humor que se mezclan en todo enfrentamiento armado
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"Lo malo de los libros es que vienen sin banda de sonido incorporada", dice Eduardo Belgrano Rawson mientras sube el volumen del equipo de música para escuchar con nitidez el fragmento de Espartaco de Khatchaturian que inspiró Setembrada (Alfaguara), su última novela. "Esa melodía me sugería un amanecer, nubes y un globo levantando vuelo. No tenía una historia sino sólo una vaga imagen. Pero también fue una imagen vaga, la de un barco que desaparece, lo que, en su momento, me llevó a escribir El náufrago de las estrellas ".
Ese globo que levantó vuelo en la imaginación del escritor puntano terminó aterrizando en lo que parece ser la Guerra del Paraguay, porque en Setembrada -al igual que en Fuegia , su novela más celebrada- Belgrano Rawson no da precisiones acerca de dónde y cuándo transcurre la historia, sino apenas los datos imprescindibles (muchas veces puramente ficticios) para que el lector ubique la acción en una época y un escenario determinados de la historia argentina.
"Mi país está muy presente en todo lo que escribo porque hasta el momento no he podido escribir sobre otra cosa que no sea la Argentina y, a lo sumo, América del Sur, que es el lugar que conozco y que amo -dice el escritor-. Fui a Europa por primera vez después de los 50 años. Mi lugar siempre fue la Argentina, Chile, Brasil, México. América es un continente que me fascina."
Setembrada es el nombre de un globo aerostático amarrado detrás de las trincheras de la Triple alianza, a la manera de una atalaya flotante. Desde allí, el Chino y Bebeto, dos de los protagonistas de la novela, vigilan el campo de batalla y, sobre todo, el sospechoso desplazamiento acuático de los camalotes, capaces de camuflar mortales ataques enemigos. "Aunque no tenía ese nombre, existió un globo similiar en la Guerra del Paraguay, vendido a la alianza por los norteamericanos, como el de la novela", dice Belgrano Rawson.
Al Chino y Bebeto se suman la mulata Silvaninha (hermana de Bebeto y novia del Chino), y Universo, el maestro desertor del ejército enemigo, que busca a sus alumnos dispersos por la guerra. A medida que progresan las aventuras de estos seres marginales, la epopeya bélica pasa a un segundo plano y cede protagonismo al humor y a la trama de afectos que une a los personajes. "Esas criaturas no saben por qué combaten ni cuál es la causa que defienden -dice el autor-. Setembrada va contra la versión oficial de la historia, que presenta las guerras como algo glorioso y noble y no como el infierno de bajeza y de dolor que en realidad son."
En Setembrada priman la acción y las imágenes. Quizá porque Belgrano Rawson formó su escritura en el ejercicio del periodismo y se apasiona por el cine más que por la literatura.
"Estudié realización cinematográfica, pero una de las cosas que me hizo abandonar la idea de trabajar en cine es la imposibilidad de controlar todas la variables que influyen en el resultado final. En un relato el escritor hace lo que quiere, el único límite que tiene es el que le impone su talento. De todos modos, el cine, para mí, es algo entrañable. De hecho, son más las películas que veo que los libros que leo. Soy uno de los escritores que leen poco, cosa que no me enorgullece, pero así es la vida.
"Sí me documento muchísimo para escribir mis ficciones. Para El náufrago de las estrellas , por ejemplo, aprendí a navegar. Incluso viví en un barco durante algún tiempo, cuando me casé. Claro, yo, como buen mediterráneo, añoraba el agua. En San Luis uno de mis vecinos era Osvaldo Soriano, vivía a la vuelta de casa. Su papá era inspector de Obras Sanitarias y recuerdo que la frase en aquella época era: ÔCierren el agua porque viene Soriano´. Por aquellos años San Luis era tan seca que estaba prohibido baldear la vereda. Hoy, el clima de la provincia ha cambiado totalmente, llueve como en Birmania, pero entonces, no sé por qué, pasábamos unas sequías espantosas. Tal vez esa sequía vital fue lo que me hizo buscar el agua de una manera frenética. Y apenas estuve en Buenos Aires me dije: ÔYo quiero flotar´. El barco fue una especie de empecinamiento. Hice el curso de piloto de altura, que me habilita para navegar por el mar con cualquier tipo de embarcación deportiva. Ese es el único título que tengo".
En Buenos Aires, Belgrano Rawson también se dedicó por completo al periodismo. "Estuve en La Opinion y en Primera Plana , pero siempre ocupé lugares muy modestos en esas redacciones. Me gustaba el papel de cronista andariego que tenía. Hacía informes especiales. Un artículo que me gustó mucho fue el que hice sobre los cien días de socialismo en Chile, que me permitió conocer a Allende y verlo en acción. Esa nota apareció en Primera Plana . En La Opinión había un equipo de primera línea: Juan Gelman, Paco Urondo, Miguel Bonasso, HoracioVerbitsky, Osvaldo Soriano, Roberto Cossa. Me fui de La Opinión antes de que se enrareciera el clima. Trabajé toda mi vida en periodismo, y eso me quitó el sesenta o el setenta por ciento del tiempo para escribir. Tan sólo desde hace dos o tres años puedo darme el gusto de vivir de la escritura. No soy de esos periodistas a los que les corre tinta por las venas; aunque me gusta el periodismo, prefiero ser un cronista viajero que estar en una redacción. De todas maneras, el periodismo me ayudó, desde el punto de vista expresivo, a ser un poco más simple y más claro, a ir a los bifes, como decía Rodolfo Walsh. Pero ahora no concibo tiempo mejor invertido que el que le dedico a contar una historia."
Poco después de dejar La Opinión , un episodio singular marcó el comienzo de la carrera literaria de Belgrano Rawson.
"Presenté No se turbe vuestro corazón al premio América latina que organizaba la editorial Sudamericana junto con La Opinión . El jurado estaba integrado por Cortázar, Rodolfo Walsh y Onetti. La novela resultó finalista y Cortázar tuvo la deferencia de recomendarla a los editores. Gracias a él se publicó ese libro. Siempre me pareció que esa novela había sido prematuramente publicada, no porque fuera mala, sino porque no era suficientemente buena. Pero cómo se le decía a un editor que una novela que había recomendado semejante escritor no estaba en condiciones de ser publicada. Siempre padecí la desazón de no haber conocido a Cortázar por timidez. Yo iba por la calle Lavalle con una amiga chilena y, de pronto, ella me dijo: Ahí viene Cortázar´. Yo dudé, y en ese momento de duda lo dejé pasar. A la semana se conoció el fallo del jurado, y entonces me pareció que había hecho bien en no haberme dado a conocer aquella vez en la calle, porque en ese momento mi novela estaba en concurso. Después Cortázar se fue del país, se murió, y nunca más tuve la oportunidad de conocerlo. Me devolvieron todos los originales que había presentado para el concurso, y el que estaba a nombre de Cortázar tenía todo tipo de anotaciones suyas: comentarios, subrayados de cosas que le parecían humorísticas al lado de las que había escrito Ôja, ja, ja´ y había puesto signos de admiración. También había uno o dos dibujitos. Todo hecho con increíble dedicación y generosidad. Yo atesoraba ese original. Pensaba que en caso de incendio era una de las pocas cosas con las que iba a salir a la calle. Pero lo perdí en una mudanza y ese es el mayor pesar que tengo con mis cosas. No solamente no haber conocido a Cortázar, que para mí es una figura entrañable, sino haber perdido ese pobre original mío, defectuoso como era, al que Cortázar había dedicado tanta atención. Desde ese día decidí que nunca más cuando yo quisiera hablar con una persona, decirle algo o simplemente conocerla, iba a dejar de hacerlo."
Sereno, de modos suaves y modestia poco frecuente, Belgrano Rawson cree que Setembrada resultó ser algo bastante cercano a lo que se había propuesto. "Quería una buena historia, entretenida; un libro por el que la gente no se arrepintiera de haber pagado dieciséis pesos. Tal vez Noticias secretas de América sea uno de mis mejores trabajos, pero yo no podía volver a escribir un libro de 500 gramos ( Noticias... pesaba eso, se lo llevé al fiambrero para que me lo pesara). Espero de corazón que a Alfaguara le vaya bien con este libro y que sea un buen negocio para ellos. Yo ya estoy hecho, a mí me han pagado, me han dado adelantos y, con toda sinceridad, han sido extremadamente generosos. Después, que el libro haya salido, y que la gente lo lea, todo eso es un regalo, ¿verdad?"
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